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domingo, 21 de febrero de 2010

SOBRE LA NATURALEZA DE LA REALIDAD

Textos de Michael James basados en las Enseñanzas de Ramana Maharshi

Las formas de existencia temporal son meras apariencias

Si algo es relativamente real, es también relativamente irreal. Ello puede parecer real en ciertos tiempos o en ciertas condiciones, pero deja de ser real en otros tiempos y en otras condiciones, de modo que su realidad es impermanente. Debido a que su realidad es dependiente de ciertas condiciones, no es real independientemente. Su supuesta realidad está limitada por y es relativa a la realidad de las condiciones de las que depende, y por lo tanto es imperfecta. Al ser relativo, condicional y dependiente, ello no es real por sí mismo, sino que meramente parece ser real en ciertas condiciones.

Eso que aparece en un tiempo, desaparecerá inevitablemente en algún otro tiempo. Puesto que ello no es real antes de que aparezca ni después de que desaparece, en verdad ello no es real ni siquiera cuando parece ser real. Su realidad aparente es solo una apariencia o aparición transitoria, y por lo tanto no es absolutamente verdadera. Eso que aparece en un tiempo y desaparece en otro tiempo, meramente parece existir, pero no existe realmente. Eso que existe realmente, eso que es realmente, debe ser en todos los tiempos. Por consiguiente, todas las formas de existencia temporal son meras apariencias, y por lo tanto no son reales.

Solo eso que es real absoluta, incondicional, independiente y permanentemente, es real en el sentido más estricto del término. Eso que es perfectamente real, debe ser real en todos los tiempos, en todas las circunstancias y en todas las condiciones. Su realidad no debe ser de ninguna manera dependiente de, limitada por o relativa a ninguna otra cosa. Además, no debe cambiar, o dejar de ser como ello era.

Esto que cambia, existe en una forma en un tiempo, y en alguna otra forma en algún otro tiempo, de modo que no tiene ninguna forma permanente suya propia. Al ser impermanente, ninguna de sus formas son absolutamente reales. Además, puesto que el cambio acontece dentro del tiempo, eso que cambia está limitado por el tiempo, y, por consiguiente, su realidad es dependiente del tiempo, limitada por el tiempo y así relativa al tiempo. Por lo tanto, solo eso que es sin-cambio e inmutable, es real en un sentido absoluto.

Así pues, una cosa puede ser considerada ser absolutamente real solo si es permanente, inmutable, inafectada por el paso del tiempo y el cambio de condiciones, independiente de cualquier otra cosa, no limitada por alguna otra cosa, y de ninguna manera relativa a alguna otra cosa.

La realidad que subyace a toda la relatividad

Cuando decimos que la mente, nuestro cuerpo y este mundo, y el Dios que se cree que ha creado todas estas cosas, son todos irreales, no significamos la negación del hecho de que ellos son reales en un sentido relativo. Lo que queremos decir es que no son absolutamente reales —permanente, inmutable, incondicional e independientemente reales. Todos ellos son apariencias transitorias que son concebidas o percibidas por la mente, y, por consiguiente, su realidad aparente depende de la mente, que es ella misma impermanente y siempre cambiante.

Aunque la mente, y todo lo que es conocido por la mente como otro que ella misma, es irreal, no podría parecer real si no hubiera alguna realidad que le sea subyacente. La realidad que subyace a toda la relatividad, es absoluta. ¿Cuál es la naturaleza de esa realidad absoluta?

Puesto que toda forma de dualidad es relativa, la realidad absoluta no puede ser más que una. Por lo tanto, ella es única y no-dual. No puede haber más que una realidad absoluta, debido a que si la hubiera, cada realidad tal estaría limitada, y sería relativa una con respecto a la otra, y, por consiguiente, ninguna de ellas sería el todo sin restricción.

Ser absoluto es ser libre de toda condición, restricción, limitación e influencias modificadoras —ser infinito, total, completo, incontaminado, perfecto e independiente. Por lo tanto, la realidad absoluta es por definición solo un único todo perfectamente no-dual, aparte del cual nada más puede existir.

Todo lo demás que parece existir, no es de hecho más que la única realidad no-dual absoluta. La realidad absoluta es como la cuerda, y todo lo demás es como la serpiente por la que esa cuerda se toma erróneamente. Lo mismo que solo la cuerda existe realmente, y la serpiente es meramente una apariencia imaginaria que es sobreimpuesta en ella, así también solo la realidad absoluta existe verdaderamente, y toda la dualidad y relatividad que aparece en ella, es meramente una imaginación que es sobreimpuesta en ella. La realidad absoluta no es solo el substrato subyacente a la apariencia de toda dualidad y relatividad, es también su única sustancia, debido a que no existe nada más que ella.

Mientras vemos la serpiente ilusoria, no podemos ver la cuerda real como ella es. Similarmente, mientras experimentamos la dualidad, no podemos conocer la realidad absoluta no-dual como ella es. Por lo tanto, si deseamos obtener verdadero conocimiento experimental de la realidad absoluta, debemos dejar de atribuir realidad a toda forma de dualidad y relatividad.

Mientras creamos que la dualidad y la relatividad son reales, la mente continuará prestándoles atención, creyendo que con ello puede obtener felicidad real. Solo si estamos firmemente convencidos de que todas las formas de dualidad y relatividad son apariencias ilusorias e irreales —meras ficciones de nuestra imaginación— estaremos dispuestos a retirar la mente de ellas para buscar la realidad absoluta que las subyace.

La no-existencia o el no-ser

Puesto que todo lo que es conocido por la mente es solo relativamente real, ¿no hay ninguna cosa tal como la existencia o no-existencia absoluta, la consciencia o inconsciencia absoluta, o la felicidad o infelicidad absoluta? Consideremos primero las cualidades negativas. Una cualidad negativa tal como la no-existencia, la inconsciencia o la infelicidad nunca puede ser absoluta, debido a que una cualidad negativa solo puede «existir» relativa a su cualidad positiva correspondiente. De hecho, una cualidad negativa no «existe» realmente, sino que es solo la ausencia o no-existencia de la cualidad positiva correspondiente.

La no-existencia o el no-ser, nunca pueden existir realmente, debido a que es solo una ausencia o negación de la existencia o el ser. Verdaderamente no hay ninguna cosa tal como la no-existencia o el no-ser, debido a que si lo hubiera, sería una «no-existencia existente», que es una contradicción en los términos. Por lo tanto, la no-existencia o el no-ser es real solo como un concepto mental, y no existe excepto como una idea o un pensamiento en la mente. Como tal, la no-existencia es una cualidad esencialmente relativa, y por lo tanto no puede ser nunca absoluta.

Similarmente, no puede haber ninguna cosa tal como la inconsciencia absoluta. Lo que llamamos «inconsciencia» es solo una ausencia de consciencia, pero en una ausencia de consciencia completa, ninguna «inconsciencia» podría ser conocida o experimentada. Por lo tanto, lo mismo que la no-existencia, la inconsciencia es solo real como un concepto mental. La consciencia o inconsciencia de otras gentes, criaturas y cosas, nunca puede ser conocida por nosotros directamente, sino que es solo inferida por la mente, y como tal es real solo como una idea o pensamiento en la mente. Además, aunque conocemos la consciencia, nunca podemos conocer nuestra inconsciencia. Por lo tanto, la inconsciencia es algo que nunca podemos conocer efectivamente, ni en nosotros ni en nada más, y, por consiguiente, es meramente una condición hipotética, y no una condición que sea experimentada realmente alguna vez.

Cuando despertamos del sueño profundo, pensamos que éramos inconscientes en el sueño profundo, pero de hecho no conocíamos ni experimentábamos ninguna inconsciencia completa en ese estado. Lo que experimentábamos de hecho en el sueño profundo, era meramente la ausencia de cualquier conocimiento o consciencia de algo más que nosotros. Cuando decimos, «Sé que era inconsciente en el sueño profundo», estamos describiendo nuestra experiencia efectiva en el sueño profundo, pero lo estamos haciendo en términos muy imprecisos, debido a que no hemos reflexionado profundamente sobre lo que hemos experimentado efectivamente en ese tiempo, o qué entendemos exactamente por el término «inconsciente». Para saber que éramos inconscientes en el sueño profundo, debemos haber sido conscientes de esa «inconsciencia» aparente. Es decir, éramos capaces de experimentar la «inconsciencia» relativa del sueño profundo debido solo a que éramos efectivamente conscientes en ese tiempo.

Cuando decimos, «era inconsciente», no queremos decir que éramos absolutamente inconscientes, sino solo que éramos inconscientes del cuerpo, del mundo y de todas las otras cosas que estamos acostumbrados a conocer en los estados de vigilia y sueño con sueños. Nuestra «inconsciencia» o falta de conocimiento objetivo en el sueño profundo es relativo solo a nuestro conocimiento objetivo en la vigilia y el sueño con sueños. La ausencia de todo conocimiento objetivo en el sueño profundo, que es lo que queremos describir cuando decimos, «era inconsciente», no es meramente inferida por la mente, sino que era experimentada efectivamente por nosotros en el sueño profundo.

Cuando decimos, «no sabía nada en el sueño profundo», lo hacemos con un fuerte sentido de certeza, debido a que recordamos lo que experimentábamos efectivamente en ese tiempo, que era una ausencia de conocimiento relativo. El hecho de que ahora recordemos haber experimentado en ese tiempo una ausencia de todo conocimiento objetivo, prueba claramente que éramos conscientes en el sueño profundo. Aunque llamamos a esa experiencia de ningún conocimiento objetivo, un estado de «inconsciencia», es solo una inconsciencia relativa, debido a que estábamos presentes como consciencia para conocer esa condición de inconsciencia aparente.

Por lo tanto, podemos decir definitivamente que esa no-existencia e inconsciencia son reales solo como conceptos mentales, y que nunca pueden existir o ser conocidas como cualidades absolutas, pero, ¿podemos decir lo mismo sobre la infelicidad? ¿No es la infelicidad algo que experimentamos efectivamente? Si expresamos con otras palabras nuestra descripción de la infelicidad como «sufrimiento», «dolor» o «miseria», ¿no deviene ella una cualidad positiva?

No puede haber más que una realidad absoluta

Etimológicamente, absoluto significa «libre de» o «liberado de», y, por consiguiente, ser absoluto es ser libre de toda condición, restricción y limitación, libre de todas las formas de confinamiento, libre de todas las dimensiones tales como el tiempo y el espacio, libre de todas las fronteras o límites, libre de todas las divisiones y partes, libre de todas las relaciones e influencias modificantes, libre de toda dependencia, libre de toda forma de imperfección o incompletud, libre de toda finitud, relatividad y dualidad. O para expresarlo en términos más positivos, absoluto significa completo, total, infinito y perfecto. Por lo tanto, nuestra pregunta es si hay o no hay una cosa tal como una existencia, consciencia o felicidad que es infinita, indivisa, independiente y libre de toda condición y relatividad.

La infinitud no permite la existencia de ningún otro. Para ser infinita, una cosa debe ser el único todo simple, aparte del cual nada más puede existir. Si algo existiera aparte, fuera o independiente de lo infinito, eso establecería un límite a lo infinito, y, por consiguiente, dejaría de ser infinito.

No solo no puede haber nada más que lo infinito, tampoco puede haber divisiones dentro de lo infinito, debido a que una división es una forma interna de restricción o limitación, y lo infinito es por definición exento de todo límite, tanto interno como externo. Por lo tanto, si hay una cosa tal como una realidad infinita o absoluta, ella debe ser la única realidad, la realidad total, y una realidad que es esencialmente simple, indivisa y no-dual.

No puede haber más que una realidad absoluta. Por consiguiente, si en verdad hay una existencia o ser absoluto, una consciencia absoluta y una felicidad absoluta, no pueden ser tres cosas separadas, sino que deben ser una y la misma realidad. ¿Hay una realidad tal, y si la hay, es existencia, consciencia y felicidad?

Para responder a esto, primero debemos considerar la consciencia, debido a que la consciencia es el punto de partida y el fundamento de todo, la base de todo lo que conocemos o podemos conocer. Si la realidad absoluta no fuera consciencia, no podría conocer su propia existencia o ser, y puesto que no puede haber nada más que lo absoluto para conocerlo, no podría ser conocido nunca, y, por lo tanto, sería meramente un concepto o suposición hipotético.

Todo dicho sobre el ser o la existencia presupone la consciencia, porque sin la consciencia para conocerlo, ¿quién podría decir que ello es? La palabra misma «existe» significa etimológicamente «estar», debido a que una cosa puede decirse que es o existe solo si «está» en la consciencia. Un ser o existencia desconocido es una mera imaginación, una suposición infundada, y como tal no puede ser real.

¿Hay por lo tanto una cosa tal como una consciencia absoluta, una consciencia que es libre de toda condición y limitación, libre de toda frontera externa y división interna, libre de toda influencia modificante, libre de toda dependencia, y libre de toda relatividad y dualidad? Puesto que no podemos conocer ninguna otra consciencia que la consciencia, solo podemos responder a esta pregunta aplicándola a la consciencia.

Al vérselas con esta pregunta, la mayoría de nosotros concluiría superficialmente que la mente es la única consciencia que conocemos, y que la mente no reúne ninguno de los criterios requeridos para ser llamada absoluta. Por supuesto es verdadero que la mente no es absoluta, ¿pero es la mente la única consciencia que conocemos? Puesto que somos conscientes de nuestro ser en el sueño profundo, cuando la mente está ausente, somos claramente una consciencia que trasciende la mente y todas sus limitaciones. La consciencia real por lo tanto no es la mente, sino alguna otra consciencia más básica que subyace a la mente. Esa consciencia básica subyacente es la auto-consciencia esencial, la consciencia no-dual de nuestro ser, que experimentamos siempre como «yo soy».

Al aplicar la pregunta de arriba a la auto-consciencia fundamental, «yo soy», encontraremos que ella reúne todos los criterios que distinguen a la realidad absoluta. Es libre de toda condición, restricción y limitación. Es libre de toda forma de confinamiento. Es libre de toda dimensión tal como el tiempo y el espacio. Es libre de toda frontera o límite. Es libre de toda división y parte. Es libre de toda relación e influencia modificante. Es libre de toda dependencia. Es libre de toda forma de imperfección o incompletud. Es libre de toda finitud, relatividad y dualidad. Es por lo tanto completa, total, infinita y perfecta.

Esta auto-consciencia fundamental es no-dual y exenta de toda relatividad debido a que no es una consciencia de alguna otra cosa, sino solo de sí misma —de su propio ser esencial, que se experimenta como «yo soy». Puesto que ella es, y es consciente de su «es»-dad, o más bien de su «soy»-dad, no es solo consciencia sino también ser.

Sin embargo, aunque ella es ser, no es alguna forma de ser o existencia objetivo, debido a que el ser objetivo requiere de alguna otra consciencia otra que sí mismo para ser conocido. Mientras la existencia de cualquier otra cosa depende de la consciencia para ser conocida, la existencia de la consciencia no puede ser conocida por nada más que sí mismo.

La consciencia no es un objeto, y, por consiguiente, su existencia o ser no puede ser conocido nunca objetivamente. Aunque puede haber signos o indicaciones objetivos de la existencia de la consciencia finita que llamamos mente, la existencia efectiva de esa consciencia no puede ser conocida nunca por nada más que sí misma. Cuando incluso esa consciencia finita, que interactúa con los objetos conocidos por ella, no puede ser conocida objetivamente por nada más que sí misma, ¿cómo puede la consciencia real infinita ser conocida como un objeto?

 

jueves, 21 de enero de 2010

LA TABLA ESMERALDA

De Hermes Trimegisto

Hermes Trismegisto es considerado como el padre de la alquimia que ha tomado de él el nombre de "arte hermético", su origen se remonta al Egipto pre-faraónico, según Salomón el nombre de Hermes Trismegisto procede del griego y significa literalmente “mercurio tres veces grande”, o sustancia regida por tres principios celestes y tres sublunares unidos. Hermes es un nombre genérico de muchos antiguos sabios griegos que trataron de filosofía y de alquimia. Hermes trismegisto es el nombre de Hermes o Thoth en su aspecto humano, como Dios es el más misterioso de los Dioses, como serpiente Hermes Thoth es la  divina sabiduría creadora. Ya sea como Thoth egipcio o  Hermes griego era el Dios de la sabiduría entre los antiguos y según Platón, <descubrió los números, la geometría, la astronomía y las letras>

La Tabla de esmeralda, es un texto clásico atribuido a Hermes Trismegisto, filósofos, alquimistas  y aun astrólogos han basado sus conocimientos en este importante legado del viejo mundo

LA TABLA ESMERALDA

Verdadero, sin falsedad, cierto y muy verdadero:

lo que está de abajo es como lo que está arriba,

y lo que está arriba es como lo que está abajo,

para realizar el milagro de la Cosa Unica.

Y así como todas las cosas provinieron del Uno, por mediación del Uno,

así todas las cosas nacieron de esta Unica Cosa, por adaptación.

Su padre es el Sol, su madre la Luna,

el Viento lo llevó en su vientre,

la Tierra fué su nodriza.

El Padre de toda la Perfección de todo el Mundo está aquí.

Su fuerza permanecerá íntegra aunque fuera vertida en la tierra.

Separarás la Tierra del Fuego,

lo sutil de lo grosero,

suavemente,

con mucho ingenio.

Asciende de la Tierra al Cielo,

y de nuevo desciende a la Tierra,

y recibe la fuerza de las cosas superiores y de las inferiores.

Así lograrás la gloria del Mundo entero.

Entonces toda oscuridad huirá de ti.

Aquí está la fuerza fuerte de toda fortaleza,

porque vencerá a todo lo sutil

y en todo lo sólido penetrará.

Así fue creado el Mundo.

Habrán aquí admirables adaptaciones,

cuyo modo es el que se ha dicho.

Por ésto fui llamado Hermes Tres veces Grandísimo,

poseedor de las tres partes de la filosofía de todo el Mundo.

Se completa así lo que tenía que decir de la obra del Sol

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martes, 19 de enero de 2010

Los estados de Conciencia

No se pueden comprender ni las funciones psíquicas ni las físicas, dijo, salvo que se haya captado el hecho de que ambas pueden trabajar en estados diferentes de conciencia.”Hay cuatro estados de conciencia posibles para el hombre (recalcó la palabra “hombre”).

Pero el hombre ordinario, o sea el hombre número 1, 2 ó 3, vive solamente en los dos estados más bajos de conciencia. Los dos estados de conciencia superiores le son inaccesibles y aunque pueda tener chispazos de estos estados, es incapaz de comprenderlos y los juzga desde el punto de vista de estos dos estados de conciencia inferiores que le son habituales.

“El primero, el sueño, es el estado pasivo en el cual los hombres pasan un tercio y a menudo hasta la mitad de su vida.

Y el segundo, el estado en que los hombres pasan la otra mitad de su vida es en el cual caminan por las calles, escriben libros, conversan de asuntos sublimes, participan en la política, se matan los unos a los otros; es un estado que ellos consideran como activo y que llaman de  conciencia lúcida» o «estado de vigilia». Las expresiones «conciencia lúcida» o «estado de vigilia» parecen haber sido escogidas en broma, sobre todo si uno se da cuenta de lo que debe ser una «conciencia lúcida» y de lo que es en realidad el estado en que el hombre vive y actúa.

“El tercer estado de conciencia es el recuerdo de sí, o conciencia de sí, o conciencia de su propio ser. Es  habitualmente admitido que tenemos este estado de conciencia o que podemos tenerlo a voluntad. Nuestra ciencia y nuestra filosofía han pasado por alto el hecho de que no poseemos este estado de conciencia y que por sí solo,  nuestro deseo es incapaz de crearlo en nosotros mismos, sin importar cuan clara sea nuestra decisión.

“El cuarto estado de conciencia es la conciencia objetiva. En este estado un hombre puede ver las cosas tal como son. Algunas veces en sus estados inferiores de conciencia puede tener chispazos de esta conciencia superior. Las religiones de todos los pueblos contienen testimonios de la posibilidad de un tal estado de conciencia que califican como «iluminación»o por otros varios nombres, y lo definen como indescriptible. Pero el único camino justo hacia la conciencia objetiva es a través del desarrollo de la conciencia de sí. Si a un hombre ordinario se le lleva  artificialmente a un estado de conciencia objetiva y se le vuelve luego a su estado habitual, no recordará nada y pensará simplemente que por un lapso de tiempo había perdido el conocimiento. Pero en el estado de conciencia de sí un hombre puede tener chispazos de conciencia objetiva y recordarlos.

“El cuarto estado de conciencia representa un estado totalmente diferente del anterior; es el resultado de un crecimiento interior y de un largo y difícil trabajo sobre sí. “Sin embargo, el tercer estado de conciencia constituye el derecho natural del hombre tal cual es, y si el hombre no lo posee, es únicamente porque sus condiciones de vida son anormales.

Puede decirse, sin exagerar nada, que en la época actual, el tercer estado de conciencia no aparece en el hombre sino sólo por chispazos muy breves y muy raros, y que este estado no puede convertirse en algo más o menos permanente sino por medio de un entrenamiento especial. “Para la gran mayoría de las personas, aun las cultas e intelectuales, el principal obstáculo en el camino para adquirir conciencia de sí es que creen que ya la poseen; en otras palabras, están totalmente convencidas de tener ya conciencia de sí mismas y de poseer todo lo que acompaña a este estado: individualidad en el sentido de un «Yo» permanente e inmutable, voluntad, capacidad para hacer, y así sucesivamente. Por tanto, es evidente que un hombre no se interesará por adquirir, a través de un trabajo largo y difícil, algo que en su opinión ya posee. Por el contrario, si se lo dice, pensará que usted está loco o que intenta explotar su credulidad para un provecho personal. “Los dos estados superiores de conciencia – «la conciencia de sí» y «la conciencia objetiva» – están ligados al funcionamiento de los centros superiores del hombre. “Además de aquellos centros de los cuales hemos hablado, hay en el hombre otros dos centros, el «centro emocional superior» y el «centro intelectual superior». Estos centros están en nosotros; están plenamente desarrollados y trabajan todo el tiempo, pero su trabajo nunca llega a nuestra conciencia ordinaria. La razón debe buscarse en las propiedades especiales de nuestra pretendida «conciencia lúcida». “Para comprender la diferencia entre estados de conciencia, tenemos que regresar al primero, que es el sueño. Este es un estado de conciencia completamente subjetivo. Un hombre está sumergido en sus sueños, no importa si los recuerda o no. Aun si al dormido le llegan algunas impresiones reales, tales como sonidos, voces, calor, frío, sensaciones de su propio cuerpo, no suscitan en él sino fantásticas imágenes subjetivas. Luego el hombre se despierta. A primera vista éste es un estado de conciencia completamente diferente. Puede moverse, hablar con otras personas, hacer proyectos, ver peligros, evitarlos y así sucesivamente. Parece lógico pensar que se encuentra en una situación mejor que cuando estaba dormido. Pero, si profundizamos un poco más las cosas, si echamos una mirada dentro de su mundo interior, dentro de sus pensamientos, dentro de las causas de sus acciones, comprenderemos que está casi en el mismo estado que cuando estaba dormido. Y es peor aún, porque en el sueño él es pasivo, esto es, no puede hacer nada. Por el contrario, en el estado de vigilia, puede hacer algo todo el tiempo y los resultados de sus acciones repercutirán sobre él y sobre lo que lo rodea. Y, sin embargo, no se recuerda a sí mismo. Es una máquina, todo lesucede. No puede detener el ninguno de sus pensamientos, no puede controlar su imaginación, sus emociones, su atención . Vive en un mundo subjetivo de «quiero», «no quiero», «me gusta», «no me gusta», «tengo ganas», «no tengo ganas», esto es, un mundo hecho de lo que él cree que le gusta o no le gusta, de lo que él cree que desea o no desea. No ve el mundo real. El mundo real le está oculto por el muro de su imaginación. Vive en el sueño. Duerme. Y lo que él llama su «conciencia lúcida» no es sino sueño – y un sueño mucho más peligroso que su sueño de la noche, en su cama. “Tomemos algún acontecimiento en la vida de la humanidad.

Por ejemplo, la guerra. Hay una guerra en este momento. ¿Qué significa? Significa que varios millones de dormidos están tratando de destruir a otros millones de dormidos. Por supuesto, rehusarían hacerlo si llegasen a despertar. Todo lo que sucede actualmente se debe a este sueño.

Fuente: Fragmentos de una Enseñanza desconocida. autor: P.D. Ouspensky

lunes, 14 de diciembre de 2009

Los versos aúreos

Honra, en primer lugar,

y venera a los dioses inmortales,

a cada uno de acuerdo a su rango.

Respeta luego el juramento,

y reverencia a los héroes ilustres,

y también a los genios subterráneos:

cumplirás así lo que las leyes mandan.

Honra luego a tus padres

y a tus parientes de sangre.

Y de los demás, hazte amigo

del que descuella en virtud.

Cede a las palabras gentiles

y no te opongas a los actos provechosos.

No guardes rencor

al amigo por una falta leve.

Estas cosas hazlas

en la medida de tus fuerzas,

pues lo posible se encuentra

junto a lo necesario.

Compenétrate en cumplir

estos preceptos,

pero atente a dominar

ante todo las necesidades

de tu estómago y de tu sueño,

después los arranques

de tus apetitos y de tu ira.

No cometas nunca

una acción vergonzosa,

ni con nadie, ni a solas.

 

Por encima de todo,

respétate a ti mismo.

Seguidamente ejerce

en practicar la justicia,

en palabras y en obras,

Aprende a no comportarte

sin razón jamás.

Y sabiendo que morir

es la ley fatal para todos,

que las riquezas,

unas veces te plazca ganarlas

y otras te plazca perderlas.

De los sufrimientos que caben

a los mortales por divino designio,

la parte que a ti corresponde,

sopórtala sin indignación;

pero es legítimo que le busques remedio

en la medida de tus fuerzas;

porque no son tantas las desgracias

que caen sobre los hombres buenos.

Muchas son las voces,

unas indignas, otras nobles,

que vienen a herir el oído.

Que no te turben ni tampoco

te vuelvas para no oírlas.

Cuando oigas una mentira,

sopórtalo con calma.

Pero lo que ahora voy a decirte

es preciso que lo cumplas siempre:

Que nadie, por sus dichos o por sus actos,

te conmueva para que hagas o digas

nada que no sea lo mejor para ti.

Reflexiona antes de obrar

para no cometer tonterías.

Obrar y hablar sin discernimiento

es de pobres gentes.

Tú en cambio siempre harás

lo que no pueda dañarte.

 

No entres en asuntos que ignoras,

mas aprende lo que es necesario:

tal es la norma de una vida agradable.

 

Tampoco descuides tu salud,

ten moderación en el comer o el beber,

y en la ejercitación del cuerpo.

Por moderación entiendo

lo que no te haga daño.

 

Acostúmbrate a una vida sana sin molicie,

y guárdate de lo que pueda atraer la envidia.

 

No seas disipado en tus gastos

como hacen los que ignoran

lo que es honradez,

pero no por ello

dejes de ser generoso:

nada hay mejor

que la mesura en todas las cosas.

Haz pues lo que no te dañe,

y reflexiona antes de actuar.

Y no dejes que el dulce sueño

se apodere de tus lánguidos ojos

sin antes haber repasado

lo que has hecho en el día:

"¿En qué he fallado? ¿Qué he hecho?

¿Qué deber he dejado de cumplir?"

Comienza del comienzo

y recórrelo todo,

y repróchate los errores

y alégrate de los aciertos.

 

Esto es lo que hay que hacer.

Estas cosas que hay

que empeñarse en practicar,

 

Estas cosas hay que amar.

Por ellas ingresarás

en la divina senda de la perfección.

¡Por quien trasmitió a nuestro

entendimiento la Tetraktys

la fuente de la perenne naturaleza!

¡Adelante pues!

ponte al trabajo,

no sin antes rogar

a los dioses que lo conduzcan

a la perfección.

Si observares estas cosas

conocerás el orden

que reina entre los dioses inmortales

y los hombres mortales,

en qué se separan las cosas

y en qué se unen.

Y sabrás, como es justo

que la naturaleza es una

y la misma en todas partes,

para que no esperes

lo que no hay que esperar,

ni nada quede oculto a tus ojos.

 

Conocerás a los hombres,

víctimas de los males

que ellos mismos se imponen,

ciegos a los bienes

que les rodean,

que no oyen ni ven:

son pocos los que saben

librarse de la desgracia.

Tal es el destino

que estorba el espíritu

de los mortales,

como cuentas infantiles

ruedan de un lado a otro,

oprimidos por males innumerables:

porque sin advertirlo

los castiga la Discordia,

su natural y triste compañera,

a la que no hay que provocar,

sino cederle el paso

y huir de ella.

¡Oh padre Zeus!

¡De cuántos males

no librarías a los hombres

si tan sólo les hicieras

ver a qué demonio obedecen!

 

Pero para ti, ten confianza,

porque de una divina raza

están hechos los seres humanos,

y hay también la sagrada naturaleza

que les muestra

y les descubre todas las cosas.

De todo lo cual,

si tomas lo que te pertenece,

observarás mis mandamientos,

que serán tu remedio,

y librarán tu alma

de tales males.

 

Abstente en los alimentos como dijimos,

sea para las purificaciones,

sea para la liberación del alma,

juzga y reflexiona

de todas las cosas y de cada una,

alzando alto tu mente,

que es la mejor de tus guías.

Si descuidas tu cuerpo para volar

hasta los libres orbes del éter,

serás un dios inmortal, incorruptible,

ya no sujeto a la muerte.

 

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Los estados de Conciencia

No se pueden comprender ni las funciones psíquicas ni las físicas, dijo, salvo que se haya captado el hecho de que ambas pueden trabajar en estados diferentes de conciencia.”Hay cuatro estados de conciencia posibles para el hombre (recalcó la palabra “hombre”).

Pero el hombre ordinario, o sea el hombre número 1, 2 ó 3, vive solamente en los dos estados más bajos de conciencia. Los dos estados de conciencia superiores le son inaccesibles y aunque pueda tener chispazos de estos estados, es incapaz de comprenderlos y los juzga desde el punto de vista de estos dos estados de conciencia inferiores que le son habituales.

“El primero, el sueño, es el estado pasivo en el cual los hombres pasan un tercio y a menudo hasta la mitad de su vida.

Y el segundo, el estado en que los hombres pasan la otra mitad de su vida es en el cual caminan por las calles, escriben libros, conversan de asuntos sublimes, participan en la política, se matan los unos a los otros; es un estado que ellos consideran como activo y que llaman de  conciencia lúcida» o «estado de vigilia». Las expresiones «conciencia lúcida» o «estado de vigilia» parecen haber sido escogidas en broma, sobre todo si uno se da cuenta de lo que debe ser una «conciencia lúcida» y de lo que es en realidad el estado en que el hombre vive y actúa.

“El tercer estado de conciencia es el recuerdo de sí, o conciencia de sí, o conciencia de su propio ser. Es  habitualmente admitido que tenemos este estado de conciencia o que podemos tenerlo a voluntad. Nuestra ciencia y nuestra filosofía han pasado por alto el hecho de que no poseemos este estado de conciencia y que por sí solo,  nuestro deseo es incapaz de crearlo en nosotros mismos, sin importar cuan clara sea nuestra decisión.

“El cuarto estado de conciencia es la conciencia objetiva. En este estado un hombre puede ver las cosas tal como son. Algunas veces en sus estados inferiores de conciencia puede tener chispazos de esta conciencia superior. Las religiones de todos los pueblos contienen testimonios de la posibilidad de un tal estado de conciencia que califican como «iluminación»o por otros varios nombres, y lo definen como indescriptible. Pero el único camino justo hacia la conciencia objetiva es a través del desarrollo de la conciencia de sí. Si a un hombre ordinario se le lleva  artificialmente a un estado de conciencia objetiva y se le vuelve luego a su estado habitual, no recordará nada y pensará simplemente que por un lapso de tiempo había perdido el conocimiento. Pero en el estado de conciencia de sí un hombre puede tener chispazos de conciencia objetiva y recordarlos.

“El cuarto estado de conciencia representa un estado totalmente diferente del anterior; es el resultado de un crecimiento interior y de un largo y difícil trabajo sobre sí. “Sin embargo, el tercer estado de conciencia constituye el derecho natural del hombre tal cual es, y si el hombre no lo posee, es únicamente porque sus condiciones de vida son anormales.

Puede decirse, sin exagerar nada, que en la época actual, el tercer estado de conciencia no aparece en el hombre sino sólo por chispazos muy breves y muy raros, y que este estado no puede convertirse en algo más o menos permanente sino por medio de un entrenamiento especial. “Para la gran mayoría de las personas, aun las cultas e intelectuales, el principal obstáculo en el camino para adquirir conciencia de sí es que creen que ya la poseen; en otras palabras, están totalmente convencidas de tener ya conciencia de sí mismas y de poseer todo lo que acompaña a este estado: individualidad en el sentido de un «Yo» permanente e inmutable, voluntad, capacidad para hacer, y así sucesivamente. Por tanto, es evidente que un hombre no se interesará por adquirir, a través de un trabajo largo y difícil, algo que en su opinión ya posee. Por el contrario, si se lo dice, pensará que usted está loco o que intenta explotar su credulidad para un provecho personal. “Los dos estados superiores de conciencia – «la conciencia de sí» y «la conciencia objetiva» – están ligados al funcionamiento de los centros superiores del hombre. “Además de aquellos centros de los cuales hemos hablado, hay en el hombre otros dos centros, el«centro emocional superior» y el «centro intelectual superior». Estos centros están en nosotros; están plenamente desarrollados y trabajan todo el tiempo, pero su trabajo nunca llega a nuestra conciencia ordinaria. La razón debe buscarse en las propiedades especiales de nuestra pretendida «conciencia lúcida». “Para comprender la diferencia entre estados de conciencia, tenemos que regresar al primero, que es el sueño. Este es un estado de conciencia completamente subjetivo. Un hombre está sumergido en sus sueños, no importa si los recuerda o no. Aun si al dormido le llegan algunas impresiones reales, tales como sonidos, voces, calor, frío, sensaciones de su propio cuerpo, no suscitan en él sino fantásticas imágenes subjetivas. Luego el hombre se despierta. A primera vista éste es un estado de conciencia completamente diferente. Puede moverse, hablar con otras personas, hacer proyectos, ver peligros, evitarlos y así sucesivamente. Parece lógico pensar que se encuentra en una situación mejor que cuando estaba dormido. Pero, si profundizamos un poco más las cosas, si echamos una mirada dentro de su mundo interior, dentro de sus pensamientos, dentro de las causas de sus acciones, comprenderemos que está casi en el mismo estado que cuando estaba dormido. Y es peor aún, porque en el sueño él es pasivo, esto es, no puede hacer nada. Por el contrario, en el estado de vigilia, puede hacer algo todo el tiempo y los resultados de sus acciones repercutirán sobre él y sobre lo que lo rodea. Y, sin embargo, no se recuerda a sí mismo. Es una máquina, todo lesucede. No puede detener el ninguno de sus pensamientos, no puede controlar su imaginación, sus emociones, su atención . Vive en un mundo subjetivo de «quiero», «no quiero», «me gusta», «no me gusta», «tengo ganas», «no tengo ganas», esto es, un mundo hecho de lo que él cree que le gusta o no le gusta, de lo que él cree que desea o no desea. No ve el mundo real. El mundo real le está oculto por el muro de su imaginación. Vive en el sueño. Duerme. Y lo que él llama su «conciencia lúcida» no es sino sueño – y un sueño mucho más peligroso que su sueño de la noche, en su cama. “Tomemos algún acontecimiento en la vida de la humanidad.

Por ejemplo, la guerra. Hay una guerra en este momento. ¿Qué significa? Significa que varios millones de dormidos están tratando de destruir a otros millones de dormidos. Por supuesto, rehusarían hacerlo si llegasen a despertar. Todo lo que sucede actualmente se debe a este sueño.

Fuente: Fragmentos de una Enseñanza desconocida.

autor: P.D. Ouspensky

 

viernes, 6 de marzo de 2009

La Verdad en su Totalidad

N. Sri Ram

Publicado en  "Sophía"edición Enero de 1997.

El título de mi conferencia puede dar la impresión de algo abstracto y metafísico, pero espero demostrar que la Verdad no es abstracta, sino viviente y si se considera como una verdad viviente adquiere de inmediato color y luz y se presenta con una perspectiva amplia y profunda.

En primer lugar, ¿qué queremos decir por "Verdad"? .

Es una pregunta difícil de contestar, pero creo que hay la posibilidad de una respuesta muy sencilla: la Verdad es lo que existe efectivamente, lo que ocupa un lugar, y no simplemente lo que se imagina, no una impresión que se crea, aunque una impresión es también un hecho según la importancia que le da la mente de la persona que la recibe.

La totalidad de la Verdad es, por lo tanto, la totalidad de todo lo que es, comprendiendo todo fenómeno y todas las cosas que existen. Cuando hablamos de algo como un hecho o como una verdad, es sólo nuestra comprensión de ello, cuya comprensión corre el riesgo de ser incorrecta o parcial, e incluso perjudicial, si no coincide con la verdad.

Cuando yo escribo concibo una imagen de ello en mi mente, es decir, una impresión de ello, pero esta imagen puede no representar la verdad en su verdadera perspectiva, en su integridad, en su esencia interna. Sin embargo, puede haber un estado o modo de conciencia en el cual la verdad es conocida; un estado en el que no exista separación entre la conciencia que conoce y el objeto conocido. Si se consigue un estado semejante de conciencia, entonces se conocerá la verdad absoluta por lo que a ese objeto se refiere.

Cuatro Categorías en todas las Cosas :

Cuando pensamos en todas las cosas que son, vemos que pueden catalogarse en cuatro categorías.

En primer lugar, hay la materia que existe en tantas formas diferentes.

Estas formas se componen de varias substancias, siendo todas ellas materia. Hay los hechos del mundo material y la comprensión de ellos, tal como los hallamos en la ciencia, resultando una comprensión a un determinado nivel.

Hay luego otra categoría, aparentemente diferente de la materia: es la Vida, la cual parece surgir de unas condiciones particulares de la materia, pero que pueden tener un fundamento distinto, una modalidad diferente. La vida puede que no sea el producto de la materia, sino que puede ser algo que utilice simplemente una base material.

Nadie puede decir razonablemente que ese punto de vista sea ilógico, o que no esté de acuerdo con los hechos de la ciencia.

Luego viene la tercera categoría, que es la Conciencia.

Se la identifica con la Vida, porque dondequiera que exista algo vivo nos encontramos que, en cierta medida, es consciente. La Vida significa experimentación y acción.

La experimentación de las cosas por la respuesta a diferentes estímulos y por el impulso de la acción, el hecho de quererlo, pertenece sin duda a la Conciencia.

Pero entonces hay una distinción entre Vida y Conciencia que consiste en lo siguiente: la Conciencia tiene una libertad que la Vida no tiene.

La Vida actúa siempre con el proceso organizativo, cuyo proceso ella habilita y utiliza.

En el cuerpo humano hay varios procesos operantes, toda clase de impulsos nerviosos, movimientos de diferentes clases, acciones químicas, acciones eléctricas, y así por el estilo, de suerte que no podemos ver a la Vida fuera de estos procesos. Ella los coordina a todos con una inteligencia instintiva. Nadie ha sido capaz de explicar cómo surge esta extraordinaria inteligencia que es electrónica en su rapidez, coordinación y precisión, y que es capaz de movilizar energías para enfrentarse con cualquier contingencia.

La Conciencia, si bien se basa en la organización, es capaz de ir más allá de sus procesos. Se concede toda clase de formas y actúa libremente excepto en las limitaciones que ha creado por sí misma. Puede imaginarse cuanto quiera, pero lo que imagina puede que descanse sobre el terreno de la verdad, o puede que no tenga semejante base.

Hay entonces otra categoría, que es la que surge en la conciencia cuando se ha desprendido completamente de todas las ideas y factores que determinan su acción.

Si contemplamos nuestras mentes tal como son, observaremos el hecho de que la mente está llena de ideas fijas.

También existen algunos hábitos establecidos de pensamiento, y ciertos modos de reaccionar ante las personas, las situaciones y las cosas. Todo junto condiciona a la mente, y nuestros pensamientos, sentimientos y juicios son el resultado de esos condicionamientos.

Supongamos sin embargo que la conciencia se ha librado de este condicionamiento, de todo lo que determina por anticipado su modo de actuar, y entonces será una conciencia totalmente diferente. Su acción y su valor serán diferentes.

La verdad en su totalidad ha de comprender lo que está en todos los diferentes niveles de nuestro ser: forma y vida, tanto como el florecimiento de esa vida.

Ahora bien, la Teosofía en abstracto, - y utilizo la palabra abstracto porque cuanto hallemos en los libros será sólo una declaración parcial, no podrá ser la totalidad  -  la Teosofía, pues, en abstracto, tal como existe en la Naturaleza, en el Universo, ha de ser toda la Verdad, de modo que abarque todos los niveles que acabo de mencionar.

La Verdad, su Acción

La palabra Teosofía significa literalmente Sabiduría, más bien que conocimiento. Hay esta relación entre la Sabiduría y la Verdad, y es que la Sabiduría reside en la acción que está de acuerdo con la verdad, no de acuerdo con ninguna idea falsa o superficial. Por acción quiero decir no sólo la externa, sino también el pensamiento y el sentimiento, que son actividades del propio ser o de la conciencia. La acción ha de comprender toda la acción que tiene lugar en o desde el fondo de ese ser.

La Verdad en su plenitud no es una simpre comprensión mental, sino que ha de incluir lo que se conoce a través del sentimiento, ha de incluir una apreciación de los valores que se traducen en términos de sentimiento.

Una comprensión simplemente mental, árida, prosaica, no es más que una radiografía muy diferente del cuerpo de carne, y no muestra la vida y su significado.

La Verdad en este sentido de una comprensión profunda, total y vital, puede surgir solamente de una mente abierta e incondicionada, y la naturaleza de este estado de incondicionamiento es precisamente el de una sensibilidad pura, y nada más.

Si ya hay algún elemento, o factor, algún mecanismo establecido en la conciencia, entonces esa conciencia obrará de acuerdo con esa idea, hábito o mecanismo; pero cuando no hay nada de todo eso, la conciencia permanece en su propia naturaleza.  Su propia naturaleza es la de ser consciente, sensible y responsiva.

La palabra sensibilidad contiene un significado que involucra un cierto refinamiento, incluyendo la capacidad de sentir, cosa que la palabra conciencia en su uso ordinario no contiene. Pero la conciencia es en verdad, la capacidad de responder a toda cosa tal cual esta cosa es, y esta respuesta ha de incluir un sentido de belleza, el sentimiento de lo feo, un sentido de proporción y los sentimientos de todas clases.

Podríamos decir que la Sabiduría es la Verdad en acción. Cuando la Verdad obra, en lugar de obrar nosotros según lo que nosotros creemos que es la verdad, entonces la naturaleza de la acción es diferente.

Las Limitaciones de la Mente

La Verdad, en su totalidad, no es comprensible por la mente que utilizamos. La actual es una edad mental, y la mente está en plena actividad, ha logrado maravillas. Sus métodos son los de reunir hechos, establecer relaciones, formular hipótesis y utilizar las hipótesis. De esta manera ha procedido yendo de proeza en proeza. Por lo tanto, creemos que la mente, tal como la vemos operar, lo es todo en todo.

Hemos de comprender que la mente tiene sus limitaciones.

Trabaja a base de datos imperfectos; sus juicios y tesis ,pueden no comprender lo más relevante. Más aún, es parcial en su propia manera de obrar.

En un conjunto de hechos dados, relacionados todos entre sí, la mente tendrá que empezar por un punto cualquiera del conjunto, y entonces proceder paso a paso hacia los demás, estableciendo las relaciones entre ellos. Cuando lo hace así su perspectiva ha de ser diferente de lo que sería si hubiese empezado desde otro punto. Su perspectiva desde cada uno de los puntos es necesariamente parcial.

Si ocurre un accidente en una carretera, accidente presenciado por un determinado número de gente, cada uno de ellos lo explicará de diferente manera, al menos en cuanto a énfasis y valoración. A menos que uno sea capaz de situarse por encima de todo ello y tener una rápida visión de conjunto, en un instante, no habrá posibilidad de una total y correcta interpretación del asunto.

Además, la mente no está separada de las emociones. Es inútil pensar que puede estar completamente separada de ellas. Si lo está, aún entonces, no comprenderá toda la verdad. Pues la Verdad no es puramente mental. Uno tiene frecuentemente una preferencia sin que se dé cuenta de ello; la mente de uno interpreta constantemente los hechos de acuerdo con la conveniencia y el interés. Si tenéis prejuicios en contra de una persona, todo cuanto esta persona diga o haga será torcido por ese prejuicio. La mente, tal como es, es un instrumento muy imperfecto.

La Conciencia en su Naturaleza Pura .

Hay un estado de conciencia que puede abarcar el todo de algo, permaneciendo aparte del conjunto de hechos y observándolos desde una diferente dimensión.

Puede tener en cuenta todos los hechos en relación con cualquier otra cosa, exactamente tal como son, sin ninguna interpretación, sin ninguna preferencia o parcialidad; pero esto sólo puede pasar cuando está exenta de todo elemento extraño y no es sino un espejo de la verdad, en estado negativo y sensible como una placa fotográfica. Para la mente es posible asumir esta posible condición en la cual todo es receptividad, sin mezcla de actividad de pensamiento que rompa o disminuya la receptividad.  Entonces retrata todo lo que se le presenta, en su profundidad, y no simplemente la forma, sino también la belleza y el sentimiento contenido en ello.

"Exento de todo elemento extraño". ¿Extraño a qué?. A su propia naturaleza, a la substancia y composición de lo que la conciencia es en esencia. Entonces es una conciencia que está libre de toda nube subjetiva o complejo subconsciente. Queda únicamente en su pura naturaleza, y nada más. Lo que se experimenta en este estado pertenece a modalidades de su propio y libre funcionamiento.

Por "libre" quiero decir libre de todo factor determinante, libre de toda cosa mecánica. Cuando algo actúa automáticamente, en virtud de cierto mecanismo existente, entonces el mecanismo es determinante en su naturaleza, por lo que no hay libertad.  La conciencia es libre del todo sólo cuando hay libertad en su modo de obrar en todas las cosas.

La acción de una mente que esté separada del propio ser ha de ser necesariamente parcial. La mente que utilizamos es realmente un instrumento de nuestro ser. El modo como es utilizada depende de la naturaleza que la utiliza. Si es utilizada por una naturaleza buena, su acción y los efectos de la misma serán muy diferentes de lo que serían si fuese utilizada por una naturaleza cruel o viciosa. La mayoría de los casos, no actuamos con toda la plenitud de nuestro ser, con todo nuestro interés y atención, y ello porque hay varios impedimentos en nosotros que lo privan. Solamente tendremos la posibilidad de comportarnos con plenitud de conciencia, con la plenitud de nuestro ser, cuando no existan esos impedimentos.

Este funcionamiento de la conciencia o del ser, como un todo infinitamente sensible o indivisible, es, en mil modos, o ritmos, en mil formas llenas de armonía o belleza. Esto es lo que constituye la infinita belleza del alma. Y es belleza verdadera, y no lo que viene a llamarse belleza.

Hemos de hacer una distinción entre lo que es verdaderamente bello, intrínseca, realmente bello y lo que es simplemente considerado bello porque tal o cual persona lo dice.

Es muy posible condicionarse de tal modo que nos lleguen a gustar cosas que de otro modo no nos gustarían. Cuando algo nos gusta y lo hallamos agradable, es posible que digamos que es bello. Pero la verdadera belleza es la que demuestra su valor ante la conciencia incondicionada e imparcial, cuyo criterio es el único absoluto y verdadero.

La Verdad Interna

Hay una verdad interna y una verdad externa. Todos comprendemos la verdad en relación a las cosas que existen en su propia naturaleza, en su propia forma, movimiento y propiedades. Pero, ¿qué es la verdad en lo interno?. Es la verdad de la comprensión, del sentimiento, de la experimentación. Cuando entráis en contacto con una cosa, sea cual fuere su naturaleza, hay la acción apropiada con respecto a ella de parte de la conciencia pura, la cual no está condicionada por lo agradable o desagradable. Su sentimiento es el sentimiento verdadero con respecto a dicha cosa. Puede que hayan otros sentimientos posibles, pero no serán la verdadera respuesta, sino solamente una respuesta condicionada. Estos surgen del propio condicionamiento.

La facultad de la conciencia en su propia naturaleza pura es, a la vez, percepción, --la cual, cuando no se trata de algo concreto puede hablarse como de intuición-- y creación. La diferencia entre percepción y creación consiste en esto, en que en el primer caso simplemente percibís o experimentáis una verdad, algo que existe, y en el segundo caso, hay la creación de una forma en la cual lo que se ha experimentado o percibido se expresa.

La acción de la conciencia pura incluye el amor y todos los sentimientos de belleza; éstos pueden expresarse en mil y una forma diferentes, precisamente como pueden haber mil y una armonías, todas ellas combinación de ritmos y vibraciones. Cualquiera que ame la belleza musical sabe que la música puede evocar sentimientos que no pueden describirse de ninguna de las maneras. Los movimientos de la conciencia espiritual pura son como la música.

La verdad de la naturaleza de la vida y de la conciencia es una cuestión de experimentación, no de observación a distancia. ¿Cómo puede uno conocer la naturaleza de la vida por la contemplación superficial de una cosa viviente, anotando sus movimientos? . Uno sólo puede sacar deducciones de ello, y atribuir sentimientos o motivos a esa criatura viviente por los que uno ha experimentado.

La verdad de lo que nosotros somos, como seres de vida y conciencia, es una verdad que es posible de ser experimentada directamente, de inmediato, sin ningún vacío entre lo que se experimenta o conoce, y la conciencia que practica la experimentación. En este conocimiento no hay lugar para la duda, para la argumentación, ni aún para el razonamiento.

La Unidad de la Vida

Aquellos que han experimentado la verdad de la vida y la conciencia, lo cual es posible si levantamos o removemos las varias capas de nuestro propio devenir, las capas de las ideas, de los sentimientos, hábitos y así por el estilo, son testigos del hecho de que la Vida es Una en esencia, aunque presente una infinidad de formas. Se trata de una energía que fluye por un número infinito de conductos, los cuales son las varias formas y la sucesión de formas en la evolución de cada tipo en particular, en cuya sucesión se encuentra la perfección de su individualidad. En virtud de esta Unidad, el conocer la naturaleza de la vida en uno mismo es conocer la naturaleza en todos los demás.

Ahora bien, Materia, Vida, Conciencia y Espíritu --indicando por espíritu el mundo de verdad y belleza revelado en la conciencia incondicionada, todos son secciones de un todo. La Materia, o la organización material, constituye la limitación de la vida y define su modo de acción. Según la naturaleza de la organización es el funcionamiento de la vida. La Vida es Una con la Conciencia, y la Conciencia es el medio de expresión del Espíritu.

Las bases del conocimiento en un ser individual es su conciencia. Es la base para todas sus percepciones, para todo su modo de pensar, para todo el funcionamiento de su ser consciente. Lo que limita esta conciencia, su casi ilimitada capacidad, es la condición de su auto- involución, una condición que tiene por objeto la propia experimentación. En esta condición nos apegamos no sólo a las personas, sino también a muchas cosas y situaciones, también a nuestras ideas; en realidad a todo aquello que nos proporciona gratificación y placer. El centro de estos apegos es el centro de un círculo limitado, el cual constituye una envoltura que aprisiona al Yo. Cuando ese centro, que es como el vórtice de un remolino, se pone en orden entonces la conciencia se libera de sus ataduras y conoce toda la extensión de sí misma y la verdad de cuanto toca en esta expansión. Conoce y siente la verdad, es decir, la naturaleza de cada cosa que existe, sin ninguna reacción. Nada hay en ella con que reaccionar; por lo tanto, no hay reacción y sí sólo acción.

Esta conciencia actúa en su totalidad, no habiendo nada en ella que romper, al modo en que nuestras naturalezas se rompen. Ahora estamos tan afectados por tantas cosas externas y de tan diferentes maneras, y todas estas cosas afectan tanto a la mente que, en vez de conservar su forma integral se quiebra y las piezas rotas permanecen luego amontonadas. Esta es la condición de una mente fracturada, la cual pasa por ser el entero ser. Cuando la mente actúa en su totalidad en cada una de sus acciones, en cada individuo y enfocando la totalidad de su conciencia, aparece en seguida la cualidad y el sentimiento de lo total en la acción. La acción no es con sólo una pequeña parte del propio ser, conciencia o atención; la cualidad de lo total, las energías de lo total, están presentes en cada punto.

Siendo la sensibilidad la propia naturaleza de la conciencia, la medida o grado de sensibilidad es la medida de lo que existe, esto es, de todas las cosas. Puede ser sensible a todas las cosas. El universo está formado de tal modo, que el sujeto hermana al objeto, siendo el objeto la cosa a conocer, y el sujeto el conocedor o la conciencia que conoce; de suerte que la capacidad de conocer está en la medida de lo que ha de ser conocido. No podemos decir cuánto puede abarcar la conciencia, qué profundidades puede alcanzar, cuánto puede experimentar. Su incapacidad se debe en parte al vehículo, y en parte a las limitaciones creadas por su falta de percepción.

Todo es Vida

Si podemos tomar el punto de vista de que todo lo que existe es vida, de que la Vida es la energía única que opera en todo, y considerar todas las formas como limitaciones de esa Vida, necesarias para su expresión, este punto de vista es demostrativo hasta con los puntos de vista de la Ciencia, porque lo que llamamos materia es insubstancial; no es sino energía que actúa a través de diferentes esquemas, entonces la totalidad de la Verdad es la totalidad de las expresiones de la Vida, que son infinitas y variadas, no una semejante a la otra. Siendo la Vida la misma en la gota de agua que en el mar, en el individuo que en el universo, es posible experimentar la naturaleza de esta totalidad en uno mismo. La misma palabra universo sugiere una unidad que se entrega a la diversidad.

Pero para la unidad, la así llamada totalidad no sería sino un conglomerado. Si consideramos el universo como la expresión de la Vida Una, entonces ésta tiene una unidad orgánica, es realmente un árbol de Vida universal.

La Vida no es algo estático, sino una expresión constante de algo que se transforma, se desarrolla y produce cada forma individual, llevando a cada expresión individual desde sí misma a una cima de perfección. Contínuamente hay un desarrollo del significado, no solamente más capacidad e inteligencia, sino también más sensibilidad, más expresión. En este sentido, la Verdad que está en todas partes en su infinita belleza, afluye solamente a los corazones que están completamente abiertos a su recepción. De la misma manera que la naturaleza de todo el océano está reflejada en una simple gota también así la Vida toda, incluídas todas sus expresiones, toda su belleza, toda su inteligencia, todos sus movimientos, es capaz de estar reflejada en el corazón de un Ser individual que al no buscar nada para sí mismo está abierto a todo.

N. Sri Ram

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sábado, 14 de febrero de 2009

TEOSOFÍA MÍSTICA

Norman S. Hankin

The Theosophist, agosto 1989

Como investigadores de la Verdad podemos equiparar la Teosofía mística con el misticismo de la filosofía perenne señalada por Happold en su libro Misticismo.

"Generalizando, el misticismo tiene su fuente en lo que es la materia bruta de toda religión y es también la inspiración de muchas de las filosofías, la poesía, el arte y la música. Es una conciencia de algo Invisible por encima y más allá de todo lo que se ve. En el místico desarrollado, esta conciencia está presente de una forma intensa y altamente especializada. El elemento místico entra en las formas corrientes de experiencia religiosa cuando los sentimientos religiosos sobrepasan su contenido racional, es decir, cuando los elementos ocultos, no racionales, inconscientes, predominan y determinan la vida emocional y la actitud intelectual. En el verdadero místico hay una extensión de la conciencia normal, una liberación de poderes latentes y una ampliación de visión, de suerte que aspectos de la verdad que están por investigar por parte del intelecto racional, se le revelan. Tanto por el sentimiento como por el pensamiento, el místico percibe una inmanencia de lo temporal en lo eterno y de lo eterno en lo temporal. En el místico religioso hay una experiencia directa de la Presencia de Dios. Aunque el no pueda ser capaz de describirlo en palabras, aunque no pueda ser capaz de demostrar lógicamente su validez, para el místico su experiencia es total y absolutamente válida y está rodeada de una certidumbre. Aunque la primera reacción del lector sea de escepticismo estoy totalmente satisfecho. Sin embargo, incluso en esta primera etapa quisiera pedirle que se hiciere a sí mismo estas preguntas: ¿Cuál es la naturaleza de la Realidad, de aquello que en definitiva es? Hasta donde se nos alcanza... ¿lo que sabemos o lo que creemos saber depende de lo que somos capaces de ver de ella con nuestra limitadísima línea de percepción?. ¿No podría ser una posibilidad al menos el que si nuestra línea de percepción se ampliara la viéramos totalmente distinta?

Los místicos no sólo se han encontrado en todas las épocas en todas las partes del mundo y en todos los sistemas religiosos, sino que el misticismo también se ha manifestado de formas parecidas o idénticas dondequiera que la conciencia mística ha estado presente. Por esto algunas veces se le ha llamado la Filosofía Perenne. De su experiencia y de su reflexión sobre ello han surgido las siguientes explicaciones:

1. Este mundo fenomenal de materia y conciencia individual sólo es una realidad parcial y es la manifestación de un Campo Divino en el que todas las realidades parciales tienen su existencia.

2. Forma parte de la naturaleza del hombre, no sólo que puede tener conocimiento de este campo Divino por inferencia, sino que también puede descubrirlo por intuición directa superior a la razón reflexiva en la que el conocedor está, de alguna manera, unido con lo conocido.

3. La naturaleza del hombre no es una naturaleza simple sino dual. No tiene un yo sino dos, el Ego fenomenal del cual es consciente principalmente y tiende a considerar como su verdadero ser, y el yo eterno no fenomenal, el hombre interno, el espíritu, la chispa de la divinidad en él que es su verdadero ser. Es posible para el hombre, si lo desea y está preparado para realizar el esfuerzo necesario, identificarse con su verdadero ser y, por consiguiente, con el Campo Divino que es de la misma o similar naturaleza.

4. El fin primordial de la existencia del hombre en la tierra es descubrir e identificarse a sí mismo con su verdadero ser. Al hacerlo así, llegará a un conocimiento intuitivo del Campo Divino y entonces percibirá la Verdad tal como realmente es, y no tal como, ante nuestras limitadas percepciones humanas parece que es. No sólo eso, sino que entrara en un estado de existencia al que se le han dado diferentes nombres, vida eterna, salvación, iluminación, etc.

En esta lúcida exposición, ¿no vemos las verdades básicas de la Teosofía claramente expresadas? La Monada eterna -siempre permanente en el Campo Divino- sembrando su Luz en la Individualidad Divina, o Ego, del hombre; de la cual emanan las diferentes personalidades parciales en el 'mundo fenomenal' el cual es sólo una realidad parcial. También debe tenerse en cuenta que el mundo del misticismo, en la filosofía teosófica, es el mundo de lo Real; donde el tiempo y el espacio tal como los conocemos dejan de existir y a medida que nos identificamos cada vez más con lo Real se convierten en la Duración y el Espacio sin las obstrucción de las idea tridimensionales del plano físico.

Como dice H.P.B. en La Doctrina Secreta:

El Espacio y el Tiempo son uno. El espacio y el tiempo no tienen

nombre porque son el incognoscible, aquello que sólo puede ser

percibido a través de los Siete Rayos,  que son las Siete Creaciones,

los Siete Mundos, las Siete Leyes, etc.

Sin embargo, para propósitos prácticos vivimos en un mundo de tiempo lineal y de espacio tridimensional y como seres humanos hemos de comprender y conquistar este mundo antes de levantar nuestra mirada hacia las montañas. Todas nuestras ideas sobre Teosofía; todo nuestro conocimiento de los sistemas solares, cadenas, rondas, razas, y subrazas; los principios y los vehículos del hombre; las leyes del karma y de la reencarnación; incluso los ideales que concebimos de Aquéllos que fortalecen y guían toda vida, son parte de este mundo irreal. Para conocer realmente debemos irrumpir, traspasando estos conceptos mentales en la Realidad viviente que ellos expresan en parte ; y es el misticismo teosófico el que nos lleva más allá de los confines del intelecto hacia el mundo de lo Real. Como todos los procesos de la vida, el trabajo es cíclico y es solo con la preparación de la conciencia (o vehículo, si lo prefieren) que aprende a comprender y a actuar desde los aspectos universales de la Realidad más bien que desde los caprichos pasajeros de la personalidad.

Oigamos lo que dicen sobe el tema del Espacio los místicos de diferentes épocas:

IBN' ARABI ( Sufi ):

El corazón del gnóstico posee tal amplitud que Abu Yasid al - Bistami dijo de él : " Si el divino Trono, con todo lo que le rodea, se encontrara cien millones de veces en una esquina del corazón del gnóstico, él no lo sentiría”; y, Junayd dijo en el mismo sentido : "Si lo efímero y lo eterno se unen, ya no queda ninguna huella del primero;  porque ¿Cómo podría el corazón que contiene lo eterno sentir la existencia de lo efímero?

MEISTER ECKART ( cristiano ) :

El hombre que penetra en Dios ya no posee ni tiempo ni espacio, ni nada identificable que se exprese en palabras. Sin embargo, se puede razonar, si usted lo cree necesario, que el espacio ocupado por cualquier alma es ampliamente superior al que ocupan el cielo y la tierra y toda la creación de Dios. Diré más; Dios podría crear cielos y tierras a granel y sin embargo, estos junto con la multiplicidad, de las criaturas que ya ha creado, serían menos extensos que las simple cabeza de un alfiler comparado con el punto de vista de un alma armonizada en Dios.

Y sobre el tema del Tiempo, el Tao de Chuang.tse dice:

Antes que el cielo y la tierra existieran, el Yao ya era. Ha existido sin cambios desde siempre. Los seres espirituales tomaron su espiritualidad de ahí, mientras el universo se convertía en lo que ahora podemos ver.

Para el Tao, el cenit no está arriba ni el nadir abajo; ningún punto en el tiempo está lejos, ni con el paso de las edades ha envejecido.

Y de nuevo, de Meister Eckart:

“El ahora en donde Dios hizo al hombre y el ahora en donde el último hombre se disuelve, y el ahora en que estoy hablando, son todos lo mismo en Dios, donde no hay más que el ahora .Los acontecimientos de hace miles de años, los días que pasaron hace milenios, están en la eternidad, no más allá de lo que es este momento que yo paso ahora; el día que ha de llegar dentro de miles de años, o en tantos años que no se pueden contar, no está más distante en la eternidad de lo que lo está este mismo instante de ahora.”

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domingo, 28 de diciembre de 2008

The Museum of Lost Wonder (Inglés)

Los invito a visitar este museo:

 http://www.lostwonder.org/index.html

miércoles, 24 de diciembre de 2008

El valor estético de la vida

Por Ralph M. Lewis, F.R.C.

Para todo ser humano, las experiencias de la vida caen dentro de tres grandes categorías. La primera es la biológica. Esta consiste de nuestros instintos y apetitos, incluyendo nuestras características genéticas heredadas. La categoría biológica de la vida es principalmente compulsiva en su influencia sobre nosotros. No podemos suprimir completa mente nuestros apetitos e instintos sin tener efectos desastrosos en nuestro ser físico y mental.

Podemos tratar de comprender estas funciones biológicas y con ello refrenarlas. Podemos luchar para ser el maestro de nuestras fuerzas vitales en vez de ser manejados por ellas. El hombre debe observar el lado biológico de la vida como una tremenda fuerza dinámica. A este respecto es un fenómeno cósmico maravilloso, perfecto y misterioso. Pero una fuerza dinámica debe tener un propósito o su energía se desperdiciará. Nuestra responsabilidad es fijar metas.

Con relación a esto podemos usar la analogía de la llama de la vela. Las propiedades químicas de la vela y del aire mantienen la llama ardiendo. Pero, ¿por qué debería encenderse una vela? ¿Por qué debería seguir ardiendo la llama? Nosotros somos los que debemos relacionar un propósito con la función de tales leyes naturales. Encendemos la vela por razones simbólicas o prácticas. Sin embargo, si fuéramos a encender una vela y permitiéramos que ardiera sin propósito alguno, sería una pérdida de material y energía. Igualmente, debemos considerar la naturaleza biológica de nuestro ser y asignarle un propósito.

La segunda categoría en la cual recaen nuestras experiencias de la vida, es la sociológica. Usamos este término para indicar nuestras relaciones humanas. No vivimos solos, somos parte de una gran familia humana. La gran mayoría de nosotros no puede escapar a un lugar aislado o separado ni lo qui siéramos. Por lo tanto, existe una imposición sobre nosotros, ciertos deberes y responsabilidades res pecto a nuestros semejantes. A su vez, necesitamos y exigimos cierta reciprocidad de parte de nuestros congéneres.

Esta categoría sociológica de la vida no es una compulsión de la naturaleza, más bien es algo que nosotros ideamos principalmente. Sin embargo, la forma u orden que le damos a nuestra sociedad se debe a dos influencias principales. La primera es el ambiente. Las condiciones climáticas determinan grandemente los hábitos y costumbres de la vida. Por ejemplo, los habitantes prehistóricos de algún lago alpino se enfrentaron a condiciones muy, di ferentes de aquéllas experimentadas por los nómadas del desierto. El clima templado del valle del Nilo favoreció al surgimiento de la civilización mucho antes que lo hiciera el clima glacial de Europa.

Hasta la ubicación geográfica influye en el tipo de gobierno que el hombre establece para su sociedad. Por ejemplo, Grecia es una tierra dividida por muchas bahías y ensenadas, que con frecuencia están separadas la una de la otra por elevadas montañas. Los mares limítrofes tienen muchas islas. De este modo, los antiguos poblados griegos estuvieron más o menos aislados unos de los otros. En estos alrededores los griegos cultivaron un espíritu de independencia y confianza en sí mismos. Esto a la vez inculcó un fervor de libertad por parte de cada una de estas comunidades. De aquí salió la primera forma de democracia.

La categoría sociológica de vida es también un resultado de los ideales que los hombres persiguen. Como los hombres piensen, así vivirán. Si el fervor de un ideal es lo suficientemente fuerte, vencerá todo obstáculo. Un ideal que captura la imaginación de un pueblo, con el tiempo lo mueve a una acción colectiva. Este idealismo visto como una motivación, ha sido demostrado con frecuencia en la religión, la política y las costumbres sociales. No obstante, no todos los ideales han sido beneficiosos para nuestra categoría sociológica de la vida.

Un ideal es algo a lo que el hombre aspira. No todos los ideales son justos, algunos pueden ser impulsados por el miedo, la superstición o la intolerancia. Se ha instituido mucha persecución religiosa por un concepto erróneo, un ideal in correcto. En nuestra categoría sociológica de la vida todos hemos conocido ideales previos que han sido modificados o abolidos. Hoy en día tenemos ideales políticos que dividen al mundo y cada uno de ellos tiene millones de seguidores. Por lo tanto, esta categoría sociológica de la vida que experimentamos es principalmente nuestra propia obra.

La tercera categoría de la vida que experimentamos es la estética. Es el orden más elevado de la vida, al extraer de ésta su más grande valor. Este valor de la vida, esta cualidad de la estética, es la belleza. ¿Qué es esta belleza y cómo la reconocemos? ¿Se hereda el sentido estético o lo adquirimos y lo desarrollamos? Todo logro magnífico del hombre en cualquier aspecto de su esfuerzo ha estado apoyado por un impulso estético.

¿Transmitimos la idea de belleza a todas las cosas de nuestro mundo a las cuales llamamos hermosas o las cosas despiertan dentro de nosotros la conciencia de la belleza? Estas son preguntas que los filósofos han estado considerando por siglos. La ciencia moderna en el campo de la psicología ha asumido igualmente la búsqueda de una respuesta a estas preguntas

Parece apropiado mencionar brevemente estas especulaciones y conclusiones antiguas y nuevas. Sócrates dijo que el amor es un mediador entre Dios y el hombre. Es la aspiración de lo incompleto hacia aquello que lo completará. Sócrates dice que el amor avanza paso a paso. Primero, existe el amor del cuerpo, la belleza física. Luego sigue la belleza de la mente y el alma. Finalmente, existe la belleza en sí misma, absoluta, separada, simple, eterna.

Platón nos dice que la alegría de la belleza es la imitación de la idea del bien. Esta idea está en armonía con el bien que concebimos. Poniéndolo de una manera simple, existen ciertos valores que concebimos como buenos. Entonces, lo hermoso es aquello que representa o está en armonía con las ideas del bien.

Emmanuel Kant dijo que lo hermoso tiene un carácter a priori. En otras palabras, la noción de lo hermoso es innata; es una cualidad que reside en el hombre. La forma que nos encanta tiene una relación externa con esta cualidad de belleza interna a priori que tenemos. No obstante, este sentido de belleza interno es amorfo. En consecuencia, no puede haber belleza que sea universalmente reconocida por todos los hombres. Expresado en forma simple, la plenitud de la belleza surge en conexión con los objetos que se relacionan armoniosamente con nuestra sensibilidad personal.

Jorge Santayana, un filósofo moderno, dijo que la estética es un placer objetivado. Quiso decir que ésta es una forma de empatía. En otras palabras, pro yectamos nuestros sentimientos de placer a algún objeto.

El enfoque científico

Hemos considerado la noción filosófica de la estética. En realidad, los otros diferentes puntos de vista filosóficos son principalmente una narración distinta de las mismas o similares ideas. Ahora consideraremos un concepto científico de la estética y la belleza. Se sostiene que enfocamos el arte de acuerdo a las necesidades, habilidades y capacidades del organismo humano. Más específicamente, lo que necesitamos crea un deseo de nuestra parte.

Cualquier cosa que satisfaga ese deseo tiene una cualidad de belleza para nosotros. En otras palabras, cualquier cosa que sea agradable es una especie de belleza, si por ésta damos a entender aquello que es armonioso. Un sonido, un color o una forma pueden ser hermosos. Aún un sabor o un sentimiento pueden ser hermosos desde el punto de vista del placer.

La psicología estudió más profundamente el asunto de si la belleza es totalmente subjetiva, es decir, residente o relacionada en parte con las propiedades físicas del objeto al que consideramos bello. En un estudio científico, 4556 estudiantes universitarios fueron sometidos a un examen. Se descubrió que sus preferencias en colores estaban en este orden: azul, rojo, violeta, verde y anaranjado. Este orden de preferencia se encontró entre estudiantes de dife rentes razas y culturas. ¿Por qué? La ciencia no dio una explicación excepto de que tal preferencia estaba relacionada probablemente con el organismo humano.

Podemos suponer además que esta preferencia se debió a la relación evolutiva gradual del hombre con su medio ambiente. Los colores que se prefirieron son los que destacan más comúnmente en los diferentes fenómenos de la naturaleza, los cuales experimentamos. Ejemplos comunes son: cielos azules, puestas de sol rojas y violetas, y follaje verde. Estos son lo que los hombres llegaron a adoptar al estar en armonía con sus sentimientos.

Además, los exámenes han demostrado que los extrovertidos tienden a preferir colores vivos. Esto se debe quizás a la capacidad del organismo para adaptarse a los diferentes grados de estímulo. Un extrovertido es más dinámico físicamente; tiene un impulso físico mayor. En consecuencia, los colores más vivos proporcionan ese estímulo al cual él está acostumbrado.

Por otro lado, el introvertido responde a colores discretos. Los colores más vivos son sobreestimulantes para él; no los consideraría hermosos, sino más bien chillones o aun irritantes. Los diferen tes colores producen ciertos estados de ánimo. Con secuentemente, algunos colores han sido juzgados como: coléricos, calmantes, melancólicos, cálidos, vivos y así sucesivamente.

Nuestro propio subconsciente puede producir imágenes de belleza en nuestra mente. Por lo tanto, tratamos de descubrir en la naturaleza aquellas cosas que corresponderán a estas imágenes mentales. Cuando lo hacemos, decimos que ellas son hermosas. Este comportamiento se llama técnicamente formación de imágenes hipnagógicas. Una persona con una cualidad como ésta puede cerrar los ojos y experi mentar todo un mundo de actividad visual. Se dice que muchos artistas expresan estar en deuda con este mundo interno de forma y color que ellos ex­perimentan. Ciertamente la belleza de la poesía es una objetivación de la imagen mental de belleza que el poeta tuvo.

Por lo tanto, podemos hacer nuestro mundo más hermoso o podemos limitarlo a unos cuantos tipos de belleza física. La búsqueda de la belleza en la categoría estética de la vida empieza dentro de nosotros. Comienza con el sentido y la comprensión de la armonía interna y la sensibilidad de nuestro ser. Por lo tanto, consiste en cultivar los sentimientos más sutiles que tenemos. Cuando nos emocionamos psíquicamente en meditación por estas sensaciones más sutiles, entonces buscamos exteriorizarlas. Deseamos hacer a la materia, al mundo físico, asumir un orden, una forma que complementará nuestros sentimientos internos. Cuando hacemos esto, la categoría estética de la vida es magnífica.

Uno de los filósofos griegos citó un ejemplo de esta relación del mundo con el ser estético. El dijo que un escultor empieza con un bloque de mármol. Entonces imprime físicamente sobre éste el ideal de belleza, la forma que ve y siente dentro de sí mismo. La estatua sólo se vuelve aparentemente bella cuando corresponde a la belleza interna del artista.

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domingo, 30 de noviembre de 2008

HERMES TRISMEGISTO “MAESTRO DE LA SABIDURIA”

De los libros de Hermes, el "Tres veces Grande", procedentes del país del Nilo, han quedado muy pocos datos y escasos originales dignos de auténtica fe.

Según antiguas crónicas, en la famosa Biblioteca de Alejandría, durante el reinado de la última dinastía de los Tolomeos, se guardaban de Hermes, el más sabio maestro de la antigüedad, 42 libros esotéricos que resumían toda la sabiduría de las edades.

Mas, después de la inmensa catástrofe que significó el gran incendio que asoló dicha Biblioteca a raíz del desembarco de la armada romana de Julio César en el puerto de Alejandría, no se pudo recuperar sino algunos fragmentos que se suponen son derivados de fieles traducciones griegas efectuadas por escribas y eruditos por encargo de los faraones Tolomeos.

Ellos son "El Pymander", "El Kybalión", ciertos libros de poemas sueltos y "El Libro a la Salida de la Luz del Día", más conocido como "Libro de los Muertos", por haberse encontrado ejemplares de él dentro del sarcófago de las momias de algunos destacados egipcios. Algunos fragmentos sueltos proceden de citas de las que fueron depositarias diversas escuelas de la época: gnósticas, teosóficas, platónicas, herméticas o eclécticas, acogidas en Alejandría y más tarde agrupadas e interpretadas bajo el título genérico de "Libros de Toth-Hermes”.

Tales libros de Toth circularon profusamente durante el período de dominación romana por los tres continentes de África, Europa y Asia cercana bajo el lema de "Corpus-Herméticum" en traducción latina la que, unida a la griega, a otras de procedencia árabe y a las egipcias en lengua popular, han llegado hasta nuestros días.

La línea esencial de toda la ideología hermética es la afirmación básica de un solo inmenso dios y de una sola religión raíz, científica y filosófica, a la que servían sabios moral y espiritualmente excelsos, ya que no podía encarnar tan elevada doctrina en quien no estuviera dotado de verdadera experiencia espiritual. Así lo justifican los sabios herméticos.

De ello se infiere que las verdades herméticas no podían transferirse integralmente más que a través de un auténtico y probado merecimiento.

La senda más perentoria de tal logro era el conocimiento, pero no a través de estudios mentalizados, sino de la llamada mente iluminada o superior, lo que podríamos llamar intuición adherida al super-razonamiento, traducida por NOUS por griegos y exégetas hermenéuticos.

La opinión de los antiguos respecto a las enseñanzas de Hermes se objetiva en esta imagen: es una puerta abierta a una dilatadísima perspectiva de praderas verdes, inmensas, llenas de sol y de flores preciosas y multicolores.

Esa maravillosa "puerta abierta" a lo desconocido, y cuyo alto mirador franqueaban los escritos de Hermes, constituía el gran aliento vital, el aliento del espíritu de toda agrupación humana selectiva, cuya finalidad era la investigación de la verdad en el hombre y en el cosmos. Y su divisa común, la famosa frase de la llamada Tabla Esmeraldina del propio Hermes: "Como abajo, así es arriba; como arriba, así es abajo."

De ese modo, el fundador de la religión-filosofía, poniendo en juego el estudio y la experiencia profunda y directa a través de la supermente y del espíritu, alimentó, desde aquella remota época, todo empeño del hombre en atisbar las esencias reales de la vida divina, así en el interior del propio individuo como en el Universo, en todas sus trascendencias y sus misterios. Hijos de la sabiduría hermética fueron, pues, los mensajes espirituales de Persia, Siria, Judea, Anatolia, Grecia, y otros nacidos y derivados de esa semilla espiritual depositada en las fecundas aguas del Nilo. Todas las civilizaciones antiguas tienen, por lo tanto, la misma fuente.

Porque desde Egipto Hermes pasó a Grecia, apoyado en su trascendente mitosofía y aportando a ella todo su bagaje de sabiduría. Por el delta del Nilo se derramó el mensaje profundo y legendario del "Tres Veces Grande", desde Alejandría a todo el Mediterráneo.

Entre las obras herméticas perdidas debido a catástrofes, guerras, ignorancias, fanatismos y la falta de comprensión posterior, parece que se hallaba una obra llamada "Libro de los Alientos o de las Respiraciones”, cuya ciencia enseñó el gran Hermes, y cuyas lecciones se recogieron en la India y fueron divulgadas a través del Hatha Yoga, y, en su más trascendente efectividad, a través del Raja Yoga o Yoga Real. De todos modos, también en occidente existen testigos fidedignos de estas específicas enseñanzas del maestro egipcio y de su importantísimo libro.Mead, el gran escritor hermetista del siglo antepasado, realizó un exhaustivo estudio de las obras herméticas. Nos dice a propósito de ellas que llegó a la conclusión que tales obras se originan en otro Hermes predecesor del "Tres Veces Grande", un Hermes antiquísimo, anterior al diluvio, o sea, anterior al hundimiento de la Atlántida. Esto confirmaría nuestro aserto de que la sabiduría, la ciencia, las artes todas del primitivo Egipto, tan extraordinariamente avanzadas, les fueron legadas por los atlantes antes del hundimiento. Los datos más precisos se encuentran grabados en un pilón de piedra de una de las más antiguas construcciones de Egipto. Y a través de los milenios sucesivos, sobre todo durante el período alejandrino, otros sabios atestiguaron diversos sucesivos Hermes, avatares cíclicos que renovaban el mensaje de las edades mediante la adaptación cíclica de la misma eterna sabiduría. Es por esto que las enseñanzas herméticas constituyen una síntesis de verdades perennes.

Los sabios que han dado fe de las originarias enseñanzas de Hermes y de los mencionados principios, fueron Manethon, Cicerón, Ammiano, Josefo, Heródoto, en cierto modo Plinio, así como muchos otros.

Al sucederse las épocas y las dinastía en las orillas del Nilo, se fueron encontrando fragmentos de los Libros de Toth en inscripciones de origen antiquísimo, sobre todo en el interior de las criptas secretas de los grandes templos, especialmente en las cercanas al Delta, donde florecieron los primeros núcleos de civilización egipcia, no lejos de la Esfinge y de las Pirámides.En el cercano oriente se conocieron durante muchos siglos dichas verdades compiladas en una obra que llevaba por título "La Profecía de Hermes".

Las enseñanzas herméticas lograron un inmenso auge con la extensión del platonismo en el mundo culto, durante el esplendor de la civilización griega que nació entreverada con la egipcia. También parece que las enseñanzas herméticas constituyeron el trasfondo del ideario de la escuela estoica; lo que da a entender su fuerza y su importancia y la cosecha de su poderosa siembra eficaz en el mundo antiguo, así como su trascendental raigambre proseguida y reconocida en el campo de las ideas madres y de la conducta del hombre superior.

Como hemos insinuado al comienzo, fueron los griegos ilustres los que tradujeron pulcra y fielmente las enseñanzas herméticas, haciendo que sobrevivieran y se difundieran en el mundo antiguo después de la gran catástrofe del incendio de la Biblioteca y la desaparición de la Escuela de Alejandría. Estas traducciones fueron citadas posteriormente y vertidas al sirio, al árabe, a diversas lenguas asiáticas, hasta llegar a nuestros días y a nuestra época, la que está en trance de renacer espiritualmente al iniciarse un nuevo ciclo zodiacal de civilización a nivel mundial: la Era de Acuario. Porque debido a la acción de esta ley cíclica y a sus ondas de avance y aparente retroceso, se indagan los orígenes de estas inmensas raíces espirituales que alimentaron edades y que constituyeron la divina herencia del mundo de todos los tiempos.

Parece ser que la postrera dinastía egipcia de faraones, la de los Tolomeos, fomentó excepcionalmente el estudio y la fiel versión a varios antiguos idiomas de las obras herméticas. En las aulas de Alejandría, en su biblioteca y museo, sostenidos por los faraones, había centenares de escribas consagrados a la copia manual de tales primitivos códices allí depositados, archivados como joyas auténticas del saber en los anaqueles del más destacado centro cultural del mundo antiguo.

Consta en las antiguas crónicas dispersas que los Libros de Hermes, fragmentariamente salvados, constituyeron después el alimento espiritual de filósofos, profetas, pedagogos, científicos, investigadores, poetas y místicos de todos los países en todas las lenguas cultas conocidas. El ansia de investigación y estudio alentaba en todos los ansiosos de la verdad que se afanaban en allegar conocimientos en aquellas limpias fuentes del saber, sin discriminación de escuela, tendencia, religión, psicología, formación o raza. Debido a ese elemento ecléctico imperante en la mejor época alejandrina, podemos todavía hoy aprovechar la ofrenda milenaria de aquellas enseñanzas puras.

Con respecto a los Libros herméticos, cita Duncan Grenlees un pasaje de Efraín Syrius, en el que se dice que en el año 365 d,c. existían varios libros de Hermes en Siria, sin duda traducidos del griego o del latín.

Otros afirman que los primeros musulmanes protegían la secta de los herméticos, y que en ellos se inspiraban sus libros. Lo cierto es que hasta el siglo VIII, podían encontrarse en Siria varios fragmentos.

El escritor hermético Scott, afirma que en el siglo XI una copia de tales libros pasó a Constantinopla, entonces la capital del cristianismo. Esta copia, al parecer, llegó mas tarde a Florencia, centro del renacimiento de todas las culturas clásicas, especialmente impulsado por la hegemonía de los Medici y de su Escuela Neoplatónica, la que atrajo a los mejores talentos asiáticos cuando los turcos invadieron Constantinopla.

Volviendo al período alejandrino, Jámblico, el gran maestro sirio radicado en Egipto, afirma que el pensamiento hermético impregnó en aquella época a la filosofía platónica.

Posteriormente, autores ignorados difundieron los libros de Hermes en forma fragmentada y tal vez mistificada, como diálogos breves entre Hermes y su hijo o discípulo Tat. Dos de tales fragmentos dialogados eran conocidos como enseñanzas de Isis a su hijo Horus. Según los críticos antiguos, tales diálogos eran los mejores porque constituían una traducción fiel del antiguo original egipcio, lo que es dudoso. Sin embargo, en tales diálogos no se advierte el influjo gnóstico o hebreo, ni tampoco las tendencias de otras escuelas de la época alejandrina. De acuerdo con este aserto, parece que las obras de Plutarco sobre Isis y Osiris, y los mismos escritos de Manethon, el favorito del segundo Tolomeo, se inspiran en los textos herméticos directos que alimentaron, a su vez, las copias sucesivas.

De todos estos libros herméticos, vulnerado en parte su sentido original a través del tiempo y las excluyentes tendencias ideológicas, el conocido como "Asclepio" es de la máxima importancia para los estudiantes de hermetismo, a pesar de las naturales corrupciones. Parece que su mejor parte ha sido compilada bajo el título de "Pymander" y que ha conservado bastante bien su aliento original merced a haber sido cuidadosamente traducido al demótico o lengua jeroglífica popular en las postrimerías de la gran civilización egipcia.

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