Meditación
Arthur E. Powell
La concentración, como es natural, no es un fin en sí mismo, sino un medio para un fin. La concentración convierte a la mente en un instrumento, que el dueño puede utilizar a voluntad. Cuando una mente concentrada se dirige fijamente a cualquier objeto con el propósito de atravesar el velo, llegar a la vida y unificar esta vida con aquella a la cual la mente pertenece, se realiza la meditación.
Por lo tanto, concentración es el moldeamiento del órgano, meditación es el ejercicio del mismo.
Como hemos visto, concentración significa fijar firmemente la mente en un solo punto, sin vagar y sin ceder a distracción alguna causada por objetos externos, por la actividad de los sentidos o por la mente misma. Esta se ha de sujetar con estabilidad y fijeza invariables, hasta que aprenda a retirar su atención del mundo externo y del cuerpo, para que los sentidos se mantengan tranquilos e inactivos mientras la mente está intensamente activa, con todas sus energías atraídas hacia el interior para concentrarlas en una sola idea, lo más elevada que se pueda alcanzar.
Por lo tanto, cualquiera que sea capaz de "prestar atención", pensar sobre algún tema por algún tiempo, sin permitir que la mente divague, está preparado para iniciar la meditación. Podemos definir esta como atención sostenida de la mente concentrada, frente a un objeto de devoción, a un problema para cuya solución se necesita más luz; en efecto, frente a cualquier cosa de la cual queramos comprender y absorber la vida más que la forma. Meditar es el arte de considerar una cuestión o estudiarla mentalmente, en sus diversos aspectos y relaciones.
Una vez que se pueda mantener así, con relativa facilidad, la mente está preparada para dar otro paso adelante y mediante un potente pero tranquilo esfuerzo de la voluntad, se puede proyectar más allá del pensamiento más elevado que pueda alcanzar mientras trabaja en el cerebro físico. En este esfuerzo la conciencia se elevará y se unirá a lo superior, quedando libre del cuerpo.
Se dice también, que la meditación consiste en traer a la conciencia vigílica, es decir, a la mente en el estado normal de actividad, alguna realización de la superconsciencia, a fin de crear, por el poder de la inspiración, un canal por el cual afluya a la personalidad inferior la fuerza de algún principio divino o espiritual. Es enfocar la mente y los sentimientos en un ideal y abrir las puertas de la conciencia inferior aprisionada a la influencia de tal ideal.
"Meditación, - ha dicho H. P. Blavatsky - es el inexpresable anhelo interno por el infinito". San Alfonso María de Ligorio describe la meditación como: "la bendita hornalla en que las almas se inflaman del amor divino".
El ideal elegido puede ser abstracto tal como una virtud; puede ser la divinidad del hombre; puede estar personificado en un Maestro o en el Instructor Divino; pero en todos los casos es esencialmente un elevamiento del alma hacia su fuente divina; el deseo del ser individual de unificarse con el Ser Universal.
Lo que el alimento es para la vida física, es la meditación para la vida espiritual.
El hombre que medita es siempre el más eficiente del mundo. Lord Rosebery, hablando de Cromwell, lo describía como "místico práctico" y afirmaba que el místico práctico, es la fuerza más grande del mundo. El intelecto concentrado, el poder de retirarse del tumulto exterior, significa energía, inmensamente incrementada para el trabajo, más estabilidad, más autodominio y más serenidad. El hombre que medita no malgasta el tiempo, no disipa energía ni pierde oportunidad. Tal hombre rige los sucesos, porque dentro de é l está el poder, del cual los sucesos son meras expresiones externas; participa de la vida divina y por lo tanto participa del poder divino.
Como se ha dicho antes, cuando la mente se mantiene fija en una imagen, al contemplarla el conocedor, obtiene de ella más conocimiento del objeto que si se le describiera verbalmente.
Gracias a la concentración, el cuadro toma forma en el cuerpo mental; el delineamiento derivado digamos, de una descripción verbal, se llena más y más de detalles a medida que la consciencia penetra más íntimamente en las cosas descritas.
Todas las religiones recomiendan la meditación; la conveniencia de la misma ha sido reconocida por todas las escuelas de filosofía. Así como el hombre que desea hacerse fuerte, practica los ejercicios prescritos para desarrollar sus músculos, así también el estudiante de esoterismo practica ejercicios determinados y prescritos para desarrollar sus cuerpos astral y mental.
Se conocen naturalmente muchas clases de meditación, lo mismo que hay hombres de muchas clases. Es claro que un método de meditación no produce en todos, resultados igualmente buenos; cada uno ha de descubrir, por sí mismo, la clase de meditación más adecuada para él.
La meditación puede tener muchos fines, de los cuales los siguientes son los principales:
1. Hace que por lo menos una vez al día, el hombre piense en cosas elevadas y santas, dejando a un lado sus pensamientos acerca de las menudencias de la vida diaria y de las frivolidades y dificultades de la misma.
2. Acostumbra al hombre a pensar en tales cosas; de manera que después de un tiempo, forma el trasfondo de la vida cotidiana a la cual la mente vuelve con placer, cuando se ve libre de las exigencias de sus deberes.
3. Sirve como una especie de gimnasia astral y mental, para mantener en buena condición los cuerpos superiores y permitir que la vida divina fluya por ellos. A tal objeto se ha de recordar que la "regularidad", en la práctica de los ejercicios, es de primera importancia.
4. Se puede utilizar para formar y mejorar el carácter y adquirir diversas cualidades y virtudes.
5. Eleva la consciencia a esferas más elevadas, para abarcar cosas más elevadas y sutiles. Mediante ella, el hombre puede elevarse a presencia de lo Divino.
6. Abre la naturaleza y evoca bendiciones de altas esferas.
7. Es el medio (aunque sólo el primer vacilante paso sobre el camino) por el cual se alcanza un desenvolvimiento más elevado y conocimiento más amplio; lleva al desarrollo de la clarividencia y con el tiempo, a la vida superior más allá del mundo físico.
La meditación es el método más fácil y más seguro para desarrollar la conciencia superior. Es, indiscutiblemente posible en el curso del tiempo, para el hombre que medita sobre el Logos o el Maestro, elevarse primero a la esfera astral y luego a la esfera mental. Es claro que nadie puede predecir cuánto tiempo tardará , pues ello depende enteramente del pasado del estudiante y de los esfuerzos que haga en el presente.
En L.V.X.
F.´.L.´.Zerión.













3 comentarios:
Tienes razon , con una firme y constante concentracion se puede viajar a otros planos y ver situaciones y seres extraordinarios...........pero no olvides de estar preparado de ver lo inexplicable.
No sabia que hubiera que concentrarse.
Pienso que eso debe salir solo, con la práctica, sin esfuerzo.
Vamos, como decia el bueno de Osho.
Un saludo.
Kutran me gustria saber tu experiencia, mi correo es marioeduard@hotmail.com
Concentrarse yo piensdo que es aprender a dominarse.
Publicar un comentario en la entrada