domingo 24 de diciembre de 2006

APARECIO LA REVISTA DE ESTUDIOS TRADICIONALES Nº 10

Semestre Julio - Diciembre 2006

SUMARIO
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¿EL CONOCIMIENTO DE LA VERDAD ES POSIBLE? P. Nutrizio

La concepción tradicional e iniciática sobre las posibilidades
cognoscitivas del ser humano.
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CONFUSIONES VOLUNTARIAS T. Masera

Intentos que se producen en ciertos ambientes religiosos para
generar confusión acerca del verdadero esoterismo.
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MÂYÂ R. Guénon

El concepto de «arte divino» desde el punto de vista de la
tradición hindú.
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NIRUKTA=HERMENEIA A. K. Coomaraswamy

La relación entre un ser y su denominación en el simbolismo
tradicional.
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EL-FAQRÛ R. Guénon

El significado simbólico de «pobreza» en el esoterismo
islámico y en las doctrinas tradicionales.
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NUEVAS TÉCNICAS DE ATAQUE A LA OBRA
DE RENÉ GUÉNON - Parte VI A. Balestrieri

Detrás de la fachada de una reseña hecha por un «especialista
en cuestiones esotéricas», se esconde una toma de posición en
contra de la idea misma del verdadero esoterismo y de quien
fue su preclaro expositor.
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LOS TEMPLARIOS B. Rovere

Naturaleza de las órdenes de caballería, origen y función de
la Orden del Temple en su carácter de organización iniciática y
«élite intelectual» de la época. Los Templarios, puente de unión
entre Oriente y Occidente, transmitieron antes de su desaparición
un legado doctrinal y simbólico a diversos grupos iniciáticos
tales como los «Fieles de Amor», los Rosacruces y los
constructores de catedrales, antecesores de la actual Masonería.
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ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE DOS LIBROS
DE DENYS ROMAN – Parte II F. Peregrino

Reflexiones sobre distintos símbolos masónicos, el nombre
iniciático,la paleta de albañil, el término Gabaón y la divisa
alquímica «solve et coagula».
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sábado 23 de diciembre de 2006

¿QUIENES SOMOS?


Algunos nos hemos preguntado algún día ¿por qué estamos aquí? ¿Quién soy yo? Cuando nuestra capacidad de análisis nos permite hacernos estas preguntas, buscar las respuestas y ante todo realizar un trabajo a conciencia, entonces tenemos la oportunidad de crecer como personas espirituales que somos.

Estos interrogantes, cuando no somos viajeros ansiosos, y vivimos únicamente con el pensamiento inmerso en el mundo material, quizá no lleguemos ni siquiera a planteárnoslos. Nacimos desnudos de sentimientos, de culpas, rencores, no nacemos con metas, somos un cuerpecito libre de toda clase de sentimientos. Al crecer, aprendemos a balbucear, a caminar y poco a poco, toda nuestra vida se convierte en experiencias nuevas, positivas o negativas, según nuestro patrón mental para el accionar.

Cuando avanzamos por la vida convertimos muchas experiencias en sucesos dolorosos que nos van marcando cada vez más y permitimos que todo nuestro ser se convierta en un ente lleno de amarguras, resentimientos y deseos de venganza, y acusando a los otros por lo que nosotros mismos hemos creado. Aquí, es cuando la violencia se vuelve el arma del ser humano. Y no hablo solamente de violencia física, aquí se involucra la violencia psicológica que es igual de grave. Todos estos pensamientos se convierten en un mar de resentimiento y nos hace olvidar que todos los seres humanos contenemos una chispa divina, un alma, para otros un espíritu y perdemos la capacidad de entender que en esencia todos somos una unidad. Todos somos Uno.

Somos en esencia uno con el universo entero.


Unidad. Todos en nuestra apariencia física tenemos: cabeza, tronco y extremidades. En su interior órganos de los sentidos, sistema nervioso, sistema muscular y sistema óseo. Todos somos iguales, la única diferencia física es la raza en cuanto a color de ojos, de piel, cabellos rizados, boca pequeña, etc. Todos nos reproducimos de igual forma, solamente hay escalas culturales y sociales que marcan las diferencias y debido a ellas creemos que somos diferentes los unos de los otros.


¿Qué desea el hombre? ¿Qué deseamos todos? La felicidad que puede estar representada en bienes, salud, y amor. Sin embargo y orgullosos por considerarnos seres distintos los unos de los otros, nos atrevemos a juzgarnos señalando las diferencias: no podemos comprar lo que otros compran, sobre todo si consideramos que no pertenecen a nuestro núcleo social, “yo no me pongo lo que otros se ponen, soy distinto/a” Los paradigmas con que hemos formado nuestra personalidad están siempre ahí: “Así lo hago yo” “no cambio porque ése soy yo” “esa es mi personalidad” y vivimos como pavos reales, nuestro orgullo (creemos) es sano, es limpio y esto levanta nuestra autoestima, no podemos ser iguales.... ¡Qué tan lejos estamos de la realidad! ¡Y hasta nos atrevemos a despreciar a otros por un sinnúmero de pensamientos sin razón!.

Con estas órdenes solamente construimos muros y limitamos nuestra libertad para crecer. Nuestro ego, no nos permite entender que somos parte de este universo, que nos necesitamos porque somos la correspondencia de todos. Necesitamos la luz del día y la noche para dormir, necesitamos alimentos, el agua, la naturaleza, todo el orden del universo es perfecto, no se cae una hoja de un árbol hasta que no haya cumplido su ciclo, a nosotros también nos sucede igual. Estamos más dispuestos a obrar según las exigencias del ego, como es dejarnos dominar por el egoísmo, la envidia, el odio generado por la competencias, las venganzas y todos aquellos sentimientos negativos, que no nos permiten avanzar como seres espirituales, no nos permiten conocernos a nosotros mismos, ni concentrarnos en el desarrollo de nuestra misión y aprendizaje. Para avanzar es urgente cambiar nuestra actitud, nuestro crecimiento debe realizarse de adentro hacia fuera, pero ésto, sólo se logra con el conocimiento de si mismos y para ello necesitamos tiempo y dedicación y sobre todo voluntad o apertura de conciencia.


La universalidad del amor. Todas las religiones o filosofías manejan el concepto del amor que es uno solo y del plan divino para cada uno de nosotros. La gran mayoría de las religiones inculcan el buscar a Dios fuera de nosotros y a manipular con el concepto del bien y del mal, fomentando y creando en la mayoría de los seres humanos el terrible miedo ocasionando mucho daño. Sin embargo, lo que menos tenemos en cuenta en nuestras vidas es, precisamente la claridad sobre cuál es nuestra misión y que obtienemos esta respuesta a partir del conocimiento de quien soy yo y qué es lo que hago aquí en este planeta llamado tierra; entonces nuestra misión es hacer precisamente lo que hacemos bien y con amor.

Sin embargo, nos quejamos de lo que nos toca hacer: de nuestro trabajo, de nuestras relaciones con los demás. En la sencillez de la vida está el descubrimiento y el amor a ella. Es interesante empezar por descubrirla y por fluir con ella. Iniciamos cada día siempre planificando y al finalizar a cuántos de nosotros al preguntarnos de forma minuciosa qué hicimos durante el día, optamos por recordar algunas veces con esfuerzo o simplemente contestamos “nada importante” o mostramos el cansancio porque hicimos mucho, simplemente. Creemos que debemos enfocarnos siempre en lo que hacemos porque ése debe ser el quehacer. Estamos perdiendo la oportunidad de apreciar la simplicidad y el aprecio por la vida. Nos cargamos de todo el stress posible porque es la única manera de saber que hicimos algo y con ello estamos enfermando nuestro cuerpo físico. ¿Disfrutamos la tibieza o el frío del agua en nuestro cuerpo al bañarnos?, ¿Nos detenemos algunos instantes a observar la naturaleza? ¿Cuántas veces disfrutamos del canto de un pájaro, si ni siquiera tenemos tiempo para escucharlo?, o ¿Miramos el amanecer o el atardecer, ¿Cuándo nos hemos detenido a observar la belleza de una rosa?, ¿Cuándo hemos abrazado a un ser querido y le hemos dicho cuánto lo queremos?, descubrimos este amor inmenso que le teníamos cuando aquella persona ya no está con nosotros, entonces sentimos que se apodera de nosotros el sentimiento de culpa haciéndonos sufrir. Expresar nuestros sentimientos no nos quita el valor de ser un ser humano. Cuánto valor tiene un abrazo cuando lo necesitamos y cuántas veces lo necesitamos y no lo recibimos. Algunos dirán que es cursilería y que no hay tiempo para eso porque estamos ocupados en trabajos más urgentes e importantes…

El trabajo para el hombre es dignificador, pero nos entregamos totalmente a él y nos olvidamos de nosotros mismos ¿Y qué decir cuando en nuestra vida gira en torno a algún vicio? ¿o cuando un “hobbie” nos roba la mayor parte de nuestro tiempo y perdemos el afecto de nuestros seres queridos? Algunas cosas de lo anterior, hacen parte de nuestras vidas, es cierto, pero debemos equilibrarnos y hacer un alto para buscar la respuesta a nuestras preguntas; tenemos que encontrarnos más con nosotros mismos, dejar el miedo a ello, el miedo al silencio y a la soledad para hablar con nosotros o para meditar, es necesario el reencuentro consigo mismo de vez en cuando, es la única forma que tenemos para evaluarnos y cambiar de actitud, para formarnos metas a determinado tiempo, así de esta forma le damos más sentido a nuestra vida. Podemos limpiarnos de posturas negativas, de viejos paradigmas que ya no nos sirven, podemos dejar los apegos materiales y racionalizar los apegos afectivos.

¿Alguna vez han observado la vida de la araña?: La araña teje una red de seda, compleja, delicada, bella y resistente a los rayos solares y a las gotas de agua, permanece en ella en espera de comida, sin embargo, cuando ya su meta ha finalizado, deja su hermosa red y construye otra, hasta que su ciclo finaliza y en muchas ocasiones las telas de araña perduran en el abandono. La araña no se lleva su red, ni la destruye, vivió de ella y en ella, pero no se dejó enmarañar, ni se apegó a ella. Al igual que la araña, los seres humanos creamos redes y complejas, a través de éstas vivimos experiencias y el éxito final debe ser la ascensión humana. Si aprendemos a despegarnos de nuestra red, llegaríamos a la hora de nuestra partida, libres de sentimientos mezquinos, desnudos nuevamente tal como nacimos, despegándonos de nuestra tela de araña, permitiendo que como seres de luz, volvamos a la luz evolucionados.

Ethel Saavedra García.

jueves 21 de diciembre de 2006

La Ley de las Octavas o del Septenario


Es propósito de este artículo sintetizar la Ley de las Octavas o del Septenario cuya influencia invisible a los ojos profanos tiene fundamental importancia su conocimiento para aquellos buscadores de la Verdad que desean su realización y colaborar como servidores en el curso del progreso civilizador de la especie humana como hemos reiterado en otras anteriores publicaciones. También mencionamos que las órdenes esotéricas iniciáticas tienden a ofrecer a sus genuinos candidatos la posibilidad de concretar la conquista de Libertad, Luz y Sabiduría.-

El hombre común oscila en sus creencias entre un “libre albedrío” y una predestinación” como cosa absolutas y contradictorias.-

Aunque confiamos en tener “libre albedrío” para elegir y decidir en todo y en cada momento de nuestras vidas acerca del derrotero de nuestros actos, los hechos mirados un poco más objetivamente nos muestran otra realidad. Generalmente nos damos cuenta y tomamos conciencia de la dependencia mecánica de nuestras acciones, sentimientos y pensamientos. Estos responden a estímulos externos generados en el medio ambiente y en nuestros prójimos y que incorporamos en nuestro interior, ellos son a su vez también el resultado de sus reacciones a causas ya en movimiento. Todos estamos en diversa medida sujetos a hábitos y rutinas que se desarrollan desde nuestro nacimiento en el núcleo familiar y en el transcurso de nuestra vidas influyendo en cada desarrollo y crecimiento de nuestro ser.-

A veces nos damos cuenta de nuestras limitaciones, de que la creencia de nuestra Libertad es ilusión, pero no las asociamos a la existencia de leyes de la Naturaleza, del Universo.-

No podemos gobernar a voluntad (aunque creamos que sí) nuestra mente ni mandar sobre nuestro sentimientos, suponemos que cuando se nos ocurra podremos poner orden y controlar las reacciones de nuestro carácter por un simple acto de voluntad (aunque a veces sucede ocasionalmente).-
Una de las Leyes de aplicación tanto cósmica como humana es la que nos ocupa hoy..: la Ley de las octavas o del septenario. Decían los iniciados de antaño: “siete etapas entre dos unidades absolutas”, siete planetas, siete días de la semana , siete colores en el espectro, siete oficiales en la Logia, siete notas musicales o “sonidos”, 3 septenarios en los Arcanos Mayores del Tarot, etc.-

En el Universo entre Absoluto y Absoluto hay siete rondas y en cada una de ellas siete sub-rondas.
“en el hombre entre dos extremos de no conciencia se extiende una gama de siete estadíos intermedios: Vigilia, Ensueño, Sueño profundo, Trance, Psiquismo, Psiquismo Superior y Conciencia Espiritual”.-

En la progresión de las “vibraciones pares” también se extienden una gama de siete clases de vibraciones: Infrasonoras, Supersónicas, Eléctricas, Calóricas, Luminosas y Ultravioletas, igualmente en la escala musical hay siete notas y en el espectro siete colores.-

En el Universo manifestado todo es vibración. Citando a Sivagama que dice: “El Universo nace de Tattva, se sostiene por Tattva. Es por las Tattvas que se conoce la naturaleza del Universo”. Tattva en sánscrito es vibración. Aún en el átomo la ciencia contemporánea encontró electrones y otras partículas en movimiento constante (vibraciones).-

Las vibraciones en el desarrollo de su progresión tanto ascendente como descendentes no proceden en forma pareja o continua, sino que por lo contrario el tránsito de toda vibración de unidad a unidad se efectúa por siete etapas desiguales-

Hábilmente los antiguos iniciados, conocedores de este hecho lo incorporaron creando la escala musical. Y así desde entonces la escala musical se ha convertido en un símbolo de las proporciones en que se produce toda creación o desarrollo descendente, o que se eleva a su origen todo proceso ascendente de evolución.-

La escala musical entre dos vibraciones sonoras, una de las cuales es el doble de la otra (entre un Do y otro Do) no siguen una progresión uniforme. La física de la música también destaca este hecho.. La segunda nota de una escala ascendente (do, re, mi, fa, sol, la, si, do) es 1/8 más rápida que la anterior, la tercera 1/9 más rápida que la segunda, la cuarta 1/15 más rápida que la tercera ( se llama semitono musicalmente), la quinta 1/8 más rápida que la anterior, la sexta 1/9 más rápida que la quinta, la séptima 1/8 que la sexta y la octava con una frecuencia 1/15 mayor de la séptima y coincidentemente dobla la frecuencia vibratoria de la primera nota. Se observa que el aumento del régimen vibratorio entre nota y nota es más o menos parejo entre las primera, segunda y tercera nota, igualmente sucede entre las cuarta, quinta, sexta y séptima. Pero entre las tercera y cuarta( entre el mi y el fa, semitono) y entre la séptima y octava (entre el si y el do, semitono) el intérvalo es de 1/15, es decir que entre estas se produce una retardación..-

Esto que el simbolista iniciado ( que construyo originalmente la escala) incorporó en la escala musical, es lo que sucede en todas las escalas de todos los órdenes, incluso en el mundo de lo psíquico.-

Mientras la conciencia pasa sin tropiezo de la vigilia al ensueño, y de éste al sueño profundo, el tránsito no se continúa naturalmente al estado de trance e igualmente, si se logra éste puede fácilmente pasar a los estados de psiquismo y psiquismo superior y luego vuelve a producirse una dificultad para pasar al de la “conciencia espiritual” o “ vigilia espiritual” octava perfecta de la vigilia física.-

Por esta razón de “retardación” es que se impide continuar la línea original en forma rectilínea después de las etapas tercera y séptima de todo desarrollo.-

Todo movimiento ascendente, toda empresa de cualquier tipo, se ve por la Ley de las Octavas, Ley de la Naturaleza, retardada de alcanzar el tercer grado de expresión y a partir de allí si no ocurre algún evento o suceso especial no sigue la línea inicial, sino que continúa en otra dirección, desviada con respecto a la original.-

Ouspensky ( en uno de sus libros) exponía:” esta Ley demuestra el cómo y el porqué en nuestra vida nunca ocurre nada en línea recta, porqué cuando comenzamos a hacer una cosa terminamos haciendo otra completamente distinta, aún cuando no nos demos cuenta de ello. Semejante curso de los hechos, semejante cambio de dirección lo podemos observar en todas las cosas. En la Literatura, la Ciencia, el Arte, en la Filosofía, la Religión, en la vida individual y en la vida social y política, podemos observar que el desarrollo de la fuerza se desvía de su dirección original y marcha después de un tiempo en una dirección distinta.”.-

La Ley de las Octavas no rige únicamente a los movimientos ascendentes sino también a los descendentes, sean evolutivos o creadores.-

Al considerar el “descenso de las vibraciones”, ya se trate de la materialización de una idea como una simple regresión moral, observamos que de acuerdo a la ecuación general de la Ley de las Octavas, el primer intervalo ocurre entre el comienzo de la octava y séptima nota y representa una aceleración, pues la diferencia vibratoria es solamente 1/15 menor, y lo mismo sucede entre las etapas cuarta y quinta.-

Tanto para las escala ascendentes como las descendentes los intervalos representan un obstáculo, que para las primeras es una retardación mientras que para la segundas es una aceleración.-

Si queremos crear una obra, una vez iniciada, los pasos siguientes son fáciles hasta tropezar con el intervalo siguiente entre las etapas tercera y cuarta, que en general corresponden al tránsito de la obra de la planificación a la etapa de materialización.-

Igual sucede con los movimientos regresivos, puesto que hay que vencer una resistencia inicial (moral o de cualquier otro orden) antes de poder dar el primer paso, pero luego los sucesivos hasta alcanzar el siguiente intervalo se dan con relativa facilidad, es decir que el obstáculo se plantea a nivel de pasar de la planificación a la ejecución.-

Si en el desenvolvimiento común de los septenarios no hubiese más que lo expuesto veríamos por ejemplo que ninguna ideación podría materializarse de acuerdo como fue concebida, dado que al llegar a su cuarta etapa encontraría un obstáculo (el intervalo) que la desviaría en una dirección distinta hasta alcanzar el siguiente intervalo y así sucesivamente mientras el impulso ( o voluntad) que le dio origen perdure.-

Pero la evidencia de los hechos demuestran que no todas las ideaciones se frustan, sino que muchos casos logran vencer los obstáculos siguiendo entonces la línea original.. Sucede que en el caso de las ideaciones el intervalo entre las elaboraciones subjetivas y la creación objetiva son salvadas por organizaciones profanas, que sin saberlo les dan cabida albergando las formas-pensamientos salidas de las cámaras operativas de la fraternidad, quienes aportan los materiales para su corporización efectiva.-

En todos los casos la inclusión de “algo” es lo que llena el intervalo salvándolo, que de otra manera impediría (como dijimos) continuar en la línea original.-

¿En qué consiste o qué es este elemento extraño?.-

Si es Verdad que todo en el Universo es Vibración , este elemento no puede ser otra cosa que vibración o “sonido”.-

Por que repetimos “todo es vibración o sonido y la música de las esferas, seres y átomos de toda magnitud y dimensión, no consisten en una simple octava que se extiende de Absoluto a Absoluto, sino que dentro de cada una de las notas de ella existe nuevas notas y escalas ascendentes, que vibran simultáneamente, entremezclándose en colosal polifonía y se sostienen mutuamente en el acorde, afectándose una a las otras o se anulan en la disonancia”.-

Así la octava primaria de la ideación de toda obra es soportada por la escala lateral correspondiente de los organismos profanos que la han de poner en práctica. Si no estaría destinada al fracaso. En un cierto momento de la ideación simultáneamente con cierta nota de la octava principal comienza a sonar el Do de una nueva escala: la que corresponde al organismo físico que la ha de materializar o concretar.-

Así es como ocurre “por casualidad” las creaciones del profano, pero así también es como los iniciados “conectan” conscientemente “sus formas- pensamientos con las organizaciones externas ( o individuos) que las han de llevar a la práctica.-

EL CABALLERO TEMPLARIO


La piedad de superstición de la época había inducido multitudes de peregrinos en los siglos XI y XII, a visitar Jerusalén con el propósito de ofrecer sus devociones al sepulcro del Señor y los otros santos lugares que se encuentran en esa ciudad.

Muchos de estos aventureros religiosos eran hombres débiles y ancianos, casi todos ellos sin armas, y la mayor parte de ellos estaban sujetos al insulto, pillaje, y con frecuencia a la muerte, infligida por las hordas de Árabes quienes, aún después de la captura de Jerusalén por los cristianos continuaron asolando las costas de Palestina y los caminos a la capital.

Con el fin de proteger a los piadosos peregrinos quienes de este modo se exponían al hurto y al ultraje corporal, nueve caballeros franceses, partidarios de Baldwyn, se unieron, en el año 1118, en una confraternidad militar o hermandad dedicada a las armas, e instituyeron un pacto solemne para ayudarse recíprocamente en despejar los caminos, y defender a los peregrinos en su paso a la ciudad santa. Dos de estos caballeros eran Hugo de Payens y Godofredo de San Aldemar. Raynouard (Los Templarios) dice que los nombres de los otros siete no han sido conservados en la historia, pero que Wilke (Geschichte des T. H. Ordens) los menciona, siendo Roral, Gundemar. Dodofredo Bisol, Payens de Montidier. Archibaldo de San Aman, Andrés de Montbar, y el Conde de Provenza.

Uniendo el carácter militar con el monástico, celebraron en presencia del patriarca de Jerusalén, los votos y juramento acostumbrado de la pobreza, castidad y obediencia, y con gran voluntad asumieron el título de "Humildad Soldados de Cristo". Baldwyn, rey de Jerusalén, asignó para su residencia una parte de su palacio que se encontraba cerca del sitio que ocupaba antes el Templo; y los Abates y Canónigos del Templo les otorgaron, como lugar en el cual podían almacenar sus armas y municiones, la calle que se encontraba entre el palacio y el Templo, de donde derivaron el nombre de Templarios, título que retuvieron desde entonces. Raynouard dice que Baldwyn envió a Hugo de Payens a Europa a solicitar una nueva cruzada, y que durante su permanencia ahí presentó a sus compañeros ante el Papa Honorio II, de quien suplicaban el permiso para formar una orden militar religiosa en imitación de la de los Hospitalarios. El pontífice los recomendó a los concilios eclesiásticos los cuales se encontraban en sesión en Troya, en Campagne. Payens se encaminó de aquí a ese lugar, habiendo manifestado los padres la vocación de él y sus compañeros como defensores de los peregrinos; la proposición fue aprobada, y le fue ordenado a San Bernardo el prescribe reglamentos para la Orden naciente.

Este reglamento, en el que los Caballeros de la Orden se llaman Pauperes commolitis Christi et Templi Salomonis, o "Los Humildes Soldados de Cristo y del Templo de Salomón", aún existe. Consta de setenta y dos capítulos, cuyos detalles son notables por su carácter ascético.. Unieron varios ejercicios devotos y severos, disciplina, ayuno y oración. Prescribía para los caballeros declarados vestiduras blancas como el símbolo de una vida de pureza; los escuderos y criados debían vestir de negro. Al traje blanco, el Papa Eugenio II posteriormente agregó una cruz que debía usarse sobre el pecho izquierdo como símbolo de martirio.

Hugo de Payens, proveído de esta manera con una ley que le proporcionaba la permanencia a su orden, y animado por la aprobación de la Iglesia, regresó a Jerusalén, y llevando consigo muchas reclutas de entre las familias más nobles de Europa. Los Templarios poco después se distinguieron de un modo prominente como guerreros de la cruz. San Bernardo, quien los visitaba en su retiro del Templo, habla en los términos más elocuentes de su abnegación, su frugalidad, su modestia, su piedad, y su bravura. "Sus armas", dice, "era su único aderezo, las que usaban con valor, sin temor al número o fuerza de los bárbaros. Toda su confianza estaba en el Señor de las Huestes, y al pelear por su causa obtendrían la segura victoria o una muerte honorable y cristiana". Su bandera era el gallardete, de los colores blanco y negro divididos, indicativos de la paz para sus amigos, y la destrucción para sus enemigos. En su recepción cada uno de los Templarios juraba no voltear su espalda ante tres enemigos, pero si se encontrase solo, combatirlos si eran impíos. Era su costumbre decir que el Templario debía morir o vencer, desde el momento en que no tenía que otorgar por su rescate, sino su cíngulo y su puñal.

La Orden del Templo, al principio excesivamente simple en su organización, en poco tiempo llegó a ser muy complicada. En el siglo duodécimo estaba dividida en tres clases, que eran Caballeros, Capellanes, y Hermanos del Servicio.

1. Los Caballeros; se requería que cualquiera que se presentase para ser admitido en la Orden, debía probar que había nacido de familia digna, y de himeneo legítimo; de que estaba libre de todas las obligaciones previas; de que si era casado, o de si tenía compromiso de matrimonio; de que no hubiera hecho ningunos votos de recepción en otra Orden; de que no estaba comprometido en deudas; y finalmente, de que estaba dotado de una constitución saludable y de un cuerpo sano.

2. Los Capellanes. La Orden del Templo, diferente de la de los Hospitalarios, consistía al principio únicamente de legos. Pero la bula del papa Alejandro III, expedida en 1172, confería permiso a los Templarios de aceptar en sus casas a personas espirituales que no estuviesen ligadas con juramentos previos, cuyo nombre técnico era el de capellanes. Eran requeridos para que sirviesen en el noviciado de un año. La recepción era, excepto en algunas ocasiones no aplicable a la clerecía, lo mismo que en la de los Caballeros, y eran requeridos de hacer únicamente los tres votos de la pobreza, castidad, y obediencia. Sus deberes: el desempeño de los cargos religiosos, y oficiar en todas las ceremonias de la Orden, tales como la admisión de miembros durante las instalaciones, etc. Sus privilegios eran de ninguna importancia, pues consistían principalmente en sentarse al lado del Maestro, y de servirles primero en la mesa.

3. Los Hermanos del Servicio. La única calificación que se requería del hermano del servicio, era que debía ser de nacimiento libre y no esclavo; pero con esto no debía suponerse que todas las personas de esta clase eran de condición servil. Muchos hombres, aunque no de noble linaje, pero de riqueza y posición elevada, se encontraban entre los hermanos del servicio. Éstos habían combatido en los campos de batalla bajo ñas órdenes de los caballeros, y del mismo modo desempeñaban en casa los oficios domésticos. Al principio no había sido una clase de ellos, pero después fueron divididos en dos los Hermanos de Armas, y los Hermanos de Oficio, los primeros eran los soldados de la Orden. Los segundos, que eran los más estimados, permanecían en las preceptorías, y desempeñaban varios de sus oficios, tales como los de herradores, armeros, etc. La recepción de los hermanos del servicio no difería, excepto algunos datos necesarios, de la de los caballeros. Éstos, por lo tanto, debido al accidente de su nacimiento les era prevenido anticipadamente la promoción de los de su clase.

Además de estas tres clases había la cuarta, - por supuesto, no vivían en el seno de la Orden-, quienes se llamaban Afiliados o Affiliati. Éstas eran personas de varios rangos y de ambos sexos, quienes eran reconocidos por la Orden, aunque no francamente relacionados con ella, como correspondía a su protección, y admitidos a la participación en algunos de sus privilegios, tales como la protección de los interdictos de la Iglesia, los que no se aplicaban a los miembros de la Orden.

El Gran Maestro residía originalmente en Jerusalén; y después cuando esa ciudad fue abandonada, en Acre, y finalmente en Chipre. Su deber siempre requería el que se encontrase en la Tierra Santa; y en consecuencia nunca residía en Europa. Fue elegido por vida dentro de los caballeros en la siguiente forma. En la muerte del Gran Maestro, era elegido el Gran prior para administrar los asuntos de la Orden hasta que podía ser elegido el sucesor. Cuando llegaba el día que había sido nombrado para la elección, el Capítulo por lo general se reunía en el centro principal de la Orden; y se proponía entonces a uno de los caballeros más estimados, en número de tres o más; el Gran Prior recogía los votos, y aquel que había recibido el mayor número era denominado para ser el Prior elector. En seguida un ayudante se le asociaba, en la persona de otro caballero. Estos dos permanecían toda la noche en la capilla empeñados en orar. En la mañana, elegían a otros dos, y estos cuatro, a dos más, y así sucesivamente hasta que el número de doce (el de los apóstoles) había sido seleccionado. En seguida los doce seleccionaban al capellán. Entonces los trece procedían a votar por el Gran Maestro, el que era elegido por mayoría de votos. Cuando la elección estaba completa, era anunciada a los hermanos en la asamblea; y cuando todos habían prometido la obediencia, el Prior, si la persona se encontraba presente, le decía: "En el nombre del padre Dios, el Hijo, y el Espíritu Santo, hemos elegido, y te elegimos Hermano N. para que seas nuestro Maestro". Entonces, volviendo así a los hermanos, decía: "Queridos Señores y Hermanos, dad gracias a Dios; ved aquí a nuestro Maestro". Los Capellanes entonces cantaban el Te Deum; y los hermanos, llevando a su nuevo Maestro en sus brazos lo conducían a la capilla y lo situaba ante el altar, en donde continuaba arrodillado, mientras que los hermanos oraban, y los Capellanes repetían el Kyrie Eleison, y el Pater Noster, y otro ejercicio piadoso. En el siguiente grado al de Gran Maestro era el Senescal, que era su representante y teniente. Después venía el Mariscal, que era el general de la Orden. En seguida el Tesorero cargo que siempre estaba unido con el de Gran Preceptor de Jerusalén. Era el Almirante de la Orden. El Guarda Ropa era el oficial que seguía en rango, que tenía a su cargo las vestiduras y arreglos de la Orden. Era una especie de Comisario General. El Turcopolio era el comandante de la caballería ligera. Había también una clase de oficiales llamados Visitadores, cuyo deber, como su nombre indica, era el de visitar a las diferentes Provincias, y corregir abusos. Había también algunos oficiales subordinados destinados a los Hermanos del Servicio, tales como Sub-Mariscal, Porta-Estandarte Adbéitar, etc.

Organizada la Orden de esta manera, naturalmente aumentó su prosperidad y crecían sus posesiones en el Este y en Europa y tuvo que dividirse en provincias, gobernada cada una de ellas por un Gran Preceptor o Gran Prior; pues los títulos se usaban indistintamente. Sin embargo, el de Preceptor era peculiar a los Templarios,, mientras que el de Prior era común tanto entre ellos como los Caballeros Hospitalarios de San Juan. Estas provincias eran en número de quince, y son las siguientes: Jerusalén, Trípolis, Antioquía, Chipre, Portugal, Castilla y León Aragón, Francia y Auvernia, Normandía, Aquitaine, Provenza, Inglaterra, incluyendo Escocia e Irlanda; Alemania, Italia Central y Septentrional, Apulia, y Sicilia. De donde puede verse que no había lugar de Europa, excepto los empobrecidos reinos de Dinamarca, Suecia y Noruega, donde los Templarios no habían extendido sus posesiones y su influencia.

El acto de la recepción de un Caballero en la Orden era una ceremonia muy solemne. Era secreta, y no se permitía estar presente sino únicamente a los miembros de la Orden. En efecto difería de la de los Caballeros de malta, cuya forma de recepción era libre y pública; y a esta diferencia entre la recepción pública y la iniciación secreta, es a lo que quizá puede atribuirse una parte del espíritu de persecución de la iglesia ha demostrado a la Orden en sus últimos tiempos.

El hecho de que los Templarios tenían una iniciación secreta se concede generalmente en la actualidad, aunque algunos escritores lo han negado. Pero debido a las circunstancias en su favor que son demasiado grandes para superar en cualquier sentido, excepto n la forma positiva de lo contrario, la que nunca ha sido aducida. Es bien conocido que durante estas recepciones eran admitidos únicamente los miembros de la Orden; cuya prohibición no hubiera sido necesaria si las ceremonias no fueran secretas. En las juntas del Capítulo General de la Orden, era rehusado aun el mismo Legado del Papa.

No sería honroso ni razonable citar las ciento veinte acusaciones promovidas contra los Templarios por Clemente, porque eran indudablemente falsedades malévolas inventadas por un Pontífice inmoral y sin principios medianeros de la concupiscencia de un monarca miserable; pues algunas de ellas son de tal naturaleza al grado de indicar que la creencia general de los hombres de la época.

Así, encontramos en el artículo 32 que dice: "Quo receptiones istius clandestine faciebant"; i. e. que estaban acostumbrados a hacer su recepción en secreto. El 100 contiene estas palabras: "Quod sic se includunt ad tenenda capitula tu omnes januas domus et ecclesiae in quibus tenent capitula ferment adeo firmiter quod nullus sit nec esse possit accessus ad eso nec juxta; up possit quicunde videre vel audire de factis vel dictis eorum"; i. e. Que simbre que verificaban sus Capítulos, cerraban todas las puertas de la casa o iglesia en que estaban reunidos tan estrechamente, que nadie podía aproximarse bastante cerca para ver u oír lo que hacían y decían. Y el siguiente artículo es más singular, pues refiere que, con el fin de cuidarse de los escuchas, acostumbraban a situar un vigilante, como diríamos ahora un guardatemplo sobre el techo de la iglesia, "excubicum super tectum", quien podía dar el aviso necesario.

El atavío de los Templarios les fue prescrito por San Bernardo, en el reglamento que compuso para el gobierno de la Orden, y se describe en el capítulo XX, en esta forma: "A todos los Caballeros declarados, ya sea en invierno o en verano proporcionamos, si se pueden obtener, vestiduras blancas, para que aquellos que han dejado tras de sí las huellas de una vida de ignorancia, puedan conocer que deben procurar encomendarse a su Creador y pedirle una vida pura y sin mancha". El manto blanco era por lo tanto el hábito peculiar de los Templarios, como el negro era de los Hospitalarios.

Subsiguientemente, pues al principio no usaban la cruz, el Papa Eugenio III, les otorgó la cruz roja pattée como el símbolo del martirio, el que debían usar sobre el pecho izquierdo exactamente sobre el corazón. La iniciación general de San Bernardo referente a las vestiduras se desarrolló después, así, es que el vestido del Templario consistía en una larga túnica blanca, muy semejante en la forma a la del sacerdote, con la cruz roja en el frente y espalda; debajo de ésta llevaba camisa de lino abrochada con un cinto. Encima de ésta usaban el manto blanco con la cruz roja pattée. La cabeza era cubierta con un casco o capirote adherido al manto. Las armas eran la espada, lanza, maza y escudo. También al principio la Orden adoptó como sello de armas la representación de dos caballeros montando un caballo, como la señal de su pobreza, posteriormente cada caballero era provisto de tres caballos, a la vez que un escudero seleccionado generalmente de la clase de los Hermanos del Servicio. Para escribir la historia completa de la Orden Templaria referente a los dos siglos de su existencia, sería, dice Addision, tanto como escribir la historia Latina de palestina, y ocuparía un volumen: Sus detalles contendrían relatos de batallas gloriosas con los impíos en defensa de la tierra Santa, y de peregrinaciones cristianas, algunas veces afortunadas y con frecuencia desastrosas de arenas áridas humedecidas con la sangre de guerreros cristianos y sarracenos; de deshonrosas contiendas con su rival de San Juan; de partidas forzadas y definitivas de los lugares que sus proezas habían conquistado, pero que su fuerza no había sido suficiente para conservarlos, y algunos años de lujuria y puede ser que de indolencia desordenada, terminados por el cruel martirio y disolución.

La caída de Acre en 1292, bajo el vigoroso asalto del Sultán Mansour, condujo desde luego a la evacuación de palestina por los cristianos. Los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, llamados después Caballeros de Rhodas, y entonces de Malta, huyeron a Rhodas, donde los primeros, asumiendo el carácter naval, reanudaron el estado de guerra en sus embarcaciones de remos contra los Mahometanos. Los Templarios, después de una breve quietud en la isla de Chipre se retiraron a sus diferentes Preceptorías que tenían en Europa.

Porter (Historia de los Caballeros de Malta, i. p. 174) no tiene panegírico para estos cobardes caballeros. Después de elogiar a los Hospitalarios por su perseverante energía con la cual, desde su isla natal de Rhodas, continuaban la guerra con los impíos, dice: "El Templario, por lo contrario, después de su permanencia breve en Chipre, en lugar de proporcionar la ayuda más insignificante a sus hermanos caballerescos y dignos en su nueva lucha, huyeron con precipitación increíble hacia sus numerosas y ricas Preceptorías Europeas, en donde la tosquedad de su libertinaje, la pompa de su lujo y lascivia, y la arrogancia de su orgullo, pronto se convirtió en el objeto del odio más invencible entre aquellos que poseían amplios poderes para realizar su destrucción. Durante estos últimos años de su existencia puede mencionarse muy poco en defensa de la Orden; pues sin embargo de su inhumana crueldad con la cual se realizó su extinción ha aparecido un sentimiento de compasión en su favor, el que con mandato sincero trata de borrar la memoria de sus crímenes, pues aún no puede negarse que durante los últimos años se habían desviado de los propósitos originales de su institución de tal manera que se hicieron indignos depositarios de ese tesoro que les había sido legado para los fines tan inmensamente diferentes a los que se habían propuesto".

El acto de crueldad y de injusticia por el cual fue disuelta la Orden Templaria en el siglo XIV ha legado la memoria ignominiosa o el recuerdo de los nombres de los infames reyes, y el no menos Papa infame que los realizó.. En el principio del siglo XIV se encontraba en el trono de Francia Felipe el Hermoso, príncipe ambicioso, vengativo y avaro.

Durante su famosa controversia con el Papa Bonifacio, los Templarios como era su costumbre, se habían adherido al pontífice y se opusieron al rey; este acto exhaltó su odio; y como la Orden era enormemente rica, esto provocó su avaricia, y sus poderes intervinieron con sus designios de engrandecimiento político; y todo esto alarmó su ambición. Por consiguiente, concertó de un modo secreto con el Papa Clemente V el plan para su destrucción, así como para la apropiación de sus ingresos. Clemente, por su dirección y consejo, escribió en junio de 1306, a De Molay, el Gran Maestro que se encontraba en Chipre, invitándole a que viniese a consultar con él sobre algunos asuntos de gran importancia para la Orden. De Molay obedeció al llamado, y en los comienzos de 1307 llegaba a París con sesenta caballeros y grande cantidad de tesoro.

Fue inmediatamente encarcelado, y, el 13 de octubre siguiente todos los Caballeros de Francia, en consecuencia de las órdenes secretas del rey fueron arrestados bajo la simulada acusación de idolatría, y otros crímenes enormes, de los cuales Squin de Flexian, Prior expulsado y apóstata de la Orden, se menciona haber confesado que los caballeros cometían actos delictuosos en sus Cabildos secretos. Lo que significaban estas acusaciones no ha sido dejado a la suposición. Pues el Papa Clemente V envió la lista de las causas de acusación, alcanzando el número de 120, a todos los arzobispos, obispos y comisionados papales por los cuales debía de examinar a los caballeros que debían ser llevados para su aclaración. Esta lista aún existe, y en ella encontramos tales acusaciones, como éstas: 1. Que se requería a todos aquellos que debían inciarse en la Orden, jurar retractándose de Cristo, la Virgen María, y todos los santos. Que negaban que Cristo había sufrido por la redención del hombre. Que habían convertido a la cruz o crucifijo en un vaso para escupir. Que adoraban a un gato en sus asambleas. Que practicaban artes mágicas o encantamientos.

De tales cargos como éstos, contrarios a la naturaleza y a la razón eran acusados los caballeros, y por supuesto, condenados como conclusión hecha de antemano. El 12 de mayo de 1310, cincuenta y cuatro de los caballeros fueron quemados públicamente y el 18 de marzo de 1313, De Molay y el Gran Maestro y los tres principales dignatarios de la Orden, sufrieron la misma suerte. Murieron fielmente sosteniendo su inocencia de todos los crímenes que les imputaban. La Orden fue suprimida desde luego, por la energía del rey de Francia, apoyada por la autoridad espiritual del Papa, orden que se verificó en toda Europa.

Muchísimas de sus vastas posesiones que no habían sido apropiadas por los diferentes soberanos para su propio uso, o el de sus favoritos, fueron otorgadas a la Orden de los Caballeros de Malta, cuya aceptación del donativo no tendió a disminuir la mala disposición que había existido siempre entre los miembros de las dos Órdenes.

En cuanto a la historia de la continuación de la Orden, después de la muerte de Santiago de De Molay, por Johannes Larmenius, bajo la autoridad del título de transmisión que le fue conferido por De Molay pocos días antes de su muerte, ese asunto se trata más extensamente y en forma debida en la Historia de la Orden del Templo, la que reclama, por virtud de ese título ser la sucesora legítima de la antigua Orden.

Desde el establecimiento de la Orden por Hugo de Payens, hasta su disolución durante el Magisterio de De Molay, veintiún Grandes Maestros presidieron la Orden.

Autor/origen:

Gallatin Mackey

¿Existe la verdad?

POR: VÍCTOR MANUEL GUZMÁN VILLENA

Frecuentemente se confunde la verdad con certeza. Este último término sirve para designar el estado del espíritu que se cree en posesión de la verdad; no hay que hablar de la certeza de una proposición y si a la verdad o a la evidencia debe referirse: la certeza es un estado mental, por tanto podemos decir que es la convicción que tiene el espíritu de que los objetos son tal y como el ser humano los concibe. La simple certeza es una creencia, la verdad es un conocimiento, y antes de conocer una sola verdad la humanidad poseía muchas certezas.

La concepción de la verdad ha variado considerablemente en el curso de las edades. Para unos fue una identidad, para otros una utilidad, y una comodidad para otros. A los escépticos les parece simplemente un error irrefutable en un momento dado. Los diccionarios descubren claramente esas divergencias. Sus definiciones se limitan generalmente a considerar a la verdad como cualidad por la cual las cosas aparecen tales como ellas son, también representa la conformidad del pensamiento con la realidad, la Real Academia da una definición que compromete a poco: “La verdad -dice- es la realidad de lo que es verdadero”. Si nos referimos luego a la palabra verdadero, vemos que lo verdadero representa “Lo que es conforme a la verdad”. Tales explicaciones están visiblemente desprovistas de sentido real.

Ganarían los diccionarios en exactitud y claridad si llamaran simplemente verdad a la idea que nosotros nos formamos de las cosas.

Las definiciones científicas son más modestas, pero también más precisas. El sabio, dejando aparte las realidades inaccesibles, considera toda verdad como una relación, generalmente mensurable, entre dos fenómenos, cuya esencia permanece ignorada. Han sido precisos no pocos siglos de reflexiones y de esfuerzos para llegar a esta fórmula.

Ésta es de aplicación a los conocimientos científicos, no a las creencias religiosas, políticas o morales. Estas por su origen afectivo, místico o colectivo, tienen como única base la adhesión que les prestan aquellos que las aceptan.

Se las admite, ya por supuesta evidencia, ya porque las concepciones contrarias parecen inaceptables, o sobre todo, porque han obtenido el asentimiento universal, ese asentimiento que se considera como el solo criterio de las verdades que no son de naturaleza científica.

Los pragmáticos imaginan, sin embargo, haber descubierto en la utilidad un nuevo criterio de la verdad; y no es otra cosa que los que nosotros encontramos ventajoso en el orden de nuestro pensamiento, de igual manera que el bien es sencillamente lo que reputamos conveniente en el orden de nuestras acciones. Tal definición me parece apenas admisible. La utilidad y la verdad son nociones claramente distintas. Se puede aceptar lo que es útil, pero sin confundirlo por eso con la verdad.

En su evolución la verdad fue en otro tiempo inseparable de la fijeza. Las verdades constituían entidades inmutables independientes de los tiempos y de los hombres. Esa creencia de la inmutabilidad de las cosas y de las certezas que de esa inmutabilidad reinaron hasta el día en que los progresos de la ciencia las condenaron a desaparecer. La astronomía mostró que las estrellas, consideradas antes como inmóviles en el firmamento, corrían por espacio a una velocidad vertiginosa. La biología probó que las especies vivas, antes consideradas como invariables se transforman lentamente. El mismo átomo perdió su eternidad y vino a ser un agregado de fuerzas transitoriamente condensadas.

Antes tales resultados, el concepto de verdad se halla cada vez más vacilante, hasta el punto de parecer a muchos pensadores un concepto desprovisto de sentido real. Certezas religiosas, filosóficas, morales y científicas han ido desplomándose sucesivamente, no dejando en su lugar más que una sucesión continúa de cosas efímeras.

Tal concepción parece eliminar enteramente la noción de las verdades fijas. Yo, juzgo, sin embargo, posible conciliar la idea de su carácter transitorio. Algunos ejemplos muy sencillos bastarán para justificar esta proposición.

Es sabido que la fotografía reproduce el desplazamiento rápido de un cuerpo, ejemplo el de un caballo a galope, por medio de imágenes, cuya duración de la impresión es del orden de la centésima de segundo. La imagen así obtenida representa una fase de movimientos de una verdad absoluta, pero efímera. Absoluta durante un corto instante, pasa a ser falsa después. Es preciso reemplazarla, como hace el cine o el video, por otra imagen de valor tan absoluto como efímero. Esta comparación, modificando simplemente la escala de los tiempos, es aplicable a las diversas verdades. Estas, aunque cambiantes, tienen la misma relación con la realidad que las fotografías instantáneas de que acabamos de hablar, o también que la reflexión de las ondas de un espejo. La imagen es movible y sin embargo, siempre verdadera.

En las transformaciones rápidas, lo absoluto de la verdad puede no tener más que una duración de centésima de segundo. Para ciertas verdades morales, la unidad de ese tiempo será la vía de algunas generaciones. Para las verdades que se refieren a la invariabilidad de las especies, la unidad se encontrará representada por millones de años. Así la duración de las verdades varía desde algunas centésimas de segundo a varios millones de siglos. Esto comprueba que una verdad puede ser a un tiempo absoluta y transitoria.

Las precedentes comparaciones exactas desde el punto de vista de las verdades objetivas independientes de nosotros, lo son muchos menos para las certezas subjetivas: concepciones religiosas, políticas y morales, especialmente. Como no contiene más que débiles porciones de realidad, están condicionadas únicamente por la idea que nosotros nos formamos de las cosas, según el tiempo, la raza, el grado de conocimiento y cultura, etc. Es, pues, natural que, variando ellas, la verdad corresponde a los pensamientos y a las necesidades de una época no baste a llenar las de otra época.

La noción de verdad, a la vez estable y efímera, reemplazará seguramente en la filosofía del porvenir a las verdades inmutables de otro tiempo o a las sumarias negaciones del momento actual. De hecho es raro que el ser humano elija libremente sus certezas. Se las impone el ambiente y él sigue las variaciones de éste. Las opiniones y las creencias se modifican por esta razón con cada grupo social.

Los medios que influencian nuestras concepciones pueden varias lentamente, pero acaban siempre por cambiar. La marcha del mundo se puede comparar al curso del un río, éste arrastra moléculas siempre poco más o menos que semejantes, mientras que en la mayor parte de los fenómenos del universo, los de la vida social especialmente, el tiempo arrastra elementos constantemente modificados.

Se modifican porque un ser cualquiera, planta, animal, ser humano o sociedad están sometidos a dos fuerzas que obran sin cesar, y que lo transforman gradualmente: los medios pasados de los que la herencia conserva su sello y los medios presentes. Esta doble influencia condiciona toda la vida mental, y por consiguiente las verdades morales y sociales, que son su expresión. Si el tiempo, por ejemplo, precipitara su curso como en las imágenes, la existencia sería de tal modo abreviado que nuestras ideas morales se verían desconcertadas. No durando casi la vida del individuo, éste se interesaría sólo por los de su especie. Un intenso altruismo dominaría todas las relaciones. Si, por el contrario, el tiempo marchara lento y la existencia durara varios siglos, la característica de los humanos sería un feroz egoísmo.

Diremos para concluir que, como todos los fenómenos de la naturaleza, las verdades humanas evolucionan: nacen, crecen y declinan. Por tanto el espíritu humano pasa fácilmente sin verdades, pero no puede vivir sin certezas.

NOTICIAS DE LA ORDEN ROSA CRUZ KABALISTA

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EL VALOR DE PERDONAR


VÍCTOR MANUEL GUZMÁN VILLENA

Todo el conocimiento del mundo vale poco si nuestro rencor sigue creciendo cada vez más que el comportamiento de un desconocido nos recuerda nuestras relaciones no sanadas. ¿De qué nos sirve conocernos a nosotros mismos si lo usamos para avivar el odio que tenemos y el sentimiento de culpabilidad, que nos dicen que, a pesar de todos nuestros esfuerzos, jamás seremos capaces de ser, de hacer, ni de servir lo suficiente para ser dignos de nuestro amor propio?

El perdón supone aceptar de verdad nuestro propio merecimiento como seres humanos, entender que los errores son oportunidades para crecer, tomar conciencia y desarrollar la compasión, y comprender que la magnitud del amor por nosotros mismos y por los demás es el pegamento que mantiene unido al universo.

El perdón es una respuesta, la respuesta implícita de nuestra existencia. El perdón es el medio para reparar lo que está roto. Coge el corazón roto y lo repara. Coge el corazón atrapado y lo libera. Coge el corazón manchado por la vergüenza y la culpa y lo devuelve a su estado inmaculado. El perdón restablece en el corazón la inocencia que conocimos en otro tiempo, una inocencia que nos permite la libertad de amar.

Cuando perdonamos y somos perdonados, siempre se transforma nuestra vida. Las dulces promesas del perdón se cumplen y se nos ofrece un nuevo comienzo con nosotros mismos y con el mundo. El concepto del perdón puede provocar dos cosas: o bien imposibilitarnos, limitando nuestra capacidad para la claridad y la alegría, o bien animarnos, ofreciéndonos una manera de dejar el pasado y ser libres para vivir con mayor paz y felicidad.

Perdonar no es justificar comportamientos negativos o improcedentes, sean propios o ajenos. El maltrato, la violencia, la agresión, la traición y la deshonestidad son solo algunos de los comportamientos que pueden ser totalmente inaceptables. ¿Se puede perdonar a un trabajador incompetente y despedirlo por no hacer bien su trabajo? No es preciso ir y decirle: Te perdono, aunque a veces esto puede ser una parte importante de perdonar. El perdón solo requiere un cambio de percepción, otra manera de considerar a las personas y circunstancias que creemos que nos han causado dolor y problemas.

Como todos sabemos, la rabia y el rencor son emociones muy fuertes que desgastan nuestra energía de muchas maneras. Cuando nos quitamos las capas, probablemente se descubrirá que esa rabia en realidad es un sentimiento superficial. No en el sentido que sea trivial o falso, sino en el de que hay muchos sentimientos y dinámicas por debajo de él. Cuando nos perdemos en la rabia nos volvemos sordos a nuestros sentimientos más profundos. Hemos aprendido a escuchar solo aquellos que saben gritar más fuerte.

Muchos creen que permanecer enfadados, aferrarse al rencor es sinónimo de poder, energía y dominio. Pero en realidad lo único que descubren son sentimientos de impotencia, desilusión, inseguridad, aflicción o miedo y los usan con frecuencia en sustitución de los sentimientos de verdadero poder personal.

A veces es mucho más cómodo sentir rabia que sentir el temor y la tristeza. De hecho, una razón por la que suele ser difícil perdonar es que para hacerlo se debe sacar a la luz y aceptar la verdad de lo que realmente sentimos. Esto puede ser una revelación dolorosa si hemos aprendido a convivir con la negación y la represión. Sin embargo, se debe tratar de recodar que al otro lado del dolor está el alivio y una mayor paz mental. Cuando se lleva gran parte de la vida sintiéndose víctima, puede que halle una enorme resistencia a perdonar, porque al hacerlo renuncia a una buena parte de su identidad. Perdonar no significa negar que se haya sido una víctima, quiere decir que el hecho de haberlo sido ya no domina necesariamente la identidad y la vida emocional actual.

A medida que se vaya trabajando con el perdón, es importante tomar en cuenta los pensamientos que afloran y las reacciones. Si aparece el temor, la autocrítica, las dudas hay que ser amable consigo mismo. Estos sentimientos son como una parte natural del proceso de cambio. En realidad, ser amable consigo mismo es, de por sí, un gran acto de perdón para con uno mismo. Al margen de los pensamientos o sentimientos que surjan, afirma el compromiso de tratarse con amabilidad. Se amable con uno mismo no significa que no ponga esfuerzo y voluntad, ni que se justifiquen pensamientos o comportamientos que se consideran impropios, sino que se puede aprender sin necesidad de azotarse la dureza con uno mismo y que alimenta un ciclo contraproducente que quita poder y favorece el sentimiento de culpa, falta de respeto y autoestima por uno mismo.

El perdón es una decisión, una actitud, un proceso y una forma de vida. Es algo que ofrecemos a otras personas y algo que aceptamos para nosotros. El perdón es una decisión, la de ver más allá de los límites de la personalidad de otra persona, sus miedos, idiosincrasias, neurosis y errores, la decisión de ver una esencia pura, no condicionada, por historias personales que tienen una capacidad ilimitada y siempre digna de respeto y amor.

Cada vez que se hace un cambio, debilitamos el monopolio del ego sobre nuestras percepciones y nos capacitamos para dejar marchar, liberar y olvidar el pasado. El perdón suele experimentarse como un sentimiento de dicha, paz, amor y apertura del corazón, alivio, expansión, confianza, libertad, alegría y una sensación de estar haciendo lo correcto. El perdón es una forma de vida que nos convierte gradualmente de víctima de nuestra propia circunstancia en poderosos y amorosos creadores de nuestra realidad. Supone un compromiso de experimentar cada momento algo nuevo, con claridad y sin temor. Es la desaparición de las percepciones que obstaculizan nuestra capacidad de amar.

El perdón nos enseña que podemos estar en desacuerdo con alguien sin retirarle el cariño y respeto. Nos lleva más allá de los temores y mecanismos de supervivencia propio de nuestro condicionamiento, hacia una visión valiente de la verdad que nos ofrece un nuevo campo de elección y libertad, en donde podemos descansar de nuestras luchas. Nos guía hacia donde la paz no es desconocida y nos da la posibilidad de saber cual es nuestra fortaleza.

Eres Suficiente

por Osho

¿Cómo es que nunca estoy satisfecho con lo que soy y con lo que la existencia me ha otorgado? Siempre estoy buscando hacer algo mejor, ser otra persona; si el otro ha recibido más que yo quiero tener más. Como dice el refrán, "El césped siempre es más verde del otro lado de la valla". ¿A qué se debe esto?

Se debe a que te has descarriado. Has sido dirigido hacia un lugar que la naturaleza no había pensado para ti. No estás yendo hacia tu propio potencial. Estás intentando ser lo que los demás quieren que seas, pero esto no te satisface. Cuando no es satisfactorio, la lógica dice: "Quizás no sea suficiente; necesito un poco más". Entonces, buscas algo más; empiezas a mirar a tu alrededor. Todo el mundo aparece con una máscara sonriente, feliz, de este modo, todo el mundo engaña a los demás. Tú también te presentas con una máscara; los demás creen que eres más feliz. Y tú crees que ellos son más felices.

El césped parece más verde al otro lado de la valla…, pero desde los dos lados. A los que viven al otro lado de la valla les parece más verde tu césped. Parece realmente más verde y más fuerte, mejor. Es el equívoco que provoca la distancia. Cuando te aproximas, empiezas a comprobar que no es así. Pero las personas guardan las distancias entre ellas. Incluso los amigos, hasta los amantes se mantienen a cierta distancia; demasiada proximidad podría resultar peligrosa, podrían ver tu realidad.

Te han engañado desde el principio, de modo que, hagas lo que hagas, seguirás siendo desdichado. La naturaleza no entiende de dinero, sino el dinero crecería en los árboles. La naturaleza no entiende de dinero; el dinero no es más que una invención del hombre, útil pero peligroso. Cuando ves a alguien que tiene mucho dinero piensas que tal vez el dinero da la felicidad: "Fíjate en esa persona que feliz parece", entonces corres tras el dinero. Hay alguien que tiene mejor salud, entonces persigues la salud. Si alguien hace cualquier cosa y parece muy contento, le imitas. Pero siempre son los demás y la sociedad lo ha organizado de tal forma para que nunca pienses en tu propio potencial. La desgracia es que no estás siendo tú mismo. Sé tú mismo y dejará de haber desdicha, competencia y preocupación de que los demás tengan más que tú.

Si quieres que la hierba sea más verde no necesitas mirar al otro lado de la valla; puedes conseguir que la hierba sea más verde de tu lado de la valla. Conseguir que el césped esté más verde es algo muy sencillo. Pero estás mirando en cualquier dirección y todos los prados tienen buen aspecto, menos el tuyo.

El hombre debe basarse en su propio potencial, sea el que sea, y nadie debería darle órdenes, guiarle. Deberían de ayudarle, vaya donde vaya o se convierta en lo que se convierta. Y entonces el mundo estará tan contento que no te lo podrás creer.

Nunca he sentido descontento, ni siquiera en mi infancia, por la sencilla razón de que nunca le he permitido a nadie distraerme de lo que estaba haciendo o intentando ser. Eso me ha ayudado inmensamente. Ha sido difícil y las dificultades se han ido incrementando y ahora el mundo entero está contra mí. Pero no me molesta. Soy completamente feliz, estoy contento. No puedo imaginarme que hubiese sido de otra manera. En cualquier otra situación habría sido desgraciado…

El mundo está contra la individualidad.

Está en contra de que seas simplemente tu ser natural. Quiere que seas un robot y como has aceptado serlo, ahora te encuentras con problemas. No eres un robot. La intención de la naturaleza no era convertirte en un robot. Y por eso, porque tu destino no era ese, estás permanentemente buscando: «¿Qué me falta? Quizás mejores muebles, unas cortinas mejores, una casa mejor, una esposa mejor, un trabajo mejor…». Toda tu vida lo estás intentando, corriendo de un sitio a otro. Pero la sociedad te ha descarriado desde el primer momento.

Mi esfuerzo consiste en haceros volver a vuestro ser y de repente os daréis cuenta de que ha desaparecido todo el descontento. No hay necesidad de ser más, ya eres suficiente. Todo el mundo es suficiente.

Tomado de la Revista "luz del Alma"

lunes 4 de diciembre de 2006

Esto te basta para seguir adelante


www.serfeliz.net

Vivir puede ser tan sencillo o tan complicado como queramos. Puede convertirse en un juego apasionante o en una batalla continua. Podemos manejar y hacer nuestro propio destino, o el destino nos terminará por manejar a nosotros.

El que tú hayas decidido comenzar a leer esto, significa que formas parte de un porcentaje bajísimo, de la gran élite, que posee dos armas fundamentales: leer y tener el firme deseo por hacer algo con su propia vida. Esto te basta para seguir adelante.

Todos tenemos éxitos y fracasos, tristezas o alegrías, momentos de júbilo donde gritamos y otros donde de rodillas imploramos. Así es la vida del ser humano. Una obra de teatro, que tú mismo has ido armando. El escenario es el mundo, te han ido presentando a los “actores”, pero el que se va a llevar el papel estelar, eres tú mismo. El libreto se irá escribiendo, la escenografía aparecerá con los años y poco a poco, la historia se irá creando. Esto te basta para seguir adelante.

Cada quien tiene defectos y cualidades. A fin de cuentas, de eso está hecho el hombre. Acuérdate todos los momentos en que has caído, pero las miles de veces que te has levantado. Observa un poco tu vida, piensa en algo que te cueste o que debes mejorar, sé sincero, “nadie es perfecto”, no te engañes, con que te propongas una cosa, ya es una meta que alcanzar. Esto te basta para seguir adelante.

Todos queremos ser recordados. ¿Pero qué hemos hecho para lograrlo? Nadie quiere ser olvidado. Todos buscamos éxito e imagen personal. No busques donde no vas a encontrar. Lánzate a la aventura de trascender, pero por algo más importante que tu propia imagen; deja huella por Dios y por los demás. Así serás recordado siempre y el impacto ante los demás, será como nunca hubieras imaginado. Esto te basta para seguir adelante.

La felicidad se encuentra en los pequeños detalles. Gastamos toda una vida entera tratando de ser felices, para llegar al final y darnos cuenta, que todo era cuestión de voltear a lo “ordinario”, que en realidad era extraordinario. La felicidad no es un “sentimiento pasajero”, es una lucha continua que hay que emprender. Hay veces que hasta en el dolor se puede ser plenamente feliz. Tienes todo para sonreír, estar alegre y contagiarlo a los demás. Sólo falta tu actitud y algo de trabajo. Esto te basta para seguir adelante.

Mis palabras pueden entrarte por un oído y salirte por el otro. Cuestión de decisión. Aprovecha lo que te sirve en el momento, porque a lo mejor justo cuando más lo necesites, ya habrán volado las ideas. Un entrenamiento que puedes hacer en un mes o una semana, pero que sé que te da resultados, para el resto de tu vida. Esto te basta para seguir adelante.

Sólo faltan unas preguntas: ¿quieres cambiar algo de tu vida?, ¿quieres trascender y dejar un impacto de generación en generación?, ¿quieres conocerte, aceptarte, superarte?, ¿quieres mejorar tu relación con Dios, con los demás y contigo mismo?, ¿quieres aprender cómo vivir más y mejor?

Te dejo la última palabra. Sólo falta un SÍ. Y con eso, te bastará para seguir adelante, el resto de tu vida.

Las grandes cosas siempre se inician con un primer paso. Por una persona que un día soñó que las cosas podían ser diferentes. La pregunta obligada es: ¿quién se atreve a dar ese paso?

Elegido del sitio de David Montalvo de México

Como debemos pensar


Por Ralph M. Lewis, F.R.C.

.....para pensar escójase una silla que no sea muy cómoda. Una silla de tapicería suave y espesa invita más bien al sueño, que es lo que precisamente debe evitarse cuando se desea pensar en algo. Somos criaturas del medio ambiente, por lo tanto búsquese un lugar agradable, aunque sea un rincón de la casa, oficina o taller, donde nos sintamos cómodos y no haya quien nos moleste y que sea un lugar de nuestra preferencia. Sobre el tema de los pensamientos debe enfocarse la conciencia y no debe confundirse el pensamiento con la distracción.

No debe permitirse que la conciencia vacile entre dos grupos de impresiones. Por eso es que se necesita buscar una quietud relativa y un ambiente agradable. Estas condiciones, lo repito, pueden hallarse en un rincón del cuarto.

Redúzcase el tema de la meditación a su expresión más sencilla. Si analizamos la mayor parte de nuestras abstracciones y problemas, veremos que son complejos, que están constituidos por una serie de ideas entremezcladas. La conciencia no puede abarcar diversas ideas a la vez, pues vacila de una a otra. Debe prestársele ayuda eligiendo una sola de las ideas.

Si no se puede decidir inmediatamente cual es la forma más simple del pensamiento en cuestión, divídase este en varias partes y comiéncese por aquella que se considere más importante. Por ejemplo: si el problema es comprar o alquilar una casa y lo que se considera más importante es cómo conseguir el dinero, comiéncese por ese punto. Mientras lo dilucida, excluya toda otra idea.

El tema principal

Una falta común en la manera de pensar de muchas personas es la de mantener ante su conciencia, con todo su vigor, el tema o idea principal de lo que piensan. Este tema no debe repetirse continuamente como si fuera una afirmación, ni tampoco debe visualizarse repetidamente.

Si la mente está ocupada constantemente con el tema general del problema, su progreso hacia una probable solución es imposible. Póngase el tema general como en un fondo de la conciencia, como si dijéramos en un lugar especial de la mente. De él no se puede prescindir, porque hay que consultarlo de vez en cuando, pero no debe permitirse que domine todo el pensamiento. Cuando nos refiramos a él debe ser con el objeto de verificar que nuestro razonamiento no se ha desviado de la idea general.

Luego, uno debe comenzar a interrogarse mentalmente lo que uno sabe del tema que está considerando. No debe presumirse que se sabe. Revísense las opiniones y experiencias que con él están relacionadas. A menudo encontraremos que es necesario descartar suposiciones previas, lo cual será muy beneficioso, pues no es bueno recargar la mente con ideas diferentes.

Supongamos que el tema de la meditación es algo que deseamos llevar a cabo. En ese caso, como punto previo, es necesario relacionar el tema con las circunstancias actuales que nos rodean. O en otras palabras: uno debe decirse "ahora tengo esto o "ahora puedo hacer esto y esto". Luego, hay que hacerse la siguiente pregunta "¿Cuál es la diferencia que existe entre las circunstancias presentes (lo que se ha hecho o lo que se puede hacer) y el objetivo deseado, el tema del pensamiento?"

El tema puede ser considerado también bajo otro punto de vista. Hay ciertas cosas que se pueden comprender o hacer inmediatamente. Ellas constituyen el presente, lo hecho. La idea principal de nuestros pensamientos es lo que esperamos hacer, es decir: el futuro.

¿De qué clase es la diferencia que existe entre ambos? Cuando se haya precisado la diferencia, averígüese que es lo que impide la realización de la idea. Es claro que si esta diferencia puede obviarse, el problema está resuelto. Pero si la diferencia es compleja, redúzcase a sus factores principales, es decir: a lo que, en nuestra opinión, es el obstáculo principal entre el tema propuesto y nuestra comprensión de las circunstancias que nos rodean.

Conocido el obstáculo, debemos responder a la pregunta siguiente: ¿Por qué no podemos vencerlo?

Por este método se diseca el tema de nuestros pensamientos. Todos sus factores se reducen a los elementos más simples; las partes innecesarias, como los deseos y opiniones, desaparecen. Así podemos contemplar a su debido tiempo cada una de las ideas simples en que hemos dividido nuestro tema. Mentalmente las veremos más claras que si las consideramos todas juntas.

La lucidez de esas ideas simples, por asociación, estimula el flujo de ideas e impresiones correlativas. Por ejemplo: si tenemos ante los ojos un papel lleno de colores iridiscentes y con varias figuras, es difícil que determinemos de una ojeada lo que aquello significa. Pero si en cambio vemos una hoja de papel de un solo color y con un dibujo sencillo nuestra mente conserva con facilidad esas ideas y las relaciona fácilmente con otras ideas que sugieren una serie de objetos similares a los que acabamos de ver. Por lo tanto, la reducción de un problema a sus factores simples tiene como resultado la afluencia de ideas intuitivas que iluminan la conciencia y resuelven el problema que nos ocupa.

Debe comprenderse, y es por ello que lo repito, que estas ideas intuitivas quizás no vendrían si el problema o tema se considera en su totalidad, porque el elemento que las engendra estaría sumergido en un todo indefinido. También debe tenerse el cuidado de referir cada conclusión al tema principal, para asegurarse de que el pensamiento no ha sufrido ninguna digresión. Es imperativo que las conclusiones a las cuales se llegue no sean confiadas a la memoria. Anótense a medida que vengan. Ellas caerán como podrá notarse después, en un orden o secuencia natural. Esto es lo que pudiéramos llamar la evolución y el desarrollo del pensamiento.

En el arte de pensar, cada buen éxito, es decir: cada concepto aclarado, anima y entusiasma al pensador. Hay en ello una satisfacción personal que sirve de incentivo para seguir adelante. La práctica del pensamiento abstracto, como en todo, es la que facilita los resultados. Los intentos superficiales desaniman. Al principio, aquellos que están acostumbrados a acometer una idea como si fueran a luchar con ella, encontrarán este método fastidioso y cansado, a pesar de que produce mucho mejores resultados. No se haga hincapié en un solo punto de lo que se está considerando.

Hagámonos las preguntas que con él se relacionan y dejemos que las ideas fluyan a nuestra conciencia. Recuérdese que cuando se desecha un punto o se fuerza una conclusión respecto a él, se presume que se sabe la respuesta; si en realidad se conoce ésta, no hubiera habido necesidad de pensar en ella. Se tendrá la noción de haber llegado a una solución correcta, porque ella será evidente por sí misma. Ella fluirá tan naturalmente que no será posible ponerla en duda.

Durante el proceso de pensar debemos olvidarnos de nuestras preocupaciones y de lo que nos rodea. Cuando uno no está concentrado objetivamente en algo externo y se recurre a la introversión, las funciones de la mente subjetiva se avivan. Más sencillamente pudiéramos decir: hay que perderse en los pensamientos; veamos hacia el espacio, si esto ayuda, siempre que pueda hacerse sin el peligro de distraer la atención; hay personas que pueden concentrarse con los ojos abiertos y otras lo hacen mejor con los ojos cerrados.

El tiempo requerido para este método de pensar es variable y depende, como es natural, del tema y de la práctica que se tenga. Al usar este método se experimenta una ligera sensación de calor en la frente, que no es perceptible al tacto. También se experimenta una sensación como si la cabeza se dilatara. Ambas sensaciones se deben al estímulo de las células del cerebro y del cerebelo.

Este proceso atrae la sangre hacia la cabeza y desarrolla las células de las áreas de asociación. Mientras más se piensa en esta forma, nuestros pensamientos se vuelven más profundos y nuestras conclusiones tendrán una lógica inherente por lo cual serán respetadas. No solamente comenzaremos a dominar muchos de nuestros problemas que nos parecían insolubles y a responder a muchas de las preguntas que nos parecían estar más allá de nuestra comprensión, sino que poco a poco nos invadirá una satisfacción por nuestros éxitos intelectuales, especialmente cuando lleguemos a conclusiones que puedan equipararse a verdades recientemente descubiertas y a los conceptos de muchos de los grandes pensadores de la época.

Este artículo fue publicado por primera vez en la revista "El Rosacruz" Editado en Noviembre de 1947

Creando Nuestro Futuro



Por H. Spencer Lewis, F.R.C., Ph. D

Indudablemente que éste es un período en la vida de muchisimas personas, en que el pasado queda en el recuerdo, y el futuro se asoma como una grave interrogación.

Parece que esas personas estuvieran al borde de un gran precipicio. Detrás de ellos están los campos, montañas y valles por los cuales viajaron con mas o menos seguridad y con mucho placer y felicidad, mezclados con períodos de penas y aflicciones que ahora parecen inconexos al enfrentarse al gran abismo lleno del terror de lo desconocido que les presenta un serio obstáculo a su futuro progreso. Al hacer frente a este ancho precipicio, parece que solamente un milagro los ayudara a cruzar el gran espacio abierto y les impedirá caer en las negras profundidades, dando fin a su carrera. En los primitivos días, cuando los exploradores atravesaron por primera vez el Continente Norteamericano intentando alcanzar los campos auríferos y los fértiles valles de California, hubo muchas ocasiones en que hordas de ellos, en carretas cubiertas y a pie, hicieron frente a situaciones semejantes. Parecía que el fin de la jornada estaba cerca y sin embargo la meta de sus aspiraciones estaba lejos. Durante días, acampaban al borde de un precipicio o cañon y se preguntaban si jamas cruzarían ese gran espacio de millares de metros de profundidad, para continuar su camino al otro lado hacia la meta distante. Estuvieron frente a verdaderos problemas de ingeniería y sin embargo no tuvieron ni la pericia ni los materiales para construir puentes sobre tales barrancos.

La historia de esos exploradores o "pioneros" nos dice que al fin encontraron un camino para ganar el otro lado y continuar hacia el Oeste, y sus proezas serán siempre un monumento inolvidable. Su ingenuidad, sus plegarias al Dios de su corazón y su comprensión para obtener inspiración, su resolución, su voluntad y su intrépida fe en la Providencia, los ayudaron a resolver sus problemas. No podían regresar, pues habían viajado meses y meses atravesando desiertos donde no había alimentos ni agua, y sus provisiones se habían agotado; esto significaba que o seguían adelante o se quedaban donde estaban hasta morirse de hambre. Seguramente que esas personas confrontaron mayores obstáculos que los que surgen ante mucha gente de hoy que piensa que su problema no tiene solución. El abismo que se abre ante estas personas de hoy es mental y no físico. Los obstáculos que tienen que vencer son más mentales que físicos en todos sentidos. Es indudable que estas personas están sobre una roca material y que en el momento presente tienen obligaciones y condiciones materiales a que atender; pero el precipicio que yace entre ellas y el futuro progreso de su vida no es físico ni puede salvarse con cosas materiales.

El incentivo que animo a los primeros exploradores a enfrentarse a su problema e intentar resolverlo, fue que el futuro que estaba frente a ellos era completamente definido, atrayente y tentador en todos sentidos. No dudaban de la alegría, la felicidad y el buen éxito que les esperaban una vez que cruzaban el gran abismo. Fue este cuadro de la futura prosperidad y el goce de las más grandes bendiciones de la vida lo que estimulo su determinación de resolver sus problemas. Los individuos que hoy se sienten deprimidos y que se detienen al borde del abismo de la duda y la incertidumbre, no tienen ante sí el cuadro tentador que los aliente para solucionar sus problemas. No pueden entrever un futuro brillante y feliz, ni pueden ver la meta de sus deseos que les espera allá en el horizonte.

Por esta razón dudan y desean saber si el esfuerzo para vencer el presente obstáculo vale o no la pena, y si alguna cosa futura será digna de un supremo sacrifico de hoy. Este es su error, y este es realmente su mayor problema, pues deben expulsar de su mente la duda acerca del futuro, y deben tener una imagen gloriosa de lo que se encuentra mas allá, a fin de que puedan esforzarse en detener sus problemas presentes y vencerlos. Los primeros exploradores no supieron nada del futuro que les esperaba, a no ser por los informes que llegaban a ellos y por los cuadros que forjaban en su mente. Muchos meses antes de que partieran de sus casas en el Este del país, y durante los muchos meses de sufrimientos y privaciones de la travesía, ellos crearon, trazaron y reconstruyeron sus cuadros mentales de lo que el futuro les deparaba. En sus horas de soledad, de privación, de frío, de hambre y de intenso sufrimiento en las tormentas y otras calamidades, ellos aliviaron su cuerpo y su mente rechazando el presente y el pasado, y viviendo mentalmente en la bella imagen del futuro que conservaron y mantuvieron en su mente, frente a ellos, como una valiosa recompensa para todo sufrimiento y todo esfuerzo. El futuro llegó a ser tan real para ellos, tan verdadero, tan cercano y tan tangible en todos sus elementos, que fueron capaces de salvar el abismo del presente y cambiar del pasado al futuro en un abrir y cerrar de ojos. Sus sueños, de día y de noche, fueron vividos en la tierra que estaba mas allá del horizonte, donde estaría todo lo que ellos habían formado en sus imágenes mentales. Crearon casas, fincas nuevas en fértiles valles o en laderas de pintorescas colinas; llenaron cofrecitos con oro y cajas con frutas. Visualizaron una vida nueva, un nuevo esfuerzo, un clima templado y una abundancia de la necesaria paz, de la felicidad y el contento. Disfrutaron de esas cosas cada día y cada hora, siempre, antes de que alcanzaran la orilla occidental del abismo. Formaron un mundo nuevo en sus imaginaciones, y este mundo nuevo constituía su futuro y a medida que completaban el cuadro y terminaban todos sus maravillosos detalles, se representaban ellos mismos dentro de él, y se hacían partes vivientes y vibrantes del cuadro, de modo que nada del presente, ningún obstáculo, barrera ni encanto, les impidiera marchar del presente al futuro y realizar todo lo que habían visualizado.

Los muchos individuos que hoy dudan y vacilan, deben crear de la misma manera un nuevo futuro y una nueva vida mas allá del presente horizonte. Deben considerar todos los sufrimientos y todas las alegrías del pasado como meras experiencias que los capacitan para escoger entre lo bueno y lo malo, a fin de ponerlo en la nueva pintura, el nuevo futuro y la nueva vida. Cada experiencia tiene su lección, cada una de las alegrías y penas del pasado y del presente solo son ilustraciones para enseñarnos lo que hemos de crear y lo que no hemos de crear para el futuro.

No Hay que Esperar.

El futuro de cada uno de nosotros puede ser precisamente el que hayamos formado. Pero no debemos esperar hasta que estemos en el futuro o hasta que lleguemos al nuevo valle de la nueva tierra para entonces empezar nuestros planes para el estado, la casa, los jardines, el huerto, las minas, de los cuales obtendremos nuestro bienestar y todo lo que necesitamos. Hemos de visualizar cada detadle, debemos pintar en todo el cuadro e irle agregando todos nuestros ensueños y meditaciones, hasta que llegue a ser una cosa viviente en nuestra existencia, no en el futuro, sino en el presente. Debemos considerarnos como de pie en el borde de este cuadro, a punto de echar a andar dentro de el y a principiar a lograr todo lo que hayamos creado. Si hacemos esto, los obstáculos que ahora nos parecen alzarse frente a nosotros quedaran dominados y negados en nuestra ambición, en nuestra determinación de cruzar la línea que separa el presente del futuro, para vivir en el cuadro que nos hemos formado. Esa visualización o creación no solo nos dará la atracción y la seducción que nos llama, sino también el estímulo y la determinación, la fe y el poder, para ir mas allá de los obstáculos presentes.

No hay limitación para lo que la mente puede crear en su imaginación. No hay castillos demasiado altos, ni casas demasiado grandes, ni estados demasiado extensos, ni partes del país demasiado bellas o demasiado fértiles, para la mente que visualiza. El mundo es nuestro cuando se trata de formar el cuadro mental de lo que queremos y de lo que hemos de tener. Además, la historia de la civilización prueba que no hay límite a la creación de las cosas materiales que el hombre ha visualizado. Toda la historia de las proezas del hombre, desde le principio del mundo, prueba que lo que el ha visualizado mentalmente puede llevarlo a la realización verdadera. Los sueños de los hombres de antaño, que parecían vagos, indefinidos, imposibles, hoy se nos presentan en sorprendentes realidades concretas, y despertamos de nuestra duda e incredulidad para comprender que mientras nosotros desconfiamos y dudamos, otra mente maestra torna un sueño en realidad, y las cosas imposibles del soñador de ayer son las cosas materiales que se nos ofrecen hoy. Conforme analizamos las creaciones del hombre y sus triunfos, nos impresiona un hecho de los más sobresaliente, a saber: que el que nunca sueña o nunca pinta un cuadro mental, nunca crea ni una sola cosa en el mundo de las realidades. A nuestro alrededor vemos a aquéllos que han formado y construido para sí mismos las coas que tienen, y hay otros que están en la pobreza o que no pueden satisfacer sus necesidades actuales, que no tienen visión, que jamas intentaron crear en su propia mente ni una sola cosa, y que dependen de las creaciones de los demás y de los donativos que pueden llegarles por caridad. ¿Quién quiere ser usted, el creador de su vida y el constructor de las cosas que necesita, o el que debe tomar lo que abandona la generosidad de otros, lo que se da a usted a cambio de las labores mas duras o lo que se le niega por completo? ¿Quiere usted ser el siervo y el mercenario que acepta de las manos de un amo las cosas que éste ha hecho y que ya no necesita, o aquello que de modo caritativo quiere compartir con usted parcial o incompletamente? ¿O quiere usted ser el creador y hacer las cosas que quiere y llevarlas a la realidad en su vida, de modo que usted no dependa de nadie ni de nada, excepto del gran poder creador que reside dentro de usted mismo? Dios le ha dado el mismo poder creador que El posee, y El ha hecho este mundo bello y feliz para todas las criaturas vivientes. Esta gracia es suya por derecho de nacimiento y solo usted resuelve si ha de emplear este poder o ha de ignorarlo.

Avance, sálgase de su estrecha visión de obstáculos que parecen rodearlo, y cierre sus ojos a ellos por un momento y forme un nuevo cuadro. Aparte el pasado y el presente de su consideración, y forme una nueva vida, un nuevo día, desde mañana. Construya esto en su mente, parte por parte, y en sus conversaciones y contactos con quienes lo rodean, hasta que tenga una imagen perfecta del futuro que esta apenas mas allá del horizonte de hoy. Marche entonces con valor y determinación dentro de este nuevo cuadro y principie la jornada que conduce al nuevo hogar, a las nuevas posesiones, a los nuevos goces de la vida. Usted vera que es amo del cuadro y señor de esas realidades, y encontrara en ellas la mayor felicidad y la más grande recompensa; dedique a esto todos sus esfuerzos y todos sus pensamientos.

(Este artículo fue publicado por primera vez en la revista "El Rosacruz" Vol. II No.5 Editado en Mayo de 1949)