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jueves, 14 de enero de 2010

Jesus y los Evangelios

Adjunto links de dos interesantes charlas en la radio sobre Jesús y los evangelios.


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http://www.lucesenlaoscuridad.es/grabaciones.php?elemento=1756

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martes, 12 de enero de 2010

ESPEJOS

 

Por Deepak Chopra

Todos somos extensiones del campo universal de energía, distintos puntos de vista de una entidad única. Esto implica ver todas las cosas del mundo, ver a todas las personas del mundo y darnos cuenta de que estamos mirando otra versión de nosotros. Tú y yo somos lo mismo. Todo es lo mismo. Todos somos espejos de los demás y debemos aprender a vernos en el reflejo de las demás personas. A esto se llama espejo de las relaciones. A través del espejo de una relación, descubro mi yo no circunscrito. Por esta razón, el desarrollo de las relaciones es la actividad más importante de mi vida. Todo lo que veo a mi alrededor es una expresión de mí mismo. Las relaciones son una herramienta para la evolución espiritual cuya meta última es la unidad en la conciencia.

Todos somos inevitablemente parte de la misma conciencia universal, pero los verdaderos avances tienen lugar cuando empezamos a reconocer esa conexión en nuestra vida cotidiana. Las relaciones son una de las maneras más efectivas para alcanzar la unidad en la conciencia, porque siempre estamos envueltos en relaciones. Piensa en la red de relaciones que mantienes: padres, hijos, amigos, compañeros de trabajo, relaciones amorosas. Todas son, en esencia, experiencias  espirituales. Cuando estás enamorado, romántica y profundamente enamorado, tienes una sensación de atemporalidad. En ese momento, estás en paz con la incertidumbre. Te sientes de maravilla, pero vulnerable; sientes cercanía pero también desprotección. Estás transformándote, cambiando, pero sin miedo. Te sientes maravillado. Ésa es una experiencia espiritual.

A través del espejo de las relaciones, de cada una de ellas, descubrimos estados prolongados de conciencia. Tanto aquellos a quienes amamos como aquellos por quienes sentimos rechazo, son espejos de nosotros. ¿Hacia quiénes nos sentimos atraídos? Hacia las personas que tienen características  similares a las nuestras, pero eso no es todo. Queremos estar en su compañía porque subconscientemente sentimos que al hacerlo, nosotros podemos manifestar más de esas características. Del mismo modo, sentimos rechazo hacia las personas que nos reflejan las características que negamos de nosotros.

Si sientes una fuerte reacción negativa hacia alguien, puedes estar seguro de que tú y esa persona tienen características en común, características que no estás dispuesto a aceptar. Si las aceptaras, no te molestarían. Cuando reconocemos que podemos vernos en los demás, cada relación se convierte en una herramienta para evolución de nuestra conciencia.

Gracias a esta evolución experimentamos estados extendidos de conciencia. La próxima vez que te sientas atraído por alguien, pregúntate qué te atrajo. ¿Su belleza, gracia, elegancia, autoridad, poder o inteligencia? Cualquier cosa que haya sido, sé consciente de que esa característica también florece en ti. Si prestas atención a esos sentimientos podrás iniciar el proceso de convertirte en ti más plenamente. Lo mismo se aplica a las personas hacia las que sientes rechazo.

Al adoptar más plenamente tu verdadero yo, debes comprender y aceptar tus características menos atractivas. La naturaleza esencial del Universo es la coexistencia de valores opuestos. No puedes ser valeroso si no tienes a un cobarde en tu interior; no puedes ser generoso si no tienes a un tacaño; no puedes ser virtuoso si careces de la capacidad para actuar con maldad. Gastamos gran parte de nuestras vidas negando este lado oscuro y terminamos proyectan do esas características oscuras en quienes nos rodean. ¿Has conocido personas que atraigan sistemáticamente a su vida a los sujetos equivocados? Normalmente, aquéllas no comprenden por qué les sucede esto una y otra vez, año tras año. No es que atraigan esa oscuridad; es que no están dispuestas a aprobarlas en sus propias vidas.

Un encuentro con una persona que no te agrada es una oportunidad para aceptar la paradoja de la coexistencia de los opuestos; de descubrir una nueva faceta de ti. Es otro paso a favor del desarrollo de tu ser espiritual. Las personas más esclarecidas del mundo aceptan todo su potencial de luz y oscuridad. Cuando estás con alguien que reconoce y aprueba sus rasgos negativos, nunca te sientes juzgado. Esto sólo ocurre cuando las personas ven el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto, como características externas.

Cuando estamos dispuestos a aceptar los lados luminoso y oscuro de nuestro ser, podemos empezar a curarnos y a curar nuestras relaciones. Todos somos  multidimensionales, omnidimensionales. Todo lo que existe en algún lugar del mundo también existe en nosotros. Cuando aceptamos esos distintos aspectos de nuestro ser, reconocemos nuestra conexión con la conciencia universal y expandimos nuestra conciencia personal. Las características que distinguimos más claramente en los demás están presentes en nosotros. Cuando seamos capaces de ver en el espejo de las relaciones, podremos empezar a ver nuestro ser completo. Para esto es necesario estar en paz con nuestra ambigüedad, aceptar todos los aspectos de nosotros.

Necesitamos reconocer, en un nivel profundo, que tener características negativas no significa que seamos imperfectos. Nadie tiene exclusivamente características positivas. La presencia de características  negativas sólo significa que estamos completos; gracias a esa totalidad, podemos acceder más fácilmente a nuestro ser universal, no circunscrito. Una vez que puedas verte en los demás, será mucho más fácil establecer contacto con ellos y, a través de esa conexión, descubrir la conciencia de la unidad. Éste es el poder del espejo de las relaciones.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Los estados de Conciencia

No se pueden comprender ni las funciones psíquicas ni las físicas, dijo, salvo que se haya captado el hecho de que ambas pueden trabajar en estados diferentes de conciencia.”Hay cuatro estados de conciencia posibles para el hombre (recalcó la palabra “hombre”).

Pero el hombre ordinario, o sea el hombre número 1, 2 ó 3, vive solamente en los dos estados más bajos de conciencia. Los dos estados de conciencia superiores le son inaccesibles y aunque pueda tener chispazos de estos estados, es incapaz de comprenderlos y los juzga desde el punto de vista de estos dos estados de conciencia inferiores que le son habituales.

“El primero, el sueño, es el estado pasivo en el cual los hombres pasan un tercio y a menudo hasta la mitad de su vida.

Y el segundo, el estado en que los hombres pasan la otra mitad de su vida es en el cual caminan por las calles, escriben libros, conversan de asuntos sublimes, participan en la política, se matan los unos a los otros; es un estado que ellos consideran como activo y que llaman de  conciencia lúcida» o «estado de vigilia». Las expresiones «conciencia lúcida» o «estado de vigilia» parecen haber sido escogidas en broma, sobre todo si uno se da cuenta de lo que debe ser una «conciencia lúcida» y de lo que es en realidad el estado en que el hombre vive y actúa.

“El tercer estado de conciencia es el recuerdo de sí, o conciencia de sí, o conciencia de su propio ser. Es  habitualmente admitido que tenemos este estado de conciencia o que podemos tenerlo a voluntad. Nuestra ciencia y nuestra filosofía han pasado por alto el hecho de que no poseemos este estado de conciencia y que por sí solo,  nuestro deseo es incapaz de crearlo en nosotros mismos, sin importar cuan clara sea nuestra decisión.

“El cuarto estado de conciencia es la conciencia objetiva. En este estado un hombre puede ver las cosas tal como son. Algunas veces en sus estados inferiores de conciencia puede tener chispazos de esta conciencia superior. Las religiones de todos los pueblos contienen testimonios de la posibilidad de un tal estado de conciencia que califican como «iluminación»o por otros varios nombres, y lo definen como indescriptible. Pero el único camino justo hacia la conciencia objetiva es a través del desarrollo de la conciencia de sí. Si a un hombre ordinario se le lleva  artificialmente a un estado de conciencia objetiva y se le vuelve luego a su estado habitual, no recordará nada y pensará simplemente que por un lapso de tiempo había perdido el conocimiento. Pero en el estado de conciencia de sí un hombre puede tener chispazos de conciencia objetiva y recordarlos.

“El cuarto estado de conciencia representa un estado totalmente diferente del anterior; es el resultado de un crecimiento interior y de un largo y difícil trabajo sobre sí. “Sin embargo, el tercer estado de conciencia constituye el derecho natural del hombre tal cual es, y si el hombre no lo posee, es únicamente porque sus condiciones de vida son anormales.

Puede decirse, sin exagerar nada, que en la época actual, el tercer estado de conciencia no aparece en el hombre sino sólo por chispazos muy breves y muy raros, y que este estado no puede convertirse en algo más o menos permanente sino por medio de un entrenamiento especial. “Para la gran mayoría de las personas, aun las cultas e intelectuales, el principal obstáculo en el camino para adquirir conciencia de sí es que creen que ya la poseen; en otras palabras, están totalmente convencidas de tener ya conciencia de sí mismas y de poseer todo lo que acompaña a este estado: individualidad en el sentido de un «Yo» permanente e inmutable, voluntad, capacidad para hacer, y así sucesivamente. Por tanto, es evidente que un hombre no se interesará por adquirir, a través de un trabajo largo y difícil, algo que en su opinión ya posee. Por el contrario, si se lo dice, pensará que usted está loco o que intenta explotar su credulidad para un provecho personal. “Los dos estados superiores de conciencia – «la conciencia de sí» y «la conciencia objetiva» – están ligados al funcionamiento de los centros superiores del hombre. “Además de aquellos centros de los cuales hemos hablado, hay en el hombre otros dos centros, el«centro emocional superior» y el «centro intelectual superior». Estos centros están en nosotros; están plenamente desarrollados y trabajan todo el tiempo, pero su trabajo nunca llega a nuestra conciencia ordinaria. La razón debe buscarse en las propiedades especiales de nuestra pretendida «conciencia lúcida». “Para comprender la diferencia entre estados de conciencia, tenemos que regresar al primero, que es el sueño. Este es un estado de conciencia completamente subjetivo. Un hombre está sumergido en sus sueños, no importa si los recuerda o no. Aun si al dormido le llegan algunas impresiones reales, tales como sonidos, voces, calor, frío, sensaciones de su propio cuerpo, no suscitan en él sino fantásticas imágenes subjetivas. Luego el hombre se despierta. A primera vista éste es un estado de conciencia completamente diferente. Puede moverse, hablar con otras personas, hacer proyectos, ver peligros, evitarlos y así sucesivamente. Parece lógico pensar que se encuentra en una situación mejor que cuando estaba dormido. Pero, si profundizamos un poco más las cosas, si echamos una mirada dentro de su mundo interior, dentro de sus pensamientos, dentro de las causas de sus acciones, comprenderemos que está casi en el mismo estado que cuando estaba dormido. Y es peor aún, porque en el sueño él es pasivo, esto es, no puede hacer nada. Por el contrario, en el estado de vigilia, puede hacer algo todo el tiempo y los resultados de sus acciones repercutirán sobre él y sobre lo que lo rodea. Y, sin embargo, no se recuerda a sí mismo. Es una máquina, todo lesucede. No puede detener el ninguno de sus pensamientos, no puede controlar su imaginación, sus emociones, su atención . Vive en un mundo subjetivo de «quiero», «no quiero», «me gusta», «no me gusta», «tengo ganas», «no tengo ganas», esto es, un mundo hecho de lo que él cree que le gusta o no le gusta, de lo que él cree que desea o no desea. No ve el mundo real. El mundo real le está oculto por el muro de su imaginación. Vive en el sueño. Duerme. Y lo que él llama su «conciencia lúcida» no es sino sueño – y un sueño mucho más peligroso que su sueño de la noche, en su cama. “Tomemos algún acontecimiento en la vida de la humanidad.

Por ejemplo, la guerra. Hay una guerra en este momento. ¿Qué significa? Significa que varios millones de dormidos están tratando de destruir a otros millones de dormidos. Por supuesto, rehusarían hacerlo si llegasen a despertar. Todo lo que sucede actualmente se debe a este sueño.

Fuente: Fragmentos de una Enseñanza desconocida.

autor: P.D. Ouspensky

 

sábado, 22 de agosto de 2009

LOS ATRIBUTOS DE LA GRAN ALMA

Los atributos de la Gran Alma se pueden formular de una manera muy simple. Son inevitables y aunque a veces en el camino nos alejemos un tiempo de ellos la vida se encarga de hacerlos emerger en los momentos cruciales. Son tres:

1. Asentimiento y servicio a la vida

Como seres humanos gozamos de conciencia, somos una extraña clase de mamíferos con capacidad de desdoblamiento, de ser nuestros propios testigos, de observarnos. Podemos dibujar nuestros pensamientos, proyectarnos en un tiempo futuro o revisarnos en un tiempo pasado, incluso podemos tratar de cambiarnos. Somos mamíferos autorreferenciales.

Eso nos ha permitido creer que nuestro yo es el centro del universo, hasta el punto de que se ha popularizado la idea omnipotente de que cada persona crea la realidad con sus pensamientos. Se dice con grandes eslóganes en el mundo del conocimiento postmoderno: la realidad no existe, cada persona construye su realidad de una manera subjetiva. Y esto es cierto, pero sólo en parte. Es obvio que lo que  pensamos y nuestra actitud ante la vida determina nuestras vivencias, y, por tanto, nuestro bienestar o malestar. Es verdad que cada uno puede construir con sus pensamientos un cielo o un infierno, y se sabe que quien piensa en soluciones las atrae con más facilidad que quién piensa en problemas. Sin embargo, no somos los únicos dueños de nuestra vida. A lo sumo cuidamos la vida que se nos ha dado y tratamos de gobernarla y conducirla por los cauces para los que estamos dotados. Podemos elegir cómo reaccionar ante los hechos de la vida, pero es ilusorio creer que la moldeamos según nuestros pequeños deseos personales. Nuestra vida no nos pertenece, pertenece al flujo continuado de la existencia. Ni la hemos creado ni la podemos destruir. Se creó y se terminará según una ley que así lo quiere. Nadie elige vivir y tampoco morir.

Por lo tanto, no somos los dueños sino los servidores de la vida. Todo sufrimiento es un grito que niega este hecho. Por el contrario, cualquier desarrollo se inclina ante lo que es y permite que actúe en su misterio. En la Gran Alma no existe negación, sólo el Sí, y esto expresa un amor natural a todo lo existente.

2. Silencio

El silencio acalla todas las voces y formas del vivir, y al mismo tiempo las abarca, llenándolas de dulzura y del brillo de la existencia.

En la Gran Alma no hay distinciones y el lenguaje calla, ya que todo decir o todo pensar usa las palabras, el sonido y las imágenes. El misterio de la Gran Alma emerge donde el silencio se consolida. Como enseña el Buda, en el pequeño intersticio entre dos pensamientos hallamos el Ser, advertimos nuestra verdadera naturaleza. En el vacío, en el silencio, el Gran Alma florece. Es algo parecido a un cielo limpio y despejado que constantemente es llenado por pesadas nubes, que simbolizan las innumerables formas que la vida crea. Las nubes pasan pero el cielo permanece impoluto, inalterado.

Hacer distinciones y comparaciones, abrir y reconocer diferencias en el universo, es la puerta de entrada al conocimiento funcional, necesario para el ordenamiento práctico del vivir. Lo malo es cuando este conocimiento gana preponderancia y trata de ocupar todo el espacio mental. Entonces se convierte en carcelero, aprisionando el recuerdo de quiénes somos en esencia, de nuestra verdadera naturaleza.

¿Acaso el “conócete a ti mismo” del oráculo de Delfos se refiere a conocer nuestros rasgos de personalidad, nuestro repertorio de conceptos, discurso y conductas, o más bien se refiere a aquello que es inasible en la forma e inalterado, al Ser desnudo, despojado de contornos? ¿El oráculo apunta a las formas, a la esencia o a ambas?

3. Alegría

Sostener una mirada más amorosa y abierta a lo que es, aceptarlo y apreciarlo, nos permite conectarnos con un estado natural de contento. Se trata de la simple alegría porque sí, sin motivo. La felicidad porque sí.

Hay dos tipo de alegría, la alegría por algo y la alegría por nada. La primera tiene que ver con el ganar, con lo que conseguimos y logramos. Es maravillosa y nos expande. La segunda en cambio, es la cosecha después de haber perdido, después de haber sufrido los tormentos del desprendimiento de lo que fue importante y la vida nos quitó. Viene después de la aceptación del vacío y la conformidad que nos quedan al final de una pérdida. Es libre, risueña, espontánea, silenciosa o alborozada, y sobre todo contemplativa. No nos expande sólo a nosotros, sino a los demás y a todo aquello que encuentra a su paso. Realza la belleza de los otros y de la vida.

San Agustín lo expresó de forma certera: “La felicidad consiste en el proceso de tomar con alegría lo que la vida nos da (esta es la felicidad por algo, la de ganar, que nos expande) y soltar con la misma alegría lo que la vida nos quita (esta es a felicidad por nada y expande a la vida y a los demás; es una felicidad espiritual)”.

Por lo tanto la felicidad es el resultado de una ecuación que combina dos variables. La primera consiste en empeñarse, a arriesgarse y apostar por la vida con todas nuestras fuerzas siguiendo la dirección de lo que nos mueve, de lo que nos importa. Esta es la alegría de expandirse a través de los logros y las realizaciones. La otra variable tiene que ver con nuestra capacidad para sintonizar y navegar con los propósitos de la vida, aunque no encajen con nuestros deseos personales. Entonces le abrimos la puerta al invitado de honor que es la vida tal como actúa y se manifiesta y es. Esta es la alegría de volver a ser desnudos como niños, con independencia de cómo nos va y de cómo son las cosas. Pues en el trasfondo de todo yace una sonrisa inalterable, también en el trasfondo de cada uno, en el puro centro de nuestro pecho.

En definitiva, por un lado somos mamíferos y apegados, necesitamos el amor y los vínculos. En este sentido estamos unidos en el Alma Gregaria. Por otro lado pertenecemos a la Gran Alma, que nos abarca y nos trasciende. En ella la alegría es natural, por nada; en ella todo está iluminado. Incluso las penumbras resplandecen. En la Gran Alma, el mamífero que somos encuentra refugio para su sufrimiento. En ella la vida canta imperturbable sus alabanzas, incluso en medio del dolor, o a través del dolor. Somos mamíferos y somos iluminados, y ambas cosas al mismo tiempo. Somos el cuerpo de la vida sometidos a sus vaivenes emocionales pero también somos la luz que fecunda a este cuerpo. Somos el descenso vertiginoso, que a veces nos aterra, hacia el valle del morir, pero al mismo tiempo somos la nada luminosa que con la muerte reencontramos y que tal vez no hemos llegado a olvidar por completo.

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El secreto para transformarse a uno mismo

-Osho-

El verdadero problema es que uno acaba siendo engañado por sus propios engaños. Hablas de compasión... En India hablamos mucho de compasión, no-violencia; todo el mundo piensa que es no-violento, pero si observas los actos de una persona, sus relaciones, sus gestos, es violento. Pero no es consciente de que es violento. Puede que sea violento incluso en su no-violencia. Si está intentando obligar a otros a ser no-violentos, eso es violencia. Ser auténtico significa que se debe comprender y tener en cuenta cuál es la verdadera disposición: no las ideas, no los principios, sino la disposición. ¿Cuál es la disposición de ánimo? ¿Se es violento? ¿Se está enfadado?

Eso es to que quiere decir Shiva cuando afirma que seas auténtico. Ten conocimiento de lo que es real, tu realidad, porque sólo una realidad se puede cambiar. Si quieres transformarte a ti mismo, debes conocer tu realidad. No puedes cambiar una ficción. Eres violento y piensas que eres no-violento: entonces no hay ninguna posibilidad de transformació n. Esa no-violencia no está en ninguna parte, así que no puedes cambiar. Y la violencia está ahí, pero no eres consciente de ella, así que ¿cómo la vas a cambiar?

Primero conoce la realidad tal como es. ¿Cómo conocer la realidad? Percíbela sin tus interpretaciones. .. considera.

(...)

Entonces puedes hacer muchas cosas para producir en ti un cambio, porque las realidades se pueden cambiar; las ficciones no se pueden cambiar. Entra en ti y observa todo to que haces o piensas. Descubre la realidad, y no dejes que las interpretaciones y las palabras la coloreen, la embellezcan.

Si existe esta consideración, con el tiempo te volverás auténtico. Y esta autenticidad no será como la de un animal. Esta autenticidad será como la de un santo, porque cuanto más sepas lo feo que eres, cuanto más sepas lo violento que eres, cuanto más te adentres en tu realidad y tomes consciencia de las tonterías que estás haciendo, más te ayudará esta consciencia. Y con el tiempo tu fealdad se marchitará, desaparecerá, porque si eres consciente de tu fealdad, ésta no puede continuar.

(...)

No puedes ocultar tu fealdad a los demás. Sólo puedes ocultártela a ti mismo. Tu mirada pondrá de manifiesto a todos que hay violencia. Sólo puedes engañarte a ti mismo con que había compasión.

(...)

Sólo te puedes engañar a ti mismo, no puedes engañar a nadie más. Sólo es posible el autoengaño.

Deshazte de tus interpretaciones y mira la realidad de lo que eres. Y no tengas miedo: hay mucha fealdad ahí. Si tienes miedo, nunca serás capaz de cambiarla. Si esta ahí, acepta que está ahí: considérala.

Eso es lo que significa consideración: considérala, mírala en toda su desnudez. Obsérvala toda, vete hasta sus raíces, analízala. Ve por qué está ahí, cómo la alimentas, cómo la proteges, cómo ha crecido hasta llegar a ser un árbol tan grande. Ve tu fealdad, tu violencia, tu odio, tu ira, cómo la has protegido, cómo la has ayudado a crecer hasta ahora. Mira sus raíces; mira todo el fenómeno.

Y Shiva dice que si la consideras totalmente, puedes dejarla inmediatamente, ahora mismo, porque eres tú quien ha estado protegiéndola. Eres tú quien ha estado ayudándola a arraigarse en ti. Es tu creación. Puedes dejarla inmediatamente; ahora mismo. Puedes dejarla, y entonces no hay necesidad de volver a mirarla. Pero antes de poder hacer esto, tendrás que conocerla: lo que es, todo el mecanismo, toda su complejidad, cómo la ayudas en todo momento.

Si alguien te dice algo insultante, ¿cómo reaccionas? ¿Has pensado en ello alguna vez: en que puede que tenga razón quien te insultó? ¡Entonces mira! Puede que tenga razón.

Existen todas las posibilidades de que él tenga más razón con respecto a ti que tú con respecto a ti mismo, porque él está distanciado, distante; él puede observar.

Así que no reacciones. ¡Espera! Dile: «Consideraré lo que has dicho. Me has insultado, y consideraré cuál es la realidad. Puede que tengas razón. Si tienes razón, entonces te daré las gracias. Deja que lo considere. Y si encuentro que no tienes razón, te lo diré». Pero no reacciones.

Y recuerda: la reacción nunca puede estar en lo cierto. iNunca puede estar en lo cierto! Si me insultas, creas la posibilidad de que me enfade. Y cuando estoy enfadado, no soy consciente. Diré algo que nunca he pensado sobre ti. En este mismo instante, debido a tus insultos, reacciono de manera violenta. Un momento después puede que me arrepienta.

No reacciones: considera los hechos. Y si tu consideración es total, puedes dejar cualquier cosa. Está en tus manos. Eso está ahí porque tú te estás aferrando a ello. Pero puedes dejarlo inmediatamente, y no habrá represión; recuerda. Si has considerado un hecho, nunca hay ninguna represión. O te gusta y continúas con ello, o no te gusta y lo dejas.

OSHO, El Libro de los Secretos

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La Felicidad es una construcción Interior

Podríamos callar, mirarnos a los ojos y sonreírnos. Podríamos encontrar en esos ojos una humanidad profunda y entrar en ese territorio de la magia que es el territorio de la vida. Podríamos creer que vivimos más allá de existir, a pesar de nuestro dolor.

A pesar de nuestras pequeñas miserias,..¡ hay tanta grandeza en la semilla humana!. Hay tanto en nosotros esperando para ser, para fructificar, para amar. Hay tanta humanidad esperándonos en las fronteras, tanta humanidad esperando un encuentro entre el Norte y el Sur, entre el Oriente y Occidente., para así encontrar ese sol del centro del ser humano.

Hay tanto en nosotros esperando revelarse, recrearse, fructificar. Somos semilla y a partir de ese potencial infinito, de ese océano interior podemos reencantar la vida. Podemos volvernos a crear y así divertirnos y gozar.

¿Y si de pronto pensáramos todos que el sentido de la vida es la felicidad? .¿Y si nos atreviéramos a ser felices?. ¿Cómo sería eso?. ¿Cuáles serían los ingredientes de la felicidad?. ¿Si pudiéramos identificarnos con el ser que somos y no con la sombra, -la apariencia o la dependencia-?

¿Y si de repente volviéramos a ser lo que somos, auténticos, creadores de nuestros propios días? .¿Si pudiéramos entrar de lleno en ese río profundo de la vida que nos habita en cada instante, para encontrar en ese cauce corrientes de amor?.

¿Si pudiéramos despertar ese torrente amoroso que habita en nuestra sangre.? ¿Si pudiéramos reencontrar la fuerza de nuestra propia identidad, y así nos completáramos los unos a los otros?. ¿Si pudiéramos como Pablo Neruda decir: "Súbete conmigo a nacer, hermano"?

¡Si pudiéramos entrar en nosotros y aceptarnos reconocernos y amarnos.! Dejar de buscar a Dios en el exterior y saber que estaba allí en nosotros, esperándonos en nuestro propio corazón con su infinito potencial.

Si el único partido que tomáramos fuera a favor del ser humano y nuestra única religión, la religión del amor, y nuestro único método, el método de la hermandad, descubriríamos que cada cosa, cada evento es un maestro con el alma como aprendiz.

Si nos bajáramos de los pedestales del orgullo, de la maestría y del materialismo de una vida repetida y nos inventáramos la vida y volviéramos a ser humildes y regresáramos a la inocencia,... y si nuestra inocencia no fuera una inocencia ingenua, sino consciente,...entonces volveríamos a ser como niños, porque el Reino de la inocencia es el Reino de los Cielos y ese Reino está en nosotros y es un templo de relaciones.

Si miráramos al dolor y la enfermedad como un Maestro;  ...si aprendiéramos la lección y más allá de la culpa y más allá de la carga, pudiéramos liberar la levedad de ese aprendizaje y con esa levedad ascender...

Hay seres humanos que creyeron en imposibles y los realizaron. Ahí está Ghandi, Simón Bolívar, la Madre Teresa. Ahí están con la desnudez de su autenticidad. No tuvieron más escudo que su conciencia del amor, su corazón abierto, soñadores de imposibles, que nos revelaron que los imposibles se realizan cuando creemos en nosotros. Cuando creemos en

nosotros activamos el potencial de un Dios que no es externo, sino que es interior, un Dios que nos acompaña y nos da su corriente y su fuerza.

¿Es posible ser felices? .

Sí, es posible, a pesar del dolor, pues el dolor no es lo contrario de la felicidad.

Es posible ser felices a pesar de la muerte, la muerte no es lo contrario de la vida.

Es posible ser felices a pesar de la tristeza, la tristeza no es lo contrario de la alegría. La felicidad es ese sentimiento leve de compasión y de aceptación que te lleva por la vía del ser.

La felicidad es ese sentimiento incondicional en el que tú amas porque te da la gana, porque sí, porque llueve, porque hace sol; en cualquier caso sin ninguna condición. La felicidad sólo puede partir de ti. No es exterior, no depende de tu economía. La gente hoy en Europa tiene una economía dos veces superior a la de hace treinta años, pero es dos veces más infeliz.

La felicidad no depende del conocimiento. El conocimiento sin corazón es totalmente destructivo, no depende de ningún reconocimiento exterior. De repente adquieres un cáncer y descubres ese estado interior desde el cuál también puedes ser feliz.

La felicidad es una construcción interior, parte de un paraíso interno. El Paraíso no es ajeno, tú lo pintas y entras después en él. Tú lo creas y lo recreas.

En la felicidad no hay un Dios exterior. Tú eres a imagen y semejanza de ese Creador que habla en tu palabra, mira en tu mirada y ama con tu amor. ¿Podríamos entonces vislumbrar nuestro camino hacia la felicidad? . Sí. Ese camino es un camino de retorno. Es un camino de conciencia. Es un camino que libera. No está hecho de dependencias.

Nada que te ate, nada que te amarre, nada que conduzca por la vía del placer de los sentidos, que te conduzca al poder., conduce a la felicidad.

Más poder no da más felicidad, da más dependencia. Más placer no construye más felicidad. Más vivir para los sentidos, hace que pierdas el sentido.

La felicidad es un camino hacia el sentido, es un sendero que empieza en tu interior y termina en tu interior, cuando descubres con la física cuántica, pero también con la vivencia humana que el universo es interior.

Tú eres el centro del universo cuando eres consciente de ti.

La felicidad parte de la atención, y la atención es el uso fundamental de la conciencia. Cuando estás atento te centras. Cuando estás atenta eres dueña de ti misma, de tu propio potencial. Cuando estás atenta generas un

lasser con tu propia conciencia y en esta conciencia habitas y tienes el movimiento, la vida y el ser. Cuando estás atenta construyes un espacio interior pequeñito que te conecta con el infinito. Cuando estás atenta construyes el instante y en ese instante eres eterna. Cuando estás atenta te reconoces a ti misma y vuelves a nacer de ti misma y eres el parto y el

partero, eres el Creador, porque naces de ti y regresas a tu conciencia.

La atención es el momento más importante de la conciencia, es el momento de la creación en el que descubrimos el presente, es el tiempo de la sincronicidad, el tiempo de la resonancia. Uno nace de su propia muerte.

Uno nace al presente por la renuncia al pasado, al deshipotecar la vida de los condicionamientos del pasado. Tenemos la vida hipotecada con las expectativas hacia el porvenir y entonces nos perdemos el lugar de la vida que es este instante. Este instante es sagrado porque en este instante vive el ser. Allí no hay tener, allí no hay placer, allí solamente bulle el ser, y ese ser es lo que somos: potencial infinito que nos habita, Dios tan inmanente como trascendente.

Ese Dios Universal se interioriza en nosotros y convierte la vida en algo mágico. Ese Dios nos humaniza y nos redime. Ese Dios permite que el reino mineral cante y baile y que el reino vegetal florezca y que el reino animal pueda sentir. Ese Dios permite que el ser humano tenga las alas del pensamiento y desde las alas del pensamiento restaure la intuición, la visión de la totalidad. Desde esa visión de la totalidad nos unimos de nuevo en el maravilloso Camino de Regreso al Creador.

QUE EL AMOR LLENE TU SER:

Rita Scialabba

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miércoles, 27 de mayo de 2009

LA CREENCIA EN DIOS

Por Jiddu Krishnamurti

Pregunta: La creencia en Dios ha sido un poderoso incentivo para un mejor vivir. ¿Por qué niega usted a Dios? ¿Por qué no trata de hacer revivir la fe del hombre en la idea de Dios?

KRISHNAMURTI: Consideremos el problema en forma amplia e inteligente. Yo no niego a Dios; sería una necedad hacer tal cosa. Sólo el hombre que no conoce la realidad gusta de palabras sin sentido. El hombre que dice que sabe, no sabe; el hombre que está viviendo la realidad de instante en instante no tiene medios de comunicar esa realidad.

La creencia es una negación de la verdad; la creencia obnsta a la verdad; creer en Dios no es encontrar a Dios. Ni el creyente ni el incrédulo encontrarán a Dios; porque la realidad es lo desconocido, y vuestra creencia o no creencia en lo desconocido es una mera proyección de vosotros mismos y por lo tanto no es real. Yo sé que vosotros creéis, y que ello tiene muy poco significado en vuestra vida. Hay mucha gente que cree; millones de personas creen en Dios y hallan consuelo. En primer lugar, ¿por qué creéis? Creéis porque ello os brinda satisfacción, consuelo, esperanza, y decís que ello da sentido a la vida. Vuestra creencia, en realidad, tiene muy escasa significación, porque creéis y explotáis al prójimo, creéis y matáis, creéis en un Dios universal y os asesináis unos a otros. El hombre rico cree también en Dios; explota cruelmente a los demás, acumula dinero y luego edifica un templo o se hace filántropo.

Los hombres que arrojaron la bomba atómica sobre Hiroshima decían que Dios estaba con ellos; los que volaron de Inglaterra para destruir a Alemania decían que Dios era su copiloto. Los dictadores, los primeros ministros, los generales, los presidentes, todos hablan de Dios, tienen inmensa fe en Dios. ¿Y prestan ellos servicios, hacen más feliz la vida del hombre? Los hombres que dicen que creen en Dios han destruido la mitad del mundo, y el mundo está en una miseria completa. Por causa de la intolerancia religiosa, existen las divisiones de la gente en creyentes y no creyentes, divisiones que conducen a las guerras de religión. Ello indica cuán inclinada a la política es vuestra mente.

¿Es la creencia en Dios “un poderoso incentivo para un mejor vivir”? ¿Por qué deseáis un incentivo para mejor vivir? Vuestro incentivo, por cierto, tiene que ser vuestro propio deseo de vivir de un modo puro y sencillo, ¿no es así? Si esperáis algo de un incentivo, no os interesa el hacer la vida posible para todos sino tan sólo vuestro incentivo, que es diferente del mío; y nos pelearemos por el incentivo. Mas si vivimos felices juntos, no porque creamos en Dios sino porque somos seres humanos, entonces compartiremos enteramente los medios de producción a fin de producir cosas para todos. Por falta de inteligencia aceptamos la idea de una superinteligencia a la que llamamos “Dios”; pero este “Dios”, esta superinteligencia, no habrá de brindarnos una vida mejor. Lo que conduce a una vida mejor es la inteligencia; y no puede haber inteligencia si hay creencia, si hay divisiones de clase, si los medios de producción están en manos de unos pocos, si hay nacionalidades aisladas y gobiernos soberanos. Todo eso, evidentemente, indica falta de inteligencia, y es la falta de inteligencia lo que impide un mejor vivir, no el no creer en Dios.

Todos vosotros creéis de diferentes maneras, mas vuestra creencia carece de toda realidad. La realidad es lo que vosotros sois, lo que vosotros hacéis, lo que vosotros pensáis; y vuestra creencia en Dios es una simple evasión de vuestra vida monótona, estúpida y cruel. Más aun: la creencia invariablemente divide a los hombres: ahí están el hindú, el budista, el cristiano, el comunista, el socialista, el capitalista, y así sucesivamente. La creencia, la idea, divide; jamás reúne a la gente. Puede que reunáis a unos cuantos en un grupo, pero ese grupo se opone a otro grupo. Las ideas y las creencias nunca son unificadoras; por el contrario, son separativas, desintegradores y destructivas. Por lo tanto, vuestra creencia en Dios está de hecho extendiendo desdicha por el mundo; aunque os haya traído momentáneo consuelo, en realidad os ha traído más desdicha y destrucción bajo forma de guerras, hambre, divisiones de clase, y la acción despiadada de determinados individuos. De suerte que vuestra creencia carece totalmente de valor. Si realmente creyerais en Dios, si ello fuera para vosotros una experiencia real, entonces en vuestro rostro habría una sonrisa; no destruiríais a los seres humanos.

Ahora bien, ¿qué es la realidad, qué es Dios? Dios no es la palabra, la palabra no es la cosa. Para conocer aquello que es inconmensurable, que no pertenece al tiempo, la mente debe estar libre del tiempo, lo cual significa que la mente debe estar libre de todo pensamiento, de todas las ideas acerca de Dios.¿Qué sabéis acerca de Dios o de la verdad? Vosotros, de hecho, nada sabéis acerca de esa realidad. Todo lo que conocéis son palabras, las experiencias de otros o algunos momentos de experiencias propias más bien vagas. Eso, por cierto, no es Dios, no es la realidad; eso no está fuera del ámbito del tiempo. Para conocer aquello que está más allá del tiempo, el proceso del tiempo debe ser comprendido; y el tiempo es pensamiento, el proceso de llegar a ser algo, la acumulación de conocimientos. Eso es todo el trasfondo de la mente; la mente misma es el trasfondo, tanto la consciente como la inconsciente, la colectiva y la individual.La mente, pues, debe estar libre de lo conocido, lo cual significa que la mente debe estar en completo silencio, noforzada al silencio. La mente que logra el silencio como un resultado, como consecuencia de una acción determinada, de la práctica, de la disciplina, no es una mente silenciosa. La mente forzada, dominada, plasmada, encuadrada y mantenida quieta, no es una mente en silencio. Puede que durante un lapso consigáis forzar la mente a estar superficialmente en silencio, pero una mente así no es una mente serena. La serenidad sólo ocurre cuando comprendéis el proceso del pensamiento en su totalidad, porque comprender el proceso es darle fin, y al cesar el proceso del pensamiento empieza el silencio.

Sólo cuando la mente está en completo silencio, no únicamente en el nivel superior sino fundamentalmente, en su totalidad, tanto en el nivel superficial como en los más profundos de la conciencia, tan sólo entonces puede advenir lo desconocido. Lo desconocido no es algo que la mente haya de experimentar; el silencio solamente puede ser experimentado, nada más que el silencio. Si la mente experimenta algo que no sea el silencio, no hace más que proyectar sus propios deseos; y una mente así no está en silencio. Mientras la mente no esté en silencio, mientras el pensamiento en cualquier forma, consciente o inconsciente, esté en movimiento, no puede haber silencio. El silencio es liberación del pasado, de los conocimientos, del recuerdo tanto consciente como inconsciente; y cuando la mente está del todo silenciosa, inactiva, cuando en ella reina un silencio que no es producto del esfuerzo, sólo entonces lo atemporal, lo eterno, puede surgir. Ese estado no es un estado de recordación; no hay entidad alguna que recuerde, que “vivencia”.

Por lo tanto Dios, o la verdad, o lo que os plazca, es algo que adviene de instante en instante; y ello ocurre únicamente en un estado de libertad y espontaneidad, no cuando la mente está disciplinada de acuerdo con una norma. Dios no es cosa de la mente, no surge mediante la proyección de uno mismo; sólo adviene cuando hay virtud, es decir, libertad. La virtud es enfrentarse con el hecho de lo que es, y el enfrentarse con el hecho es un estado de bienaventuranza. Sólo cuando la mente está dichosa, serena, sin ningún movimiento de ella misma, sin la proyección del pensamiento, consciente o inconsciente, sólo entonces adviene lo eterno.

 

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sábado, 28 de febrero de 2009

Las cualidades éticas de quien busca la verdad

Antiguamente en las Escuelas iniciáticas, los hierofantes egipcios comprobaban la dignidad de los candidatos antes de concederles la iniciación, aquellas duras experiencias se dividían en cinco grados ascendentes, cada uno correspondía a un elemento diferente: tierra, agua, fuego, aire y espíritu.  Al candidato para ser iniciado en los grados esotéricos, los hierofantes los hacían entrar en lugares que ponían a prueba su intrepidez y le hacían sufrir recias experiencias que demostraban su valentía.

Pero esas escuelas desaparecieron y con ellas además sus métodos, que en realidad no se adaptarían a las condiciones del mundo actual.

En nuestra época, nosotros también somos candidatos, la escuela es la vida.

Los hierofantes, son los hombres y mujeres, las circunstancias y situaciones que nos rodean, y todas, se usaran como señuelo para probar nuestros ideales morales.

Si antes era contraproducente revelar la enseñanza profunda al vulgo sencillo y sin instrucción y de esta manera destruir su fe en el único apoyo espiritual que podía comprender, es igualmente una falta no revelarla hoy, cuando los sufrimientos inherentes y los cambios educativos hicieron que ese vulgo madurase y se instruyese. En consecuencia, llegó el momento en el que el deber sagrado de los estudiantes es revelar cautamente lo que ayudará a sus semejantes en la crisis actual y hacer que estas enseñanzas estén a disposición de todos los que buscan la verdad; pues las eras pasadas de secreto y aislamiento, sirvieron para lo que se propusieron y tocaron a su fin.

A la Verdad, no le interesa adular al hombre ni complacer su vanidad, por tanto, comienza el aspecto practico de su disciplina señalándole sus defectos, imperfecciones y negligencias y por último, abriéndole los ojos antes las debilidades, incapacidades y complejos hasta entonces inconscientes o disfrazados.

Para avanzar con seguridad por el sendero, un hombre necesita curarse de obsesiones e irracionalidades fanáticas. Tal vez se piense que erradicar los defectos personales, tenga poco que ver con encontrar el verdadero yo, pero esto no es correcto. Estos mismos defectos surgen del falso yo, además, la erradicación se le sugiere, no solo para ayudarle a vencer esos conceptos falsos, sino también para ayudarle a ser un servidor mejor de la humanidad.

El aspecto practico de esta búsqueda, empieza con un lento alejamiento de la vida irreflexiva, un deliberado reordenamiento de los hábitos insatisfactorios, una voluntaria extirpación de los deseos que debilitan o degradan el carácter, y un constante autoexamen analítico para descubrir defectos del pensamiento, del sentimiento y de la conducta.

Pues solo si es honrado consigo mismo, si cesa de ocultar sus defectos y empieza a ponerlos bajo la plena luz, tiene posibilidad de realizar un avance concreto en la búsqueda.

Ahora enumeraremos una lista, de aquellas cualidades, que necesitamos adquirir o desarrollar, en la búsqueda espiritual:

1º- Quien busca la verdad debe aprender, el arte de ser dueño de si mismo en toda clase de circunstancias. El método de vencerse a si mismo es empinado y difícil, pero es esencial para la búsqueda.

2º- También es necesario realizar un esfuerzo paralelo de la voluntad, un abnegado empeño para elevar la acción a un nivel superior.

3º- Que nadie se comprometa en la búsqueda con las falsas esperanzas de una diversión perpetua, pues también se comprometió en una lucha.

4º- Debe estar alerta ante la primera incursión de emociones meramente negativas, depravadamente destructivas o vergonzosamente egoístas, es mas fácil detener la vida de tiernos brotes que de brotes mas maduros.

5º- El ejercitar la calma, es una clara ayuda, esto hace que nuestros juicios sean mas equilibrados y justos.

6º- No efectuara una critica negativa sin realizar, al mismo tiempo, una sugerencia positiva.

7º- No separara el Espíritu y la Materia, la lastimosa creencia de negar la materia lleva a una completa parálisis, pues el intelecto cesaría de moverse, el corazón cesaría de sentir y el cuerpo cesaría de actuar.

8º- El deseo es necesario para la vida humana y los deseos espirituales no extinguen el deseo, sino que solo le dan otra dirección superior.

9º- Debemos apelar a nuestras emociones superiores, no a nuestras emociones mas bajas, la verdad no esteriliza la emoción sino que la espiritualiza.

10º- El débil deseo inicial e automejoramiento, deberá evolucionar hasta sea una pasión fuerte y dominante, el aspirante deberá superar lo mejor de si, trascender su propio pasado.

11º- Quien busca la verdad debe disciplinarse para enfrentar los caprichos de la suerte y para superar las vicisitudes de la vida.

12º- Quien no llegue a esta autodisciplina desde dentro, de modo pacifico y voluntario, la tendrá impuesta desde fuera de modo obligatorio y violento.

13º- Al habito de pensar ordenadamente, deberá añadirle el habito de pensar desinteresadamente.

14º- El objetivo de quien busca la verdad debe ser retener y sostener sus ideales, cualquiera que sea el medio en que se encuentre, deberá mantener firmemente su integridad moral.

15º- No avanzamos cediendo ante la debilidad que se disfraza de virtud, sino fomentando la fortaleza aunque esta tenga un rostro desagradable.

16º- Es por ello que la búsqueda es solo para los fuertes y compasivos, no para los cobardes, los egoístas o los holgazanes.

17º- Cuando un hombre persevera realmente en esta búsqueda, llegara un tiempo en el que tendrá que asumir una posición heroica en defensa de sus principios morales, en el que deberá negarse a sacrificarlos por un beneficio pasajero.

18º- Necesita estar intelectualmente preparado y emocionalmente purificado antes de que el Yo Superior descienda para iluminar el intelecto y ennoblecer a la emoción.

19º- Debemos aprender a distinguir entre deseos inferiores y superiores, oponernos a unos y aceptar otros, pues el hombre esta encadenado a la tierra por sus muchos deseos y en su búsqueda se dará cuenta que muchos de sus deseos terminan en lamentables cautiverios. la dependencia crea aflicción.

20º- Quien lucha y logra vencer a la naturaleza inferior se llena con la serenidad y el misterio de lo superior.

Si el karma nos puso aquí, en este planeta, lo cual significa que la Sabiduría superior nos puso precisamente aquí, en el momento actual, es porque éste está cargado de una significación tremenda.

Si anhelamos y tenemos la libertad para escoger nuestro propio concepto de la verdad, nuestro deber es adquirir conocimientos para no andar a tientas, ni pasar hambre un día más, para cuando llegue la madurez, percibir, que aquí esta realmente nuestro “Pan de Vida”.

El candidato deberá empezar con la mas humilde opinión de si mismo, si algún día ha de terminar con la opinión mas elevada. De ningún modo debe caer en el error común de creerse más adelantado de lo que realmente es, pues esto conducirá al fracaso.

El hombre no iluminado no tiene mayor enemigo que su propio ego inferior, como el hombre iluminado no tiene mayor amigo que su propio Yo Superior. No solo la naturaleza inferior es su máxima enemiga, también es su mas sutil enemiga.

Durante el trayecto el aspirante necesitara ser dueño de una anonadada humildad y de una reverencia sumisa. La primera no es necesaria en presencia de los hombres, si no en presencia de Dios; la segunda no lo es en el bullicio del mundo, sino en el secreto del corazón. El ego inferior deberá rendirse ante lo superior, no ante otro ego.

El guru que afirme que con solo desearlo, él puede hacer que otra persona se realice, la esta engañando, el hombre que piensa, que poniendo toda su vida en manos de tal guru la realización sobrevendrá un día, por si sola, sin esfuerzo, lo que va a tener es un cruel despertar.

Un maestro procura ayudar a su discípulo para que se desarrolle lo que esta dentro de éste, no pretende nada mas.

Buda dijo “Aferraos a la verdad, como un refugio. No busquéis refugio en nadie, aparte de vosotros mismos”.

La intuición es algo que no puede comunicarse, sino que debe realizarse personalmente, es eternamente experimental.

Una voz le hablara en su corazón, le guiara de una etapa a otra, de una verdad a otra, de una percepción a otra percepción.

Cuando entendemos que este mundo es una manifestación de la divina realidad misma, entonces esta vida terrena no es enfáticamente una trampa que Satán nos arma, como algunos creen, ni un espejismo creado por una nube, como otros dicen. No es solo algo que importa, sino que por lo contrario, es algo que a quien encuentra la verdad, le deberá importar más, de lo que le importa al materialista.

Solo a través de los procesos de la evolución biológica un espermatozoide crece hasta convertirse en un ser humano adulto, y solo a través de los procesos de evolución espiritual, un hombre crece hasta convertirse en sabio, las transformaciones rápidas y repentinas no existen.

Cualesquiera que sean las diferencias de actitud metafísica, y de practicas externas entre él y los demás, el buscador aborrece las disputas y ama la amistad.

También conserva el recuerdo de las lecciones del pasado, de sus equivocaciones, pero abandona la culpabilidad, queda en paz con el, sabe que esas experiencias le ayudaron a superarse, a mejorar sus defectos y a iniciar una vida nueva y superior.

Llegara a ver su vida pasada como un sueño. El sentido de la proximidad del alma se vuelve real, y para él será una presencia diaria y una realidad continua.

Quien tiene la humildad, la fortaleza y la sabiduría para devolver su voluntad personal a su Yo Superior, con ello brinda la posibilidad de que fuerzas mayores que las suyas le bendigan, inspiren y usen. Quien tenga la valentía para realizar este acto único, jamás lo lamentara, pues sea lo que fuere lo que de él tome, su Yo superior la devolverá mas.

Quien encontró dentro de si al Amado, no teme estar solo, esta siempre gratamente dispuesto a aceptar la compañía, la amistad y el afecto que otros deseen darle, pero podrá vivir sin ellos, si el destino ordena que así sea. Alcanzo la sabiduría para bastarse a si mismo en lo interior, que hace lo mejor que puede, a favor de todos los hombres, pero nada espera de ninguno de ellos, trabaja para la vida, pero cuyo corazón poco espera de ella, tampoco de los demás, solo de si mismo espera la felicidad, y para lograrla, solo confía en si mismo.

El Yo Superior es realmente nuestro Ángel de la guarda

siempre esta a nuestro alcance y nunca nos abandona.

Es nuestro salvador invisible. Pero tenemos que comprender

que él, en primer lugar busca salvarnos, no del sufrimiento,

sino de la ignorancia, que es la causa del sufrimiento.

                ( Paul Brunton )

sábado, 14 de febrero de 2009

LA VIDA TEOSÓFICA

Norman S. Hankin

The Theosophist, agosto 1989

Para comprender las profundidades ocultas en el aspecto místico de la Teosofía necesitamos introducir la Teosofía en nuestra vida diaria. Tenemos la tendencia a ser criaturas de tiempo lineal y de espacio tridimensional, pero estas limitaciones deben superarse antes de que podamos empezar a apreciar la sublime Verdad Eterna que estamos buscando. Como nuestro difunto Presidente, Sri Ram dijo :

Vive en el eterno ahora, como pájaro al que no le preocupa el mañana. Libérate de las cadenas nacidas de recuerdos desgraciados, lo mismo que de las esperanzas de satisfacciones preconcebidas, libérate de todo aquello que es producto del aspecto mecánico de la mente.

Esto no significa dejar de pensar- sino que significa pensamiento profundo que busca intensamente la motivación de nuestra vida y su misterio. La sabiduría profunda que descubre la Eternidad en medio del Tiempo señala al verdadero teósofo.

Como también dijo Sri Ram :

La forma perfecta o cáliz que es nuestra individualidad eterna está oculta a nuestra visión imperfecta por el velo del tiempo tejido en el telar de oro de Dios.

La Teosofía mística, pues, es real y verdadera Teosofía; aquello que trata de las verdades eternas, así como de sus imágenes temporales,; y como tal, es una Verdad intelectualmente incomprensible pero más real que cualquier experiencia nuestra de cada día. ¡El misticismo es la Realidad!.

Al abordar el trabajo de nuestra vida diaria deberíamos actuar, vivir y amar con esta Verdad mística interna irradiando a través de cada acción, e inspirándonos para reflexionar sobre el misterio de la vida.

Haciéndose eco de la eterna verdad de la Teosofía, Krishnamurti habla de la Realidad última y de su experiencia :

Hay una montaña, mucho más allá

de las llanuras y de las colinas,

cuya gran cima domina la oscuridad

del valle y de los mares abiertos.

Ninguna nube ni espesa niebla

ocultan nunca su serena apariencia.

Está por encima de las sombras

del día y de la noche.

Desde la vasta planicie ningún

hombre puede avistarla.

Algunos la han visto, pero pocos

son los que han llegado hasta sus

pies.

Uno en muchos miles de años

hace acopio de fuerza y gana

esa morada de eternidad.

Hablo de aquella cima de la

montaña serena, infinita, más

allá del pensamiento.

Estallo en gozo.

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TEOSOFÍA MÍSTICA

Norman S. Hankin

The Theosophist, agosto 1989

Como investigadores de la Verdad podemos equiparar la Teosofía mística con el misticismo de la filosofía perenne señalada por Happold en su libro Misticismo.

"Generalizando, el misticismo tiene su fuente en lo que es la materia bruta de toda religión y es también la inspiración de muchas de las filosofías, la poesía, el arte y la música. Es una conciencia de algo Invisible por encima y más allá de todo lo que se ve. En el místico desarrollado, esta conciencia está presente de una forma intensa y altamente especializada. El elemento místico entra en las formas corrientes de experiencia religiosa cuando los sentimientos religiosos sobrepasan su contenido racional, es decir, cuando los elementos ocultos, no racionales, inconscientes, predominan y determinan la vida emocional y la actitud intelectual. En el verdadero místico hay una extensión de la conciencia normal, una liberación de poderes latentes y una ampliación de visión, de suerte que aspectos de la verdad que están por investigar por parte del intelecto racional, se le revelan. Tanto por el sentimiento como por el pensamiento, el místico percibe una inmanencia de lo temporal en lo eterno y de lo eterno en lo temporal. En el místico religioso hay una experiencia directa de la Presencia de Dios. Aunque el no pueda ser capaz de describirlo en palabras, aunque no pueda ser capaz de demostrar lógicamente su validez, para el místico su experiencia es total y absolutamente válida y está rodeada de una certidumbre. Aunque la primera reacción del lector sea de escepticismo estoy totalmente satisfecho. Sin embargo, incluso en esta primera etapa quisiera pedirle que se hiciere a sí mismo estas preguntas: ¿Cuál es la naturaleza de la Realidad, de aquello que en definitiva es? Hasta donde se nos alcanza... ¿lo que sabemos o lo que creemos saber depende de lo que somos capaces de ver de ella con nuestra limitadísima línea de percepción?. ¿No podría ser una posibilidad al menos el que si nuestra línea de percepción se ampliara la viéramos totalmente distinta?

Los místicos no sólo se han encontrado en todas las épocas en todas las partes del mundo y en todos los sistemas religiosos, sino que el misticismo también se ha manifestado de formas parecidas o idénticas dondequiera que la conciencia mística ha estado presente. Por esto algunas veces se le ha llamado la Filosofía Perenne. De su experiencia y de su reflexión sobre ello han surgido las siguientes explicaciones:

1. Este mundo fenomenal de materia y conciencia individual sólo es una realidad parcial y es la manifestación de un Campo Divino en el que todas las realidades parciales tienen su existencia.

2. Forma parte de la naturaleza del hombre, no sólo que puede tener conocimiento de este campo Divino por inferencia, sino que también puede descubrirlo por intuición directa superior a la razón reflexiva en la que el conocedor está, de alguna manera, unido con lo conocido.

3. La naturaleza del hombre no es una naturaleza simple sino dual. No tiene un yo sino dos, el Ego fenomenal del cual es consciente principalmente y tiende a considerar como su verdadero ser, y el yo eterno no fenomenal, el hombre interno, el espíritu, la chispa de la divinidad en él que es su verdadero ser. Es posible para el hombre, si lo desea y está preparado para realizar el esfuerzo necesario, identificarse con su verdadero ser y, por consiguiente, con el Campo Divino que es de la misma o similar naturaleza.

4. El fin primordial de la existencia del hombre en la tierra es descubrir e identificarse a sí mismo con su verdadero ser. Al hacerlo así, llegará a un conocimiento intuitivo del Campo Divino y entonces percibirá la Verdad tal como realmente es, y no tal como, ante nuestras limitadas percepciones humanas parece que es. No sólo eso, sino que entrara en un estado de existencia al que se le han dado diferentes nombres, vida eterna, salvación, iluminación, etc.

En esta lúcida exposición, ¿no vemos las verdades básicas de la Teosofía claramente expresadas? La Monada eterna -siempre permanente en el Campo Divino- sembrando su Luz en la Individualidad Divina, o Ego, del hombre; de la cual emanan las diferentes personalidades parciales en el 'mundo fenomenal' el cual es sólo una realidad parcial. También debe tenerse en cuenta que el mundo del misticismo, en la filosofía teosófica, es el mundo de lo Real; donde el tiempo y el espacio tal como los conocemos dejan de existir y a medida que nos identificamos cada vez más con lo Real se convierten en la Duración y el Espacio sin las obstrucción de las idea tridimensionales del plano físico.

Como dice H.P.B. en La Doctrina Secreta:

El Espacio y el Tiempo son uno. El espacio y el tiempo no tienen

nombre porque son el incognoscible, aquello que sólo puede ser

percibido a través de los Siete Rayos,  que son las Siete Creaciones,

los Siete Mundos, las Siete Leyes, etc.

Sin embargo, para propósitos prácticos vivimos en un mundo de tiempo lineal y de espacio tridimensional y como seres humanos hemos de comprender y conquistar este mundo antes de levantar nuestra mirada hacia las montañas. Todas nuestras ideas sobre Teosofía; todo nuestro conocimiento de los sistemas solares, cadenas, rondas, razas, y subrazas; los principios y los vehículos del hombre; las leyes del karma y de la reencarnación; incluso los ideales que concebimos de Aquéllos que fortalecen y guían toda vida, son parte de este mundo irreal. Para conocer realmente debemos irrumpir, traspasando estos conceptos mentales en la Realidad viviente que ellos expresan en parte ; y es el misticismo teosófico el que nos lleva más allá de los confines del intelecto hacia el mundo de lo Real. Como todos los procesos de la vida, el trabajo es cíclico y es solo con la preparación de la conciencia (o vehículo, si lo prefieren) que aprende a comprender y a actuar desde los aspectos universales de la Realidad más bien que desde los caprichos pasajeros de la personalidad.

Oigamos lo que dicen sobe el tema del Espacio los místicos de diferentes épocas:

IBN' ARABI ( Sufi ):

El corazón del gnóstico posee tal amplitud que Abu Yasid al - Bistami dijo de él : " Si el divino Trono, con todo lo que le rodea, se encontrara cien millones de veces en una esquina del corazón del gnóstico, él no lo sentiría”; y, Junayd dijo en el mismo sentido : "Si lo efímero y lo eterno se unen, ya no queda ninguna huella del primero;  porque ¿Cómo podría el corazón que contiene lo eterno sentir la existencia de lo efímero?

MEISTER ECKART ( cristiano ) :

El hombre que penetra en Dios ya no posee ni tiempo ni espacio, ni nada identificable que se exprese en palabras. Sin embargo, se puede razonar, si usted lo cree necesario, que el espacio ocupado por cualquier alma es ampliamente superior al que ocupan el cielo y la tierra y toda la creación de Dios. Diré más; Dios podría crear cielos y tierras a granel y sin embargo, estos junto con la multiplicidad, de las criaturas que ya ha creado, serían menos extensos que las simple cabeza de un alfiler comparado con el punto de vista de un alma armonizada en Dios.

Y sobre el tema del Tiempo, el Tao de Chuang.tse dice:

Antes que el cielo y la tierra existieran, el Yao ya era. Ha existido sin cambios desde siempre. Los seres espirituales tomaron su espiritualidad de ahí, mientras el universo se convertía en lo que ahora podemos ver.

Para el Tao, el cenit no está arriba ni el nadir abajo; ningún punto en el tiempo está lejos, ni con el paso de las edades ha envejecido.

Y de nuevo, de Meister Eckart:

“El ahora en donde Dios hizo al hombre y el ahora en donde el último hombre se disuelve, y el ahora en que estoy hablando, son todos lo mismo en Dios, donde no hay más que el ahora .Los acontecimientos de hace miles de años, los días que pasaron hace milenios, están en la eternidad, no más allá de lo que es este momento que yo paso ahora; el día que ha de llegar dentro de miles de años, o en tantos años que no se pueden contar, no está más distante en la eternidad de lo que lo está este mismo instante de ahora.”

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domingo, 28 de diciembre de 2008

EL SIMPLE ARTE DE BENDECIR

Al despertar bendice tu jornada porque está ya desbordando una abundancia de bienes que tus bendiciones harán aparecer. Porque bendecir significa reconocer el bien infinito que forma parte integrante de la trama misma del universo. Ese bien lo único que espera es una seña tuya para poder manifestarse.

Al cruzarte con la gente por la calle, en el auto, en tu lugar de trabajo, bendice a todos.

La paz de tu bendición será la compañera de su camino y el aura de su discreto perfume será una luz en su itinerario.

Bendice a los que te encuentres, derrama tu bendición sobre su salud, su trabajo, su alegría, su relación con la vida, con ellos mismos y con los demás.

Bendice a todos en todas las formas imaginables porque esas bendiciones no sólo esparcen las semillas de la curación sino que algún día brotarán como otras tantas flores de gozo en los espacios áridos de tu propia vida.

Bendice tu ciudad, tus gobernantes y a todos, como los educadores, enfermeras, barrenderos, sacerdotes y prostitutas.

Cuando alguien te muestre la menor agresividad, cólera o falta de bondad, responde con una bendición silenciosa.

Bendice totalmente, sinceramente, gozosamente, porque esas bendiciones son un escudo que los protege de la ignorancia de sus maldades y cambia de rumbo la flecha que te han disparado.

Bendecir significa desear y querer incondicionalmente, totalmente y sin reserva alguna el bien ilimitado para los demás y para los acontecimientos de la vida haciéndolo aflorar de las fuentes más profundas y más íntimas de tu ser. Esto significa venerar y considerar con total admiración, lo que es siempre un don del Creador sean cuales fueren las apariencias.

Quien sea afectado por tu bendición es un ser privilegiado, consagrado, entero.

Bendecir significa invocar la protección divina sobre alguien o sobre algo, pensar en él con profundo reconocimiento. Significa también llamar a la felicidad para que venga a él.

Bendecir significa reconocer una belleza omnipresente oculta a los ojos materiales.

Es activar la ley universal de la atracción que desde el fondo del universo traerá a vuestra vida exactamente lo que necesitas en el momento presente para crecer, avanzar y llenar tu vida de gozo.

Es imposible bendecir y juzgar al mismo tiempo.

Mantén en ti ese deseo de bendecir como una incesante resonancia interior y como una perpetua plegaria silenciosa porque de este modo serás de esas personas que son artesanos de la paz.

Y por encima de todo no te olvides de bendecir a esa persona maravillosa absolutamente bella en su verdadera naturaleza y tan digna de amor… ¡Qué eres tú mismo!

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miércoles, 24 de diciembre de 2008

La ciencia del misticismo

Por Ralph M. Lewis, F.R.C.

Pareciera incongruente decir que el misticismo es una ciencia, puesto que ambas palabras, ciencia y misticismo, han sido incompatibles por tradición. El hombre de ciencia del Siglo XIX consideraba que el misticismo es un mundo de ilusión y que, por lo tanto, había de menospreciarse. Muchos científicos modernos tampoco aceptan la realidad del misti cismo.

Algunos místicos han considerado también que esos dos temas (ciencia y misticismo) pertenecen a reinos tan diferentes, tan alejados uno del otro, que es imposible reconciliarlos.

Desde el punto de vista racional, ningún esfuerzo ni ninguna actividad humana pueden verse total­mente libres de la influencia de la ciencia. De hecho, si una persona desea realizar con éxito cualquier empresa, le es necesario emplear alguno de los prin cipios generales de la ciencia.

Contrario a lo que la gente opina, la ciencia no es la multitud de porme nores y de vastos detalles técnicos que comúnmente se relacionan con algunos fenómenos. Antes bien, la ciencia es el método que ayuda a comprender los fenómenos que experimentamos diariamente. Con el método científico pueden analizarse los elementos contenidos en los fenómenos que experimentamos para determinar las leyes que los fundamentan, para saber qué es lo que les da existencia.

Por consi guiente, la ciencia aplica la razón a la experiencia, en lugar de especular acerca de ésta o de limitarla a quedar en meras conjeturas.

Si el estado místico es una realidad, si no es una condición falsa ni una ilusión, entonces debe poseer cierta solidez que puede ser expuesta al análisis. El análisis de los elementos del misticismo es lo que constituye su ciencia. Aun un análisis casual del estado místico puede revelar que éste no es un don concedido a todo ser humano.

El místico no es alguien que ha sido escogido para tener una expe riencia única, ni uno a quien se le ha conferido un poder divino especial. Cualesquiera que sean los logros que concedemos al misticismo, son el resul tado de nuestros logros personales.

La base fundamen tal del estado místico es la misma que fundamenta todas las demás actividades humanas. Esa base fundamental está constituida por las cualidades de la conciencia y de la experiencia.

La conciencia y la experiencia

Conciencia es la sensibilidad que muestra una cosa viviente hacia sí misma, hacia su propio organismo y hacia los alrededores en los cuales existe. Sabemos que la fuerza de la vida es una acción dinámica. El organismo viviente se adapta de continuo a los requerimientos de esa función interna. Las cons tantes adaptaciones del organismo viviente produ cen las diversas sensaciones de la conciencia. Podemos decir que esas sensaciones son, en realidad, la forma como reacciona el organismo viviente ante todos aquellos impulsos que le afectan, sean impul sos internos o externos.

Experiencia, la otra cualidad que conforma la base del estado místico, es el contenido de la conciencia. Consiste de todas las sensaciones que se despiertan dentro del organismo viviente. Entonces, la expe riencia es el diseño de nuestra conciencia, es el patrón que forman sus reacciones ante los impulsos que recibe.

Para comprenderlo mejor usaremos una analogía: supongamos que la conciencia es una hoja de papel en blanco; si escribimos sobre ese papel, llamaremos sensaciones a los caracteres marcados en él. La forma o el diseño de esas marcas, es lo que calificamos de experiencia.

Pese a que todas las cosas vivientes poseen con ciencia, no todas tienen experiencia. Decimos que el hombre tiene experiencia, porque puede separar y evaluar en su conciencia ciertas sensaciones. Tam bién es capaz de formarse imágenes mentales con las impresiones grabadas en su conciencia. Por consi guiente, la ciencia del misticismo empieza cuando se analizan determinados tipos de experiencias. Aun más importante, la ciencia del misticismo requiere que el individuo sepa manipular su conciencia, o sea, que pueda producir cambios en ella.

La concentración

El primer paso en la ciencia del misticismo es entender la función que desempeña la concentración, la aplicación intencional o voluntaria más común de nuestra conciencia. La concentración es, de hecho, un estado de atención. Consiste en centrar toda nuestra atención en un grupo particular de vibraciones. Como analogía, cuando ustedes tratan de ajus tar el foco de unos binoculares adaptando las lentes, lo hacen para distinguir mejor cierta imagen que perciben.

Cuando nos concentramos, enfocamos la conciencia de tal forma que nos permita percibir las impresiones de un sentido en particular, el oído, la vista, el tacto, etc. Cuando nos concentramos en un conjunto de impresiones, por lo general hacemos caso omiso de todas las otras impresiones que esta recibiendo nuestra conciencia. De esta manera, repe timos, estamos atentos a un solo conjunto de estímu los. Como una analogía más, si yo les hablo y ustedes se concentran en el sonido de mi voz, ésta dominaría más su conciencia que lo que estuvieran viendo en ese momento.

La concentración, o sea, enfocar la atención, es realmente una especie de selectividad, porque ustedes tienen que seleccionar los estímulos particulares que desean ingresen a su conciencia. Además, deben seleccionar también el canal, el medio a través del cual desean que las vibraciones entren a su concien cia, en otras palabras, eligen si desean escuchar, ver o sentir.

La concentración implica un estado posi tivo o activo por parte de la persona. De hecho, usualmente se dice que la concentración es un estado positivo de la conciencia. Sin embargo, tal afir mación es cierta sólo en parte, ya que cuando nos concentramos debemos prepararnos para recibir cier tos estímulos. Dependiendo del grado en que enfo quemos nuestra conciencia, ya sea para ver, oír o sentir, nuestra preparación es positiva o activa pero, a la larga, nos quedamos pasivos.

No hacemos otra cosa que recibir, que esperar que las impresiones entren en nuestra conciencia. Esto es semejante a prepararnos para mirar televisión: prendemos el receptor, sintonizamos el canal correcto, y nos colo camos en una posición cómoda para mirar la pantalla. Todos estos actos son activos, pero únicamente hasta el momento cuando nos relajamos y espera mos que aparezcan las imágenes. De allí en adelante, estamos en un estado pasivo.

Sin embargo, cuando nos concentramos muchas veces enfocamos nuestra conciencia involuntaria­mente. Un fuerte estímulo puede atraer nuestra atención sin que nos demos cuenta, por ejemplo, un ruido estruendoso, un destello brillante de luz, el rápido y repentino movimiento de un objeto, etc.

Estos estímulos intensos atraen hacia ellos nuestra conciencia, obligándonos a enfocarlos. Si alguien disparara un revólver súbitamente en su habitación, ustedes voltearían instantánea e involuntariamente en dirección a donde se produjo el ruido, centrando su conciencia en lo que allí pudieran ver o escuchar.

Cuando enfocamos nuestra atención en forma deliberada (es decir, cuando deseamos concentrar nos) lo hacemos principalmente motivados por ciertos impulsos internos; nuestros intereses y deseos, nuestros gustos y disgustos, nos impulsan a concen trarnos intencionalmente en algo. No podemos cen trar nuestra atención en dos cosas al mismo tiempo, aunque con frecuencia pueda parecer que si lo hacemos. Dijimos antes que la concentración es una especie de selectividad porque cuando nos concen tramos, seleccionamos. Por lo tanto, no podemos concentrarnos en dos estímulos al mismo tiempo.

Sin embargo, podríamos confundirnos, porque muchas veces alternamos nuestra atención en forma tan rápida, que nos es difícil darnos cuenta de que no estamos concentrándonos en dos cosas al mismo tiempo. No obstante esto, el enfoque principal siempre está centrado en un solo conjunto de vibra ciones. Supongan que al estarles hablando inespera damente brilla una luz en su habitación.

Ustedes alternarían rápidamente su conciencia entre la luz y mi voz, y les parecería como si fueran instantáneas. Sin embargo, cada conjunto de impresiones, las de la luz que vieron y las de mi voz que escucharon, dominarían por separado su conciencia en el momen to mismo cuando ustedes se concentraron en ellas.

¿Qué valor tiene la concentración para alcanzar el estado místico? El valor de la concentración está limitado a las facultades de la conciencia objetiva y a ciertas funciones relacionadas con ésta. Evidente mente, la concentración es muy esencial en nuestra vida diaria, esto es, nos es necesaria para adaptarnos al mundo externo.

Sin la concentración, el mundo de las imágenes visuales y de las cosas que se sienten y se escuchan estaría perdido. Nuestra conciencia no enfocaría los impulsos de la realidad que actúan sobre nuestros ojos y oídos, y no los percibiríamos en lo absoluto o sólo los percibiríamos en forma insuficiente. Por ejemplo, cuando caminamos por la calle sumidos en nuestros pensamientos, podemos no ver a un amigo íntimo que cruza a nuestro lado, aunque tengamos los ojos bien abiertos.

Es necesario señalar de nuevo que el estado místico es algo que se alcanza internamente. No depende de condiciones ni de cosas externas. No consiste en centrar la atención con el fin de escuchar un sonido o de ver una luz. En consecuencia, el hecho de colocarnos en determinada postura tra tando de percibir aquello que consideramos debe ríamos percibir, nos limita místicamente. Muchas personas creen que deben concentrarse en ciertas cosas para ayudarse místicamente; sin embargo, al hacer esto se están limitando, porque concentran su conciencia sólo en ciertas impresiones.

La concentración puede ser útil exclusivamente como un paso preliminar para alcanzar el estado místico. Como ya hemos dicho, no proporciona directamente ninguno de los elementos de la expe­riencia mística. Concentrarse continuamente en un conjunto de estímulos, por ejemplo, en algo que se ve o se escucha, a la larga limita la conciencia objetiva.

Los estímulos sensorios en los cuales nos con centramos continuamente van perdiendo poco a po co su eficacia, disminuyen gradualmente el efecto que producen en nuestra conciencia, dando como resultado que ésta se introvierta; lentamente se vuelve hacia adentro. Es esta la razón por la cual algunos místicos orientales se concentran durante largo periodo en un sonido monótono, como el sonido uniforme de un gong o en la luz de una llama.

La monotonía del estimulo y la exclusión de todas las demás vibraciones, va entorpeciendo la sensibi lidad de ese sentido particular y ayuda a que la persona entre en un estado subjetivo. Esas prácticas para la concentración son beneficiosas sin duda alguna, pero sólo para excluir los impulsos del mundo externo, no para producir una experiencia mística.

La contemplación

La contemplación es otra actividad voluntaria de nuestra conciencia. Al igual que sucede con la técnica de la concentración, con frecuencia se le confunde con el estado místico. La contemplación es un proceso reflexivo de la conciencia: es un acto de perceptuar dentro de la mente, no una percepción de impresiones que están fuera de ella. La contem plación es algo totalmente apartado de las facultades de percepción. No se trata de centrar nuestra atención en impresiones que llegan a nuestros ojos o a cualquiera de los demás órganos sensorios.

Cuando contemplamos, el proceso reflexivo de nuestra con ciencia es tan sutil, que no estamos conscientes de nada más. Como una analogía diremos que la con templación introvierte la conciencia, ya que desvía las impresiones externas y la vuelve sólo a nuestros recuerdos y a la razón.

Los beneficios de la contemplación son muchos: nos permite juzgar y evaluar nuestras experiencias, y de este modo podemos analizar el mérito que tienen las impresiones que recibimos, así como el valor de nuestras ideas particulares. Una cosa es percibir o escuchar algo, según sea el caso, y otra muy diferente comprender el valor relativo que tienen para noso tros esas impresiones.

Nuestras opiniones y nuestras conclusiones son el resultado de que nos volvemos hacia el interior de nuestra mente, figurativamente hablando, y contemplamos desde diferentes ángulos todos los ele­mentos de nuestras experiencias. Cuanto más con templemos nuestras percepciones y nuestras ideas, mayor significado y beneficio tienen para nosotros.

El pensador es alguien que utiliza lo que ha acumu lado a través de la experiencia, escudriñándolo, ana lizándolo y evaluándolo. Valiéndonos de la contem plación, se nos manifiesta la posible relación que hay entre nuestras ideas, permitiéndonos determinar lo que una puede aportar a otra. De hecho, la contem plación confiere cierto poder a nuestras ideas o nos permite extraer de su contenido una fuerza total.

La imaginación

La contemplación estimula también nuestra ima ginación. La imaginación sugiere métodos con los cuales podemos ampliar y unir las ideas, de modo de convertirlas en una estructura más grande para el pensamiento. Este es uno de los procesos creativos de la mente.

El acto de contemplar, de reflexionar profunda mente en ideas inspiradoras o en conceptos nobles (no importa cuán agradables sean ni cuán verdade ros parezcan) no es, sin embargo, un estado místico. Muchos neófitos creen erróneamente que reflexionar, un término que se escucha muy a menudo (de hecho, que se ha convertido en una palabra supues tamente metafísica bastante trillada) es un proceso místico muy importante.

Centrar la atención en un pensamiento o reflexionar en él es, después de todo, una forma de concentración. Como tal, no es otra cosa que retener en la conciencia una sola idea. Esto limita también la conciencia a una sola fase de acti vidad: la fase objetiva.

Como un ejemplo, piensen que hay muy poca diferencia entre mirar un objeto dentro de su habi­tación y mirar un objeto en la calle. En ambos casos se utiliza la misma facultad: la vista. De manera que, cuando reflexionan en un pensamiento, no hacen otra cosa que usar la concentración.

Al contemplar, al pensar y al razonar, usamos aspectos subjetivos de la conciencia, en particular aquellos que están rela cionados estrechamente con la mente objetiva, los cuales tienen poco valor para el estado místico. Aunque es verdad que el pensador y el filósofo no son necesariamente místicos, todo místico verdade ro, no obstante, se convierte con el tiempo en filóso fo. El místico está obligado a someter los elementos de su gran iluminación mística a las relaciones humanas, a los valores humanos, a un conocimiento viable y, hacerlo, requiere de un método filosófico.

La visualización

En la ciencia del misticismo no podemos eludir el proceso de la visualización, es decir, la formación de imágenes visuales en la pantalla de la conciencia. Usando términos populares, diremos que en este proceso el ojo de la mente puede ver algo. Ahora bien, debe entenderse que visualizar es una de las funciones de la contemplación. No podemos visua lizar sin que también contemplemos. Visualizar es enfocar la conciencia en ciertas ideas de modo que puedan asumir formas visuales en nuestra mente. Si la visualización no hiciera otra cosa que originar formas en la pantalla de la conciencia, no tendría un valor más grande en el misticismo del que tiene la contemplación.

El místico no visualiza por el deseo de analizar, no lo hace sólo para retener algo en la conciencia de manera de poder examinarlo minuciosamente, sino que visualiza con el propósito de crear una con­dición, de convertir determinada cosa en realidad. Lo que el místico ve en la pantalla de su conciencia es verdadero para él: es una realidad.

No obstante, él quiere cristalizar esa imagen, esto es, desea lograr que produzca otras condiciones que afecten tanto a otros como a él mismo. Por consiguiente, el místico usa su facultad de visualización como un medio para des pertar sus atributos psíquicos. Simplemente, con la idea visualizada intenta crear un apropiado estado emocional o psíquico.

En el misticismo, la visualización puede ser com parable a montar un escenario para una represen­tación teatral, a crear cierta atmósfera; podemos decir también que es como decorar un salón por cierto gusto estético que tenemos. Las cosas que uno visualiza en el estado místico podrían ser únicamente simbólicas: hay que retenerlas en la conciencia sólo hasta que se experimenta el efecto de la imagen mental. Una vez que percibimos el efecto, sea un efecto psíquico o de otra índole, debemos desechar por completo de la mente la imagen visualizada, pues ya ha cumplido su propósito. Continuar visualizándola sólo sería recurrir a la contemplación.

La meditación

Desde el punto de vista místico, la meditación es la práctica más importante de nuestra conciencia. Intencionalmente dejamos para lo último su con sideración, porque muchas veces es confundida con las prácticas de la concentración y la contemplación. No obstante, es necesario que primero corrijamos el concepto erróneo de que meditar significa eliminar todas las manifestaciones de nuestra conciencia, pues no podríamos prescindir de ninguna de ellas en forma total y, no obstante esto, tener la experiencia personal del éxtasis místico, porque tanto el ser como esa experiencia forman parte de la conciencia.

Lucrecio, el filósofo epicúreo latino, dijo: "Donde estamos, la muerte no está todavía; y cuando ésta llega, ya no estamos". En consecuencia, si la medi tación suprimiera nuestra conciencia, no se produ­cirla una experiencia mística ni de ninguna otra clase.

La conciencia es una corriente de sensibilidad ante innumerables vibraciones. Es como la escala musical: cada parte de la escala de la conciencia tiene una octava particular, es decir, se manifiesta en una forma específica, al igual que lo hacen las notas que componen la escala musical. El ser humano puede tocar en varias partes de la escala de la conciencia. Con esto queremos decir que el ser, el usted, puede tener percepciones en diferentes niveles de esa escala. Como dijera un místico hindú: "Hay dos condiciones en una persona; la condición de estar en este mundo y la condición de estar en el otro mundo". El otro mundo significa los otros niveles de conciencia que todos poseemos.

Durante la meditación, la conciencia se eleva por encima de la objetividad, más allá de nuestro mundo cotidiano de existencia mortal. La conciencia ascien de por encima del mundo mental, más allá de los reinos del pensamiento, de la contemplación y de la razón. Otro místico dijo: "Meditar es unir la con ciencia con las fuerzas más elevadas del intelecto, para que se manifiesten sensaciones que no existen en la conciencia inferior".

La conciencia humana es una emanación, un torrente de la Mente Cósmica. Sin embargo, la conciencia objetiva no puede per cibir directamente a la Mente Cósmica. Es sólo en el río profundo del subconsciente, donde el ser percibe las manifestaciones más infinitas del Cósmico.

Uno no puede unirse apresuradamente con el Cósmico. El estudiante no puede sumergirse de pronto en la Conciencia Cósmica: tiene que avanzar hacia ella, como se nada desde la superficie hasta las aguas profundas. La meditación es un cambio en el campo de percepción. Es mirar o percibir más allá de nuestro mundo finito inmediato. Para llegar a esa gran percepción, se requiere una transición de la conciencia.

Un místico alemán del Siglo XVII dijo: "Es en la parte suprema del alma donde tiene lugar la expe­riencia mística: es en aquella parte del alma que ninguna pasión puede alcanzar". Con esto quiso decir que no podemos percibir con nuestros senti dos objetivos las vibraciones de frecuencias muy elevadas que se generan en lo más recóndito de nuestro ser, o sea, en la conciencia superior.

Tal como lo explicáramos antes, cuando contem plamos usamos experiencias que originalmente reci­bimos a través de nuestras facultades objetivas: se produce cierta unidad entre las dos fases de la mente. Así también, la meditación integra a la conciencia, es decir, une sus fases inferiores con las fases supe riores.

Si no se produjera esta unidad, nunca podríamos recordar las impresiones psíquicas, cósmicas, que recibimos en los niveles superiores de la conciencia. No habría manera de poder trasmitirlas al nivel inferior, al estado objetivo. Mientras uno no pueda rememorar en su estado normal los resultados de la experiencia obtenida en esos contactos cósmi cos (como sucede con la inspiración y la ilumi nación) el estado místico no será completo.

El objetivo tradicional de todo místico es lograr unirse con Dios o con el Cósmico. Puesto que cada parte de nuestro ser (toda nuestra estructura orgánica y los procesos de nuestra mente) es producto de una ley cósmica, resulta obvio que ya existe esa unión. Sin embargo, mientras el ser, mientrasusted no la perciba, no obtendrá ningún placer divino de ella.

Si no siente esa unión, sería semejante a entregar una llave a un hombre y decirle: "Esta llave te servirá para abrir el cofre del tesoro". Mientras no tenga en su poder el cofre para poder sacar el tesoro, no podrá disfrutar de éste.

Quedamos en que la meditación es una forma de trasmutar la conciencia. Es avanzar de un nivel de conciencia a otro. Es discernir personalmente la plétora, la plenitud de nuestro ser.

Podríamos decir que la meditación es semejante a escalar una montaña hasta llegar a la cima. Desde allí podemos contemplar una vasta extensión que no podríamos ver desde la base de la montaña. San Agustín dijo, refiriéndose a la meditación, que es "el ojo místico del alma".

Muchos místicos han afir mado que la meditación permite escaparse del mundo de todos los días e incluso escaparse del ser. En sus doctrinas han expuesto que, durante la medi tación, el ser se empequeñece hasta que al final no tiene realidad, hasta que ya no existe. Dionisio el Areopagita dijo: "En la meditación se dejan atrás ambos sentidos: las actividades intelectuales, y todas las cosas conocidas por los sentidos y el intelecto

No obstante, los Rosacruces tenemos un con cepto diferente, pues opinamos que nunca podemos apartarnos por completo del ser. No podemos evadirlo. Si lo hiciéramos, no percibiríamos la unión mística. El ser debe existir para poder unirse con el Cósmico. A medida que en la meditación el ser avanza paso a paso, nivel tras nivel de la escala de la conciencia, asume diferentes aspectos o diversas características.

El ser se va despojando de las sensaciones objetivas, va eliminando las cualidades normales externas, entre ellas el tiempo y el espacio, y cualesquiera otras nociones objetivas. El ser llega a un estado para el cual no existen términos que pudieran describirlo objetivamente. Es por eso que algunos místicos de antaño pensaron que en la meditación el ser quedaba eliminado, sólo porque pierde las características que le son conocidas.

En este ascenso a través de los niveles de la con ciencia, el ser cambia de la misma manera que cam­bia una bellota al convertirse en un poderoso roble. Sin embargo, así como la esencia de la bellota con tinúa viviendo en el roble, así también el ser con serva su esencia en todos los niveles de conciencia que se alcanzan en la meditación. En su recién encon trada libertad, el ser deja atrás sus viejas característi cas.

Un antiguo místico dijo acerca de esto: "Una araña que asciende por su hilo va obteniendo más espacio libre. De la misma manera, en la meditación se obtiene independencia". Cada nivel de conciencia produce un fenómeno diferente, una experiencia característica de la frecuencia vibratoria a la cual vamos llegando. En un nivel experimentamos sole dad; en otro, un silencio místico; y en otro más, una inmensa armonía.

Cada una de estas experiencias resultantes de la meditación tiene un efecto perdu rable en todo nuestro ser. A medida que el ser avanza, va armonizando una fase de conciencia con otra, entretejiéndolas cual si fuesen hilos de plata. Esa unión da por resultado un rejuvenecimiento de todo el organismo humano.

El último y más elevado nivel al que se llega es conocido con el nombre de Conciencia Cósmica: se alcanza una vez que el hombre percibe su unidad con el Absoluto, con todo lo que existe y, no obstante, para él nada tiene una naturaleza individual. Se per ciben todas las cosas, pero ninguna en particular.

Así pues, la ciencia del misticismo reside en ana lizar las diferentes formas como podemos aplicar nuestra conciencia personal. La ciencia del misti cismo nos revela qué necesitamos para alcanzar la plenitud de nuestra naturaleza Divina. En las enseñan zas Rosacruces se presenta esta ciencia en todos sus aspectos, tanto los prácticos como los útiles. La experiencia mística es práctica, porque da como resultado la expansión de las oportunidades de la vida.